Una noticia aparentemente irrelevante para los tiempos que corren. El Gobierno cerró en Carolina del Sur un banco que se anota como la 45ª quiebra bancaria en lo que va del año (a esta altura, el año pasado eran 81 los bancos cerrados). Una buena noticia si comparamos con las 140 entidades cerradas en todo 2009 o las 157 de 2010 (el récord desde la crisis de las S&L en 1989), pero no tanto si pensamos que entre 2003 y 2007 se promediaron tan sólo dos quiebras al año. Una noticia más significativa, pero que apunta en el mismo sentido. Cuando Barack Obama asumió la presidencia, la crisis financiera había incrementado la proporción de norteamericanos sin trabajo del 4,5% (1º T de 2007) al 7,7% (enero 2009). Las mentes financieras detrás del nuevo presidente estimaban que en el peor de los casos -si no se hacía nada-, la desocupación llegaría a un inaudito 9% durante el primer semestre de 2010, pero si el Congreso adoptaba el paquete de estímulo que proponía Obama, éste se comprometía a que la desocupación no pasara nunca del 8%. Durante el mes pasado, el número de norteamericanos sin trabajo trepó del 9% al 9,1% (fue el segundo mes consecutivo en suba) y es muy poco probable que caiga debajo del 8,5% a fines de 2012, lo que hará de la próxima elección presidencial la que se encare con el mayor número de personas en la calle desde la Segunda Guerra Mundial (al menos uno de cada seis trabajadores activos tiene hoy serios problemas laborales). Podríamos seguir agregando más y más noticias de este tipo (el Economic Surprise Index del Citi o índice de sorpresas económicas, bajó el viernes a -117,2 puntos, el mínimo desde el 2 de enero de 2009 y cerca del mínimo histórico de 140,6 en diciembre de 2008), pero en el fondo no agregan nada. El Dow se desplomó el viernes un 0,79%, cerrando en 12.151,26 puntos, con lo cual pierde el 2,33% en la quinta semana consecutiva de baja. ¿Hace falta decir mucho más?
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