1 de septiembre 2015 - 00:00

El MAMBA exhibe un centenar de obras de la década del 60

Entre otros motivos de interés, la muestra del Museo de Arte Moderno reúne obras de celebridades como Antonio Berni (izquierda) y de artistas escasamente conocidos como Emilio Renart (derecha).
Entre otros motivos de interés, la muestra del Museo de Arte Moderno reúne obras de celebridades como Antonio Berni (izquierda) y de artistas escasamente conocidos como Emilio Renart (derecha).
 Vale la pena llegar hasta la calle San Juan para recorrer la exhibición "La paradoja en el centro. Colección del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: Ritmos de la materia en el arte argentino de los 60". La muestra resulta importante por varios motivos. Para comenzar, por la visibilidad que le brinda a varias obras cumbre que permanecieron ocultas durante años. Luego, por el interés que suscita el enfoque del curador Javier Villa, centrado en un período muy preciso: los años que van desde 1959 hasta 1967, con un antes y un después. Así, 130 obras que fuerzan los límites de la estética tradicional, aparecen ubicadas en su contexto histórico.

Cambian en ese tiempo las ideas sobre qué es el arte y cuál es su sentido, y cambia también la materia que lo constituye. Aparecen entonces en escena los impulsos espontáneos y los gestos rupturistas, mientras las obras se vuelven ásperas, desgarradas o, sencillamente, distintas. La materia, como observa Umberto Eco, pasa a configurar "no solamente el cuerpo de la obra, sino también su fin".

Una pintura de la serie de los tajos de Lucio Fontana abre la muestra. Las heridas que Fontana comienza a infligirle a sus lienzos a partir del año 1958, revelan de modo ostensible la tesis que doce años antes sostenía junto a sus alumnos en el Manifiesto Blanco, donde dice: "La era artística de los colores y las formas paralíticas toca su fin". Tesis que, acentuada, se percibe a lo largo de toda la muestra.

El antecedente de Fontana es Pettoruti. Al referirse a uno de sus soles, Javier Villa señala que el artista "solidifica la luz". En este territorio están Raúl Lozza, con sus geometrías superpuestas en un cuadro de 1948; Carmelo Arden Quin, con el marco recortado, y Alfredo Hlito y Tomás Maldonado.

Las obras de Alberto Greco, Aldo Paparella y Emilio Renart, profundizan un cambio de sensibilidad. De inmediato se percibe una abrupta revolución estilística. El tema de la exposición es la materia y la pintura de Greco exhibe la textura y la densidad gomosa del esmalte sintético incorporado al óleo. El metal de la escultura de Paparella es brillante y plateado, pero está martirizado, golpeado y arrugado como un papel que no ofrece resistencia. El erotismo de un dibujo de Renart se intensifica con los pelos que rodean el sexo y, a la vez, tornan casi abstracta la obra.

En el texto de presentación de la muestra, el teórico Marcelo Pacheco, asesor del Patrimonio del MAMBA desde hace apenas unos días, advierte: "Aunque se la sienta fluir, hay varios accidentes que perforan la topografía de 'La paradoja en el centro', hay que caminarla con cuidado, hasta quizás prevenido, porque encierra el vértigo de la caída de un paradigma artístico hacia otro mundo sin reglas y poco predecible sin asumir más la mandante histórica. La apertura del arte que ya no se parece al arte, del arte contemporáneo donde todo es posible y donde los modelos autorreferentes de la modernidad desaparecieron y fueron reemplazados por libertades hasta entonces inusuales".

Allí están las obras de Kenneth Kemble, uno de los padres más combativos del movimiento informalista y del arte destructivo. Él mismo definía sus materiales toscos y vulgares (cartones, trapos, chapas) como "una porquería". En la sala hay una mesita de café destinada a albergar el manifiesto del "Arte destructivo" (1961) y, también está la documentación de la muestra de objetos destruidos de Kemble junto a Luis Alberto Wells y otros artistas en la Galería Lirolay.

En ese espacio se divisa la foto de grandes dimensiones que muestra a Greco el 12 de marzo de 1962, el día de su primera acción de Arte Vivo en las calles de París. Greco dibujó y firmó con tiza un círculo en la vereda y adentro lo encerró a Alberto Heredia. El arte se confundía finalmente con la vida.

Desde el techo de la sala cuelga una "Cosa" de Rubén Santantonin realizada con materiales paupérrimos; en las paredes sobresalen los altorrelieves de Emilio Renart, uno de sus paisajes lunares y su primer "Bio-cosmos".

Marta Minujín
figura con "Testimonio para una joven tumba", una obra realizada en 1962 con laca a la piroxilina, cola de carpintero y tiza en polvo sobre tela. Un video la muestra riéndose cuando culminó su beca en París y quemó la producción de tres años en una fogata.

Luis Felipe Noé suele contar que su pintura comenzó a escaparse del límite del cuadro, situación que se percibe en el "Eroticón", pintado en 1965 en Nueva York. El video arte daba sus primeros pasos en el año 1965, cuando Oscar Bony filmó en blanco y negro y 16 milímetros, "El submarino amarillo".

Federico Manuel Peralta Ramos
advirtió que el "arte" tenía un sentido más abarcador que la pintura. En 1965 participó del Premio Instituto Di Tella con un enorme huevo de yeso que terminó contrarreloj y que, acto seguido, entró en actividad y estalló literalmente ante los ojos de todos. La experiencia está documentada, como los "Mandamientos gánicos" y una pintura que dan prueba de su filosofía.

Entre los artistas que avanzaban para superar el lenguaje tradicional de la pintura y la escultura, están Enio Iommi, Margarita Paksa, Liliana Porter, Antonio Trotta, Mario Pucciarelli, Noemí Di Benedetto, Jorge Roiger, Rómulo Macció, Jorge de la Vega y Heredia, además de algunos integrantes del Grupo Sí, como Carlos Pacheco, César Paternosto, Mario Stafforini y Nelson Blanco.

Javier Villa califica a Raquel Forner, Juan Del Prete y Antonio Berni como "trituradores de estilos". Hay en la sala una obra estupenda hecha con arpillera, esmalte sintético y pintura asfáltica: es el "Collage en rojo" (1959) de Juan Del Prete, el primer abstracto argentino. El período informalista y el del arte destructivo fue una breve etapa en la carrera de muchos artistas. No obstante, para otros, fue un momento significativo y liberador. Berni encontró lo suyo en el volumen. Sus pinturas bidimensionales, grabados, xilocollages, ensamblajes y a las construcciones polimatéricas, lo colocan en la actualidad entre los artistas "más innovadores del Siglo XX", como sostiene Marcelo Pacheco. En efecto, en sus obras confluye la técnica y la materia, el tema y el contenido ideológico, para expresar un movilizador mensaje político.

El arte de "La paradoja en el centro" tiene el mérito de poner en la vidriera autores poco conocidos junto a las celebridades que tuvieron mejor suerte. Durante ocho largos años las obras del MAMBA permanecieron en el limbo de un museo cerrado, hasta 2011, justo cuando la Argentina intensificaba su inserción en el circuito internacional. La aceleración de la sociedad actual sepultó a muchos artistas a pesar de su talento, quedaron aplastados entre las 7.000 obras que fueron a parar a los depósitos. Las colecciones públicas no deben permanecer ocultas.

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