30 de marzo 2015 - 00:00

El huevo de la serpiente de la intolerancia

Muñecos de Lula da Silva y Dilma Rousseff colgados, ataques incendiarios a sedes partidarias, pedidos de golpe de Estado... Aunque las protestas recientes en Brasil fueron pacíficas en su enorme mayoría, preocupa una tendencia de violencia creciente.
Muñecos de Lula da Silva y Dilma Rousseff colgados, ataques incendiarios a sedes partidarias, pedidos de golpe de Estado... Aunque las protestas recientes en Brasil fueron pacíficas en su enorme mayoría, preocupa una tendencia de violencia creciente.
Brasilia - El 15 de marzo, la noticia de la explosión de una bomba molotov en la sede de la oficina del Partido de los Trabajadores en Jundiaí (San Pablo) fue tragada por la caudalosa cobertura de las manifestaciones contra la presidenta Dilma Rousseff.

En la madruga del miércoles, otra bomba artesanal fue arrojada contra la dirección del PT para el municipio de San Pablo.

No importa de quién fue la mano que tiró las bombas molotov contra las oficinas del PT. Y si no fueran del PT, sino de otros partidos, tendrían la misma gravedad.

Este germen de violencia, que estaba hibernando desde el final de la dictadura, fue reactivado por todos los que en los últimos tiempos se esforzaron para descalificar la política. Por todos los que instigaron el odio y la intolerancia contra el PT, dirigiendo hacia la agrupación oficialista las frustraciones con un sistema que el partido no creó, aunque en verdad no haya conseguido escapar de sus tentáculos.

Estamos rompiendo el huevo de la serpiente de la intolerancia, dijeron muchos.

La cobertura de las protestas en las que se ahorcaron muñecos con las figuras de Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva, en las que desfilaron cruces esvásticas y se estigmatizó a beneficiarios de planes sociales, en las que se pidió el regreso de la dictadura y de los militares, ayudó mucho a calentar el nido.

La Operación Lava Jato ("lavado a chorro"), con investigaciones selectivas, mirando al PT y evitando a otras agrupaciones, también contribuyo al fermento.

La postura rabiosa de la oposición y la ambivalencia del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el que más oposición hace al Gobierno, son otros de los ingredientes. También el PT instigó al "nosotros contra ellos" en la campaña del año pasado.

En este caldo de cultivo para la intolerancia es que se están criando en San Pablo, la tierra del odio más vivo al PT, estos aprendices de terroristas. Sí, sin exagerar, el nombre es ése, según definiciones académicas y de sentido común.

Agencia Brasil 247

Dejá tu comentario