El fabuloso destino de Amélie

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Amélie Nothomb "Pétronille" (Bs. As., Anagrama, 2016, 152 págs.)

"La embriaguez no se improvisa"
. Por eso la escritora Amélie Nothomb, dispuesta a conocer los poderes del alcohol, decide vaciarse, ayunar, y luego beber a vasos una botella de champán. La experiencia le parece alucinante. "Aquel brebaje provocaba estupendas visiones". Pero ese viaje no era para hacerlo en solitario, había que compartirlo. Decide entonces buscar a alguien que la acompañe en sus correrías etílicas. Pero la embriaguez que busca no es la que proclama. Es una que va dejando que el lector entrevea, y que puede no querer ver.

Cuando la escritora belga, nacida en Japón, explicó que lo que la llevó a escribir dijo que "muy pocas novelas exploran la amistad entre las mujeres", estaba dando pistas sobre el contenido confesional de esta novela, que como la mayoría de las de Nothomb surgen de su historia personal, de su vida y de la vida de personas cercanas a ella. Por lo tanto el libro no va a contar de borracheras como las de Malcom Lowry en "Bajo el volcán" o las de Joseph Roth en "Leyenda del santo bebedor", o las que están en "El que tiene sed" de Abelardo Castillo o en "Desde la séptima tiniebla" de Teresa Gondra, llevada al cine por Fernando Ayala como "Desde el abismo".

No se trata de contar los padecimientos de borrachos famosos como Catulo o Poe, Dostoievski o Dylan Thomas. Es apenas una justificación narrativa para un encuentro. Y el encuentro se produce cuando Nothomb está en una librería barrial firmando su libro "El sabotaje amoroso", el segundo que escribe, y aparece quien piensa que es un muchachito quinceañero, y resulta ser Pétronille, una chica veinteañera, una lectora con la que se carteaba desde hacía un tiempo. La espiral de acercamiento termina en un bar, bebiendo champán. Se vuelven intimas amigas, cada vez más íntimas.

En la autora crece "esa extraña forma de amor tan misteriosa y peligrosa y en la que siempre se nos escapa todo lo que está en juego: la amistad". A la aristocrática Nothomb le molesta la conducta de Pétronille, "es la de un muchachito de barrio bajo" que le recuerda el retrato de Christopher Marlowe, dramaturgo en el que Pétronille se ha especializado en su carrera de Letras. Se separan. Se vuelven a reencontrar cuando Pétronille publica su primera novela. Es la segunda etapa de la "amistad". Nothomb es una escritora famosa internacional, una "best seller de calidad", que lleva escritas 23 novelas. Tiene un estilo fascinante, fácil, entretenido, que mezcla lo superficial con lo profundo, y a cada rato suelta chispazos humorísticos, deliciosas ironías. Por más que la ayuda, Pétronille que logra publicar novela tras novela no logra salir de la pobreza, le grita. "¿Sabes que eres una de las rarísimas privilegiadas que pueden vivir de su pluma? Sólo lo consigue el uno por ciento de los escritores publicados. ¡El uno por ciento!". Y ella le contesta: "es el oficio má hermoso del mundo. No pretenderás que además sea fácil". Es sencillo deducir hacia donde se encamina esa amistad, que en el caso de Nothomb se ha convertido en amor. Y es por ese amor que el final de la historia concluye de un modo onírico, en una forma que pasa del realismo confesional a la literatura fantástica. Acaso para transformar la melancolía en una irónica, poética e imposible metáfora.

El personaje de Pétronille está basado en Stéphanie Hochet, periodista, especialista en teatro isabelino y novelista. En su libro, Nothomb, cambiando los títulos, elogia las obras de Hochet, y le dedica cariñosas alabanzas. Por el medio hace críticas del mundo editorial, comenta el mundo de los escritores, relata sarcásticamente la entrevista periodística que realiza a la británica diseñadora punk Vivienne Westwood, entre muchos entretenidos asuntos que llevan a no dejar de leer. Pretende ser una autoficción, pero para muchos franceses fue una audacia, un libro inesperado de una autora aclamada.

Máximo Soto

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