28 de diciembre 2010 - 00:00

El Malba y el Mamba acaparan la escena del arte porteño

«Arbol de cuadros» de Magdalena Jitrik, una de las 44 obras que ingresaron al Malba a través del programa «Adquisiciones, donaciones y comodatos». El Museo de Arte Moderno, en tanto, inauguró el primer tramo de su demoradísima remodelación.
«Arbol de cuadros» de Magdalena Jitrik, una de las 44 obras que ingresaron al Malba a través del programa «Adquisiciones, donaciones y comodatos». El Museo de Arte Moderno, en tanto, inauguró el primer tramo de su demoradísima remodelación.
Al culminar el año 2010 dos museos (del griego mouseîon, el lugar de las musas) acapararon la mayor atención. No es extraño, dado que el poder de estas instituciones se acrecienta. Espacios de consagración artística por excelencia, los museos convalidan hoy con su prestigio posiciones en el mercado; son los territorios donde se escribe la historia y donde libran sus batallas quienes tejen y destejen la gloria de los artistas. Si en sus orígenes los museos fueron sitios de contemplación y reflexión, vedados para el común de la gente que sólo accedía a las colecciones del Vaticano una vez al año, hoy los templos de las musas se convirtieron en romerías.

En Buenos Aires la actividad mantuvo un ritmo agitado hasta el último día del año. El Malba presentó las 44 obras que ingresaron a la colección a través del programa «Adquisiciones, donaciones y comodatos». El conjunto está integrado por los artistas Sergio Avello (con «Volumen», la obra de la explanada de ingreso), Adriana Bustos, Alejandro Cesarco, Nicola Costantino, Guillermo Deisler, Facundo De Zuviría, Lucio Dorr, Alberto Goldenstein, Víctor Grippo, Graciela Hasper, Magdalena Jitrik, Sameer Makarius, Liliana Maresca, Matilde Marín, José Carlos Martinat, Juan Melé, Liliana Porter, Miguel Rothschild, Omar Schiliro, Rosana Schoijett, Alejandra Seeber, Horacio Zabala.

Las obras se exhibirán hasta abril, junto con la convocante muestra de Marta Minujín. La diva del Pop ha permanecido tan cerca de todos en el ambiente del arte, que apenas si se repara en su gloriosa trayectoria nacional e internacional, cuyos hitos registra la exhibición del Malba. De hecho, la propia artista tiene a su cargo algunas visitas guiadas (el 9 y 16 de enero a las 18 horas).

Por su parte, con objetivos claros, Eduardo Costantini señaló que en siete años, el Programa sumó más de 300 obras de arte moderno y contemporáneo, local y regional. Agregó que la meta hacia el futuro del Malba es comprometerse más activamente con la adquisición de obras de artistas latinoamericanos y focalizar la atención en determinados argentinos. Cabe aclarar que el mayor aporte financiero para ampliar la colección no es de los artistas (acostumbrados a regalar sus trabajos), sino de los Amigos del Malba.

Entretanto, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, cerrado durante cinco largos años, inauguró el primer tramo de la gran obra de remodelación y ampliación que incluye dos grandes salas de exposiciones, entre otras dependencias. Así se reabren, de a poco, las puertas que nunca deberían haberse cerrado del todo. El ministro de Cultura, Hernán Lombardi, observó: «El Mamba dejó de ser un museo fantasma y su corazón vuelve a palpitar en San Telmo. Nos comprometimos a abrirlo y estamos orgullosos de haber cumplido». El jefe de Gobierno, Mauricio Macri, confirmó: «Esta iniciativa lleva años de espera y hoy estamos cumpliendo con la palabra empeñada».

Finalmente, el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chain, destacó que en 2010 se reabrieron el Teatro Colón (completo) y el Mamba (apenas 3.000 metros de sus más de 11.000). Aclaró que obras como la del Museo pueden transformar barrios postergados e impactar «sobre los indicadores económicos, generando más empleo y más oportunidades».

