2 de enero 2009 - 00:00

El FMI debería regular la intervención estatal

Dominique Strauss-Kahn, director ejecutivo del FMI, señaló recientemente que en los hechos no se ha concretado la profunda reforma de la regulación financiera solicitada por los países integrantes de la cumbre del G-20.
La prioridad recomienda que se acrecienten sus responsabilidades y poderes para que pueda desempeñar un rol de control, señalar las estructuras demasiado débiles y los mecanismos peligrosos como aquellos que condujeron a la crisis actual.
La violencia de los sacudones vividos tiene por lo menos el mérito de que el G-20 haya propuesto regular las operaciones del mercado y a todos los operadores financieros que tienen un rol sistémico, así como también someter a una «supervisión estrecha» a los centros transnacionales (off shore), a las agencias de calificación y a los fondos especulativos.
Ha sido reconocida como una falta crucial del sistema financiero internacional la carencia de una instancia central de vigilancia capaz de supervisar a los actores financieros, y no ser un centro de observación dotado para detectar las burbujas especulativas.
El nuevo rol del FMI es convertirse en el centro del sistema que calibre con sangre fría las intervenciones públicas, y al cual, los otros actores deben responderle en cooperación para lograr la estabilidad financiera. El Fondo tiene grandes responsabilidades y ellas se van a acrecentar aún más. En consecuencia, es normal que los gobiernos se impliquen más políticamente en esta institución.
Una responsabilidad de tipo político, y que no puede ser confiada únicamente a los técnicos, es la de vigilar que los comportamientos de los mercados estén de acuerdo con las normas que rigen la salud financiera indiscutible. No pocos desean que se cambie el modelo actual de gobierno para que la instancia final de decisión no sea más tecnocrática como hoy sino política.
Balances
Michel Camdessus, ex director del FMI recuerda que «ése fue el objetivo de la creación del 'college' previsto por sus estatutos en 1976 en los acuerdos de Jamaica, pero casi olvidado después».
Los países deberán consagrarse, inclusive si es complejo, a un trabajo de reestructuración del capital y del Consejo de Administración del FMI. En las presentes circunstancias, ese trastocamiento de las estructuras de poder en el seno del Fondo sería particularmente aconsejable.
Balances precisos, rigurosos y perfectamente transparentes son la base indispensable de la actividad financiera. Se trata de lograr que las normas contables reflejen la realidad de las actividades bancarias y no sucumban a un exceso de ambición. Concretamente, reflexionar con respecto al justo valor de los instrumentos financieros. La crisis demuestra claramente que se impone a las autoridades un llamado a la imaginación a fin de crear una norma contable mundial de alta calidad para la valuación de los activos.
La volatilidad a la cual estamos confrontados deja pensar que las instrucciones contables repercuten notoriamente en materia de incitaciones financieras, y han podido tener un impacto no despreciable en la estrategia de los bancos.

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