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El general que encalló la nave en “Caosistán”
En la Casa Blanca, el general siempre fue conocido por encarar los problemas de frente. Sólo llevaba un par de semanas en el puesto cuando el especialista en operaciones secretas advirtió en un discurso en el otoño de 2009 de un «Caosistán», haciendo un juego de palabras. Además, calificó la estrategia antiterrorista favorita del vicepresidente Joe Biden como «corta de vista».
Ello desató un encuentro cargado de tensión con el presidente estadounidense, Barack Obama. Pero McChrystal conservó entonces su trabajo porque había demasiado en juego en Afganistán. Sin embargo, tras el perfil del militar que publicará la revista estadounidense Rolling Stone el viernes, muchos en Wa-shington creen que es sólo una cuestión de tiempo que el general de cuatro estrellas tenga que despedirse de su cargo.
Obama está «furioso», informaban ayer medios estadounidenses. Tanto que McChrystal, como si se tratara de un joven escolar, fue convocado en la Casa Blanca el mismo miércoles «para explicar los comentarios».
Al menos en lo que respecta a la guerra en la zona, hace tiempo que las cosas no están en el mejor momento: hace algunos días, una ofensiva prevista para el verano con el fin de expulsar a los talibanes en la provincia sureña de Kandahar tuvo que posponerse. «Es más importante hacerlo bien que hacerlo rápido», explicó entonces el jefe de la ISAF, McChrystal. «Creo que irá más lento de lo que habíamos planeado».
Y el general estaba bajo una inmensa presión porque Obama quiere comenzar en julio de 2011 el retiro de las tropas del país. Los medios estadounidenses se plantean con cada vez mayor frecuencia si ese plazo no es demasiado ingenuo. Entonces, el hombre con rasgos angulosos que sólo come una vez al día fue presionado casi como si de un arma milagrosa se tratara para sacar del fango los carros de combate del país asiático. El secretario de Defensa, Robert Gates, explicó en su momento la elección de McChrystal alegando su contemplación del problema «con nuevos ojos» y justificando la destitución del entonces comandante supremo, David McKiernan, porque sus métodos eran «demasiados convencionales».
La mayoría de lo que hizo en su carrera de más de 30 años -tras su salida de la academia militar de elite de West Point- está clasificado como secreto. Fue jefe de todas las operaciones especiales en Irak, y los comandos que dirigió encontraron a Sadam Husein y mataron en 2006 al líder de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al Sarkawi. La mayoría de las operaciones tenían lugar de noche.
Pero el descripto por muchos como un corredor de maratones adicto al trabajo e intelectual militar, que escuchaba libros leídos en su IPod durante sus entrenamientos, también ocupaba su puesto durante el día.
Quizá la frustración de McChrystal y de sus asesores se agudizó al ver que se alejaban sus propios pronósticos sobre el transcurso de la guerra en Afganistán. En otoño de 2009 predijo que en doce meses se tomaría claramente la delantera a la insurgencia. «Y hasta el verano de 2011 al pueblo afgano le quedará claro que la insurgencia no vencerá». Algo que, sin embargo, en estos momentos parece más que cuestionable.
Agencia DPA


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