“El loco y la camisa”: un creíble cuadro de familia

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"El loco y la camisa". Dramaturg. y Dir.: N. Valente. Int.: Banfield Teatro Ensamble. Dis. Esc.: L. Stechina. (Teatro "Picadero")

La experiencia cotidiana indica que no hay familia sin disfuncionalidad, ni paraíso hogareño que asegure el desarrollo de sus integrantes en un marco de confianza y contención como pretenden los spots publicitarios. Por debajo de las alfombras prosperan los secretos y mentiras, el maltrato y la represión. Rasgos que de algún modo explican por qué un tema tan peliagudo y del que tanto cuesta hablar- se ha convertido, desde hace un par de décadas, en la principal obsesión del teatro argentino.

"El loco y la camisa", de Nelson Valente comparte con "La omisión de la familia Coleman", de Claudio Tolcachir (actualmente en el Paseo La Plaza), el privilegio de haber generado una extraordinaria identificación en el público local y de otras latitudes con sus respectivas representaciones de un hogar a punto de estallar. Ambos espectáculos se valen del humor para exponer los conflictos y estereotipos de una familia como si estuvieran contaminados por el germen de la locura.

La pieza de Valente -estrenada hace cinco años en su sala de Lomas de Zamora- se acerca más al naturalismo con su minucioso y asequible retrato de un hogar de clase media afectado por un caso psiquiátrico. Con la salvedad de que el enfermo en cuestión funciona como depositario de las ansiedades y problemas del grupo familiar y es el más lúcido de sus integrantes.

Beto (Julián Paz Figueira) ronda los veintipico y padece algunos trastornos psiquiátricos que le impiden insertarse socialmente. Y a la vez maneja una lógica demoledora que al combinarse con algunos raptos de delirio deriva en una conducta inadaptada. Beto se conduce como un niño rebelde e irascible que dice lo que piensa sin filtro alguno.

Cuando las tensiones aumentan, primero por el adulterio del padre (que éste niega con una excusa inverosímil) y luego por la aparición del novio de su hermana, un abogado inescrupuloso y de perfil maltratador, Beto se lanza contra todos cual héroe justiciero. También asume su rol de portavoz denunciando lo que los demás callan: la violencia e hipocresía de su padre (Ricardo Larrama), el sometimiento de su madre (Lide Uranga), la necesidad de fuga de su hermana (Soledad Bautista) y la agresiva impostura de su futuro cuñado (José Pablo Suárez).

La puesta brilla particularmente en sus diálogos tan graciosos como fulminantes-, mientras que la elaborada interacción de todo el elenco consigue que la acción transcurra en un clima de creciente opresión, casi a tiempo real y como todo si sucediera en el aquí y ahora.

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