Dos premios Goya, no uno, ganó la Argentina el sábado, en la ceremonia de la Academia de Cine de España. El más notorio, Mejor Film Iberoamericano, fue para el favorito “Argentina, 1985”. Lo recibieron Peter Lanzani y los productores Agustina Llambi-Campbell y Federico Posternak (quien agradeció “a Leo Messi, que nos hizo muy felices a los argentinos”). Este es el tercer premio que “Argentina, 1985” ha ganado en España (los anteriores fueron el del Público en San Sebastián y el Forqué, de la industria del cine) y el 14° que gana en su camino hacia el Oscar.
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El Goya honró a Saura, y la Argentina se llevó dos premios
En cuanto al segundo Goya, que pasó casi inadvertido, se trata de “Loop”, un dibujo humorístico simpático e ingenioso, que recibió el premio al Mejor Corto de Animación (y es el quinto que gana a nivel internacional). Su autor, Pablo Poliedri, se mueve en el mundo de la publicidad y hace sus dibujos solo por el placer de hacerlos. Se pueden ver en su página sin problemas. El sábado agradecieron Poliedri, descubriendo su tonada argentina, y el coproductor español Iván Miñambres, que también tuvo festejo doble, porque su “Unicorn Wars”, singular bizarrada vista aquí en el Buenos Aires Rojo Sangre, ganó el Goya a Mejor Largo de Animación.
A destacar, del resto de la noche, el triunfo del drama rural “As bestas”, de Rodrigo Sorogoyen (9 Goyas, incluyendo los principales), “Modelo 77” (5, todos técnicos), “Cinco lobitos” (3), “Cerdita”, “Un año, una noche” y otros, el fiasco de “Alcarrás”, que con 11 nominaciones se fue con las manos vacías; el agasajo a Juliette Binoche, los acertados y aceitados monólogos del conductor Antonio de la Torre y Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia, la civilizada presencia de los principales líderes del gobierno y de la oposición, y, sobre todo, el homenaje a Carlos Saura, que murió justo un día antes de recibir el Goya de Honor a su trayectoria. En su nombre, y en un momento de pura y noble emoción, lo recibieron su viuda, su hijo mayor y su hija menor.
Ahora el gobierno español le otorgará, post mortem, la Gran Cruz de la Orden Civil del rey Alfonso X el Sabio, tardío reconocimiento al artista que se jugó con sus películas alegóricas bajo el régimen franquista, e impulsó la renovación del cine español y mundial, con obras como “La prima Angélica”, de tremenda emoción e incisiva reflexión humanísta, y brindó además preciosas antologías musicales. Dos de ellas las hizo aquí, en coproducción: “Tango”, que fue candidata al Oscar por Argentina (1998, fotografía Vittorio Storaro) y “Zonda: folklore argentino” (2015, fotografía Chango Monti). Antes hizo aquí unos episodios de la serie televisiva “Cuentos de Borges”, 1992, que sería bueno rescatar.
En números, Saura hizo 50 películas, desde el corto “Cuenca”, 1958, hasta “Las paredes hablan”, un viaje por las cuevas de Altamira hasta los graffiti contemporáneos, que rodó cuando ya tenía 90 años cumplidos. Algunos títulos de sus diversas etapas e inquietudes: “Peppermint Frappé”, “El jardín de las delicias”, el díptico “Ana y los lobos” y “Mamá cumple cien años”, “La prima Angélica”, bellísima, y “Cría cuervos”, ambas con la entonces niña Ana Torrent, la trilogía con el bailarín Antonio Gades “Bodas de sangre”, “Carmen” y “El amor brujo”, el intenso retrato de San Juan de la Cruz en “La noche oscura”, los musicales “Sevillanas”, “Flamenco”, “Iberia”, “Fados”, el popular “¡Ay, Carmela!”, la libre evocación de su maestro en “Buñuel y la mesa del rey Salomón”. Dicho sea de paso, ambos eran aragoneses, antifranquistas, y geniales, en el viejo sentido de la palabra. Hay otras, también buenas, y otras más, no tan buenas pero igualmente respetables. En lo personal, tuvo un hermano pintor, también valioso, cuatro esposas, incluyendo las actrices Geraldine Chaplin y Eulalia Ramón, hoy su viuda, siete hijos, nietos y bisnietos.


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