Desde luego, una institución cultural de la magnitud del Mamba, no sólo debería afectar social y económicamente un barrio que nunca alcanzó el status que soñaron los inversores inmobiliarios sino, además, mejorar la vida de la gente y convertirse en un centro difusor del arte moderno y contemporáneo.

Es cierto que la Fundación Proa de La Boca, los museos de Arte Moderno y el Cine, la Colección Fortabat y el Museo de la Aduana Taylor, forman un corredor cultural que tarde o temprano repercutirá en la valoración de la zona. Pero mientras las cotizaciones inmobiliarias aumentan a paso lento, las del arte abstracto, que hasta ayer con el Mamba cerrado se mantenían casi en suspenso, se legitiman hoy a través de la exhibición «El imaginario de Ignacio Pirovano», curada con sabiduría por Cecilia Rabossi.

La muestra exhibe en parte la Colección Pirovano y la del Mamba, y apunta a jerarquizar a nuestros artistas locales, al colocarlos en el mismo rango de extranjeros como Klee, Vasarely, Georges Vantongerloo, Gino Severini, Kandinsky, Matisse, Mondrian, Herbin, Joseph Albers o Sonia Delaunay, entre otros. Vale la pena observar que junto a estas firmas hay figuras ya consagradas y otras casi desconocidas para el gran público, por falta de difusión. Arden Quin, Martín Blaszko, Marta Boto, Ary Brizzi, Eugenia Crenovich, Del Prete, Hugo Demarco, Armando Durante, Manuel Espinosa, Obdulio Giudici, Alberto Greco, Alfredo Hlito, Enio Iommi, Kenneth Kemble, Gyula Kosice, Le Parc, Raúl Lozza, Mac Entyre, Tomás Maldonado, María Martorell, Aldo Paparella, Rogelio Polesello, Mario Pucciarelli, Emilio Renart, Jorge Roiger, Eduardo Sabelli, Sibelino, Carlos Silva, Carlos; Tomás Towas, Vardanega, Vidal, Vitullo y Luis Wells, completan, entre otros, este variado conjunto.

Lo cierto es que luego de su espectacular apertura, el Mamba puso sobre el tapete un tema crucial: las funciones que debe cumplir un museo. Para comenzar, las más de siete mil obras del patrimonio, no pueden permanecer guardadas durante años, porque fueron donadas y aceptadas para exhibirlas, no para mandarlas derecho al depósito y continuar pidiendo donaciones.

Pero, como si no quedara un solo minuto que perder, el Ministerio de Cultura ha puesto por escrito sus ambiciosas aspiraciones y las detalla con toda precisión. Bajo el título «La Misión del Mamba» figura «diseñar, administrar, programar, difundir, promover y relacionar el arte moderno y contemporáneo. [.] contribuir al desarrollo educativo y cultural de los ciudadanos mediante la preservación, documentación, investigación, protección, conservación, promoción y difusión de su patrimonio artístico, exponiéndolo en el contexto de la historia del arte desde múltiples perspectivas, reforzando conocimientos y reafirmando los valores culturales que forman nuestra identidad, promoviendo los nuevos lenguajes artísticos entre una audiencia amplia y diversa». Es decir, de aquí en más y con cierta urgencia se demanda, por primera vez en años «planificar la gestión, estableciendo metas, elaborando programas, desarrollando pronósticos y estimaciones».

El plan político va desde lo básico, «generar un museo vivo, dinámico, con capacidad de adaptación y de involucrar todas las formas de expresión artísticas», hasta favorecer «la inclusión social», pasando por la complejidad de generar «argumentos y contra-argumentos, a través de la diversidad expresiva de su patrimonio». Finalmente: ¿quién puede predecir el futuro? Acaso la más pasiva de las instituciones culturales porteñas nos depare este año una sorpresa.

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