Ayer mencionábamos que el cierre del Gobierno iba a significar más que nada algunos inconvenientes burocráticos para los ciudadanos comunes. Lo que no comentamos es lo que puede significar para el Estado. Por lo pronto y aunque nada está dicho hasta que sea dicho, la administración Obama ya está preparando un plan de contingencia que incluye el despido de unas 800.000 personas y la suspensión de servicios que van desde el procesamiento de los impuestos, mantenimiento de sitios web, parques nacionales, museos, etc. ¿Qué está en discusión?: magros u$s 7.000 millones. Los republicanos (bajaron en los últimos seis meses su objetivo de reducción del Presupuesto de u$s 60.000 millones a u$s 40.000 millones, mientras los demócratas (que dominan Senado y Ejecutivo) aceptaron achicarlo en u$s 33.000 millones. Más que el dinero, el problema es el destino del dinero que toca tema urticantes, como el aborto y el cuidado del medio ambiente. Confiemos -pero no apostemos- en que predomine la cordura y no la política, y vayamos al mercado. Finalmente, el primer ministro portugués admitió el fracaso de su gestión y solicitó la ayuda de la Comunidad Europea, mientras los inversores comenzaron a posicionarse para la esperada suba de tasas que anunciaría hoy el BCE, apostando a la suba del euro comprando oro y petróleo (récord del año en u$s 108,83 por barril). Con un volumen similar al del martes, el Dow apuntalado por los papeles financieros y la expectativa ante los balances que comienzan a llegar el lunes que viene, trepó un 0,27% a 12.426,75 puntos, mientras el Russell 2000 marcó el máximo de su historia. Es claro que nadie espera que mañana la Fed restrinja el circulante.
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