1 de junio 2015 - 00:00

El mundo se prepara para otro año en el que las Bolsas vivirán en peligro

Stanley Fisher
Stanley Fisher
La maldición de mayo -el Sell in May- no se facturó. Wall Street registró twist y gritos, pero se las arregló para llevarse a casa un avance del 1% y las cucardas de varios récords flamantes. Aun así nadie se siente libre de peligro. Las cotizaciones son muy altas y las perspectivas, borrosas. La economía de EE.UU. se contrajo el 0,7% en el primer trimestre, y la recuperación que despunta no abandona la tibieza. Las ventas brutas de la industria y el comercio -o los ingresos por ventas de las compañías que conforman el S&P500- han dejado de crecer hace rato y, hoy en día, declinan lisa y llanamente. Si esta sequía no castiga a Wall Street es porque vivimos en el mundo de la tasa cero, y mientras dure la "barata", la fe y la esperanza cotizan doble. No obstante, Janet Yellen (y Stanley Fisher y otros) prometieron que nos aguarda el fin de ciclo y una primera suba de tasas antes que se consuma diciembre.

La pregunta obligada es qué decisión tomar. Después de todo, la maldición de mayo es una ruta con cabinas varias para el cobro de peaje hasta su destino natural en noviembre, la Noche de Brujas. Y el camino está regado de baches (en uno de ellos se encajó la actividad económica). Las opiniones son tajantes, tanto como antagónicas. David Stockman -el hombre del presupuesto en los tiempos de Reagan- predice: "Las acciones y los bonos van a estrellarse pronto". El mismísimo Paul Singer -un buitre que recoge los despojos que se producen después de las caídas- adelanta una próxima catástrofe de los bonos. Pero Tom Lee -hasta no hace mucho el estratega de JPMorgan- confía en que las acciones continuarán trepando. El verborrágico Jim Cramer -mánager de fondos y conductor televisivo- piensa que todos hablan de tropiezos y correcciones porque nadie quiere parecer poco avispado. En ese turbión que arrastra pálpitos, visiones e intereses revueltos, Robert Shiller, el profesor de Yale que ganó el Premio Nobel gracias a su experiencia en el terreno, desliza dos o tres verdades de puño. A saber, que hay elementos de burbuja, pero no se trata de una burbuja clásica. No prevalecen expectativas extravagantes de una "nueva era" como sería de manual, sino más bien inseguridades y una gran ansiedad. "A diferencia de 1929, esta vez todo -las acciones, los bonos, y, crecientemente, también los bienes raíces- están sobrevaluados", dice. ¿Y entonces? Así el mercado puede continuar escalando por bastante tiempo. Y recién luego "terminar muy mal". En concreto, ¿padeceremos un ajuste significativo en seis meses o un año? Desde ya que "puede ocurrir". Pero también puede que "no acontezca en los próximos cinco años". La verdad de la academia -desnuda y módica- es que "no tenemos forma de saber cuándo va a pasar". Y quien lo dice anticipó el fin brusco de la exuberancia irracional de 2001 y el estallido de la crisis inmobiliaria de 2007.

En semejante espesura, una divergencia sobresale como un puñal. Mientras Wall Street se encarama en las alturas, las acciones de transporte se desploman. Sell in May? El índice Dow Jones de Transporte se hundió el 3,4% en mayo, pero el declive data de fines de marzo. En lo que va de 2015, la caída alcanza el 9%. Es una clara señal de alerta en el viejo libro de la teoría de Charles Dow. ¿Qué lleva al índice de transporte a viajar a contramano? Basta mirar la data económica para comprobar, sin embargo, que se limita a seguir la dirección del tránsito. Es la Bolsa en alza la que rompe el molde.

Cómo no darle la razón a Mohammed El Erian -exhombre del fondo Pimco- cuando pontifica que nos sorprenderá un "gran pozo de aire" si los fun-damentos, en algún punto, no convalidan las actuales cotizaciones.

Urge pues encender dos grandes velones en la coyuntura. Uno, para que la economía levante pronto la puntería (y vigorice la salud de los negocios). Otro, para que los inversores no se impacienten por la escasez de evidencia favorable, que sigan picoteando las migajas y los récords, y no agoten su tolerancia en la espera.

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