23 de noviembre 2012 - 00:00

El maní se suma a la producción bovina

En campos del sur cordobés buscan caminos creativos para hacer coexistir la ganadería con la agricultura.
En campos del sur cordobés buscan caminos creativos para hacer coexistir la ganadería con la agricultura.
Una gran preocupación de los productores del sur de Córdoba es que la ganadería ha sido desplazada a otras regiones a mano de la agricultura, pero además los afecta el hecho de que, por las características de la región, los campos son muy susceptibles a la voladura de suelos por ser muy arenosos, un problema que no es de fácil resolución. Sin embargo, con un poco de ingenio y el acompañamiento de los técnicos ese estado de cosas se puede revertir mediante la práctica de cultivos de cobertura y hasta combinando la producción de maníes con la ganadería.

Ésa fue la experiencia que puso en práctica el establecimiento agropecuario La Perla, de la familia Bossio, una explotación de 350 hectáreas, con 130 dedicadas a la ganadería y 90 implantadas con alfalfa. Este campo, ubicado en Huinca Renancó, en el sur de Córdoba fue el elegido por el IPCVA para la última jornada del año, orientada a la capacitación de productores.

Manejo

El establecimiento históricamente tuvo una invernada de 24 meses, luego paso a una de 18 y a una de 12 meses con alfalfa, verdeos de invierno y suplementación estratégica, que permitió llevar la ganancia diaria a 750 gramos/día.

«Estamos detrás del slogan, más agricultura más ganadería», señaló Carlos Bossio, uno de los propietarios del campo explica, en diálogo con Ambito del Campo: «Veníamos de un porcentaje de agricultura del 25% y el resto ganadería, hoy revertimos es forma de producir, estamos en el 25% de ganadería y el resto agricultura, con la salvedad de que la ganadería, de 500 kg por hectárea ganadera paso a 826 kg. Lo que hicimos fue potenciar la ganadería: con el menor recurso posible hacer lo máximo que se puede», resumió el productor.

«La ganadería se hace a corral al principio, es una recría, y luego pasa a pastoreo de alfalfa con suplementación estratégica. Este año se comenzó a agregar monencina (producto que permite mejorar la eficiencia en la conversión de alimentos en los rumiantes), para mejorar el empaste. La carga por hectárea es de 3,22 cabezas, y en lotes con alfalfa es de 4,66. Tenemos una producción de 826 kg/ha con un aumento diario de peso vivo de 811 gramos, eso arroja una eficiencia de stock del 84%», añadió Bossio.

Para mejorar las características del suelo, con el aporte del INTA, en el establecimiento se comenzó a trabajar con los cultivos de cobertura para controlar el problema de la erosión, porque las partículas de suelo se vuelan y el campo se parece cada vez más a lo que es un médano generando un salto cualitativo en la calidad del suelo para pasar a ser un suelo con poca calidad agrícola.

El maní

La incorporación del maní como cultivo se hizo más por una cuestión financiera, al decidirse arrendar los lotes para esta práctica. Pero antes de su inclusión en la explotación se tuvo en cuenta la preservación de la calidad de los suelos, por ejemplo, a partir de la implantación de centeno que tiene un gran aporte de materia seca.

«Hoy en día los alquileres de maní nos arrojan valores que duplican el margen bruto de un alquiler para agricultura. También hacemos agricultura propia y, si se miran los márgenes brutos, el maní los duplica, además es un cultivo representativo de la zona», aseguró el productor.

Tiene un potencial muy grande en la zona y si cuenta con una buena profundidad en el nivel de la napa freática, con agua dulce, tiene un rendimiento que puede alcanzar a los 8.000 kilos por hectárea, mientras que en una loma puede tener un rendimiento mucho menor que no alcanza a los 2.000 kilos. En resumen la brecha productiva en el campo puede llegar a los 6.000 kilos por efecto de estos sitios específicos.

El campo tiene una rotación de 16 años, con cuatro de alfalfa, ocho de soja, dos de maíz y dos de maíz, con lo cual la frecuencia del maíz es una vez cada ocho años.

Ventajas

José Manuel Cisneros, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, especialista en el manejo de suelos, explicó que la zona de General Cabrera es manicera por excelencia. Allí era muy común este tipo de productor agrícola que tenía vacas, que iba comiendo el rastrojo donde había una complementación entre el sistema ganadero y el agrícola.

El sistema mixto de un campo garantiza una cantidad de cobertura permanente en el suelo, mucho más que el agrícola, evita la erosión y genera una adecuada rotación de los herbicidas, porque las malezas aparecen de distinta manera, entonces el campo rotado permite un control más integrado de los sistemas de maleza. Además las rotaciones posibilitan el control de los ciclos de las enfermedades de los suelos en maní, mucho mejor que los sistemas agrícolas puros. Permite también un adecuado reciclaje de la carencia de nutrientes. Por otra parte, el hecho de compartir un lote con la ganadería implantado con alfalfa posibilita también mejorar la cantidad de nitrógeno suficiente para buena parte del ciclo agrícola posterior a la ganadería.

Otro aspecto importante en los sistemas mixtos es la inestabilidad climática, porque si no hay lluvia, no hay rindes y si no hay rindes no hay rentabilidad. El sistema mixto es diversificado en donde la agricultura financia a la ganadería en ciertos períodos y en otros, la ganadería lo hace con la agricultura, con lo cual el sistema es más sustentable.

Una de las ventajas que aporta el sistema es que la pérdida de productividad se puede recuperar en forma más rápida y con mayor estabilidad en el largo plazo. En los sistemas mixtos los picos de alta y baja rentabilidad están más atenuados, por otra parte el sistema maneja la heterogeneidad. Las tierras marginales se pueden aprovechar de otra manera y se tiende a hacer agricultura y ganadería por ambiente, hay una tendencia a sectorizar los campos. En el caso del maní esto es cada vez más fuerte, si se tiene en cuenta que en La Pampa se está exigiendo la inscripción de los lotes con este cultivo.

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