24 de abril 2018 - 07:59

“El país no estaba preparado para las metas de inflación”

• JOAQUÍN COTTANI ES EL ECONOMISTA JEFE PARA LA REGIÓN DE LA AGENCIA STANDARD & POOR'S GLOBAL
No critica el gradualismo porque fue funcionario y entiende el rol de las decisiones políticas. No lo sorprendió el recálculo de las metas de inflación.

Joaquín Cottani
Joaquín Cottani
Joaquín Cottani fue una de las principales espadas de Domingo Cavallo en los 90. Se desempeñó luego como economista jefe en el Banco Mundial y en bancos de Wall Street como Barclays, Citigroup y Lehman Brothers. Hoy lo es para la región en S&P Global. El haber sido funcionario le da otra perspectiva sobre lo que acontece en la economía argentina. Considera que tanto el crecimiento de Brasil como de EE.UU. son una buena noticia para Argentina. No vislumbra ninguna lluvia de inversiones como en los 90 y cruza los dedos que la política no se meta en el proceso de reducción del déficit fiscal. Sostiene que un tipo de cambio más alto facilitaría las cosas.

A continuación, lo más relevante de la entrevista con este diario.

Periodista: ¿Cómo evalúa la economía argentina?

Joaquín Cottani: Hay muchas cosas que se ven con optimismo como todo lo que se está haciendo en la microeconomía, a nivel de infraestructura como en mejores regulaciones. Es una tarea más silenciosa, menos visible pero hay que venir a Argentina para ver cómo se han encaminado las economías regionales y las finanzas provinciales. Pero la macro siempre preocupa porque es difícil y complicada. Desde afuera criticar el gradualismo no es sencillo porque hay que ponerse en el lugar del funcionario, son decisiones políticas. Es obvio que decir que sería más conveniente, por ejemplo, reducir más rápido el déficit fiscal sería lógico, pero para ello hay que avanzar en cosas sensibles como los subsidios al transporte. Pero hoy tenemos un problema estructural que es dentro del gasto y del déficit está el problema previsional. Tenemos una población de 8 millones de jubilados y es muy difícil tener un sistema indexado que sea bancable con impuestos al trabajo y otros de rentas generales, de alguna manera esto restringe la posibilidad de reducir el déficit primario y del gasto público que aumentó tremendamente durante el kirchnerismo, que pasó del 30% al 45% del PBI, es más alto que el de Brasil que es récord en la región e incluso de países avanzados con alta carga tributaria pero con economía del bienestar. El gasto público nacional debe bajar como mínimo 5 puntos del PBI y ahí se resolvería el problema del déficit inmediatamente. Lo que tenemos es un problema de déficit nacional sobre un total de gasto 30% de haber sido 20% en los 90 era +20% del PBI. Pero hay una inflexibilidad total, antes las licuaciones venían por el lado de fuerte devaluación acompañada de inflación y ahora nadie quiere que haya mucha inflación ni devaluación como forma de licuar gastos como en 2002 y encima casi todo el gasto está indexado. Podría bajar en términos de dólar si el dólar se depreciara; si por ejemplo por alguna razón los flujos externos se frenan de golpe podría haber un episodio de devaluación que tendría consecuencias inflacionarias, pero que licuaría el gasto en términos de dólar pero no necesariamente en pesos. No hay soluciones mágicas; hay que seguir insistiendo y cruzar los dedos para que la política no contamine el proceso que es difícil: encauzar economía.

P.: ¿Fue correcto poner metas de inflación antes de hacer los deberes fiscales?

J.C.: Siempre pensé que Argentina no estaba preparada para ir a un régimen de metas de inflación comenzando con tasas de inflación que después de los ajustes iniciales (2016) convergieron a 25% y eso es muy alto. Hubo países como Chile que sistemáticamente y en varios años consiguieron bajar la inflación de esos niveles a menos del 5%, les tomó tiempo pero no había el problema fiscal que tiene Argentina, esto es un condicionamiento que hace difícil bajar la inflación con un programa de metas porque pone toda la carga en las tasas de interés altas que terminan produciendo efectos inmediatos sólo porque aprecian el tipo de cambio y lo sobrevalúan pero generan otros cuellos de botella. Además estaba todo el tema del atraso tarifario. El programa de metas está basado en la credibilidad, en el anclaje de las expectativas, si esto no ocurre sólo se logra reprimiendo alguna variable que puede ser el tipo de cambio.

P.: ¿Cómo tomó el 28-D?

J.C.: No me sorprendió porque se sabía que la meta era incumplible, saliendo del 25% de inflación no era posible. Haber puesto una meta del 15% que suena incumplible es arriesgar de nuevo la credibilidad del BCRA. Ese era el momento para sincerar todo, lo que significaba eliminar los subsidios al transporte. Los anuncios del 28-D dieron la esperanza por el lado de otras cosas como las reformas estructurales, pero desde el punto de vista macro generó más confusión y hoy digamos cambió el humor de los mercados. Por su puesto sigue habiendo interés en prestarle al Gobierno porque aún las condiciones internacionales son de buena liquidez, pero diría que hicieron ruido.

P.: ¿Pasaron dos años y no llegaron las inversiones como en los 90?

J.C.: En los 90 el nivel de gasto público era más bajo, lo que implica que la presión impositiva era menor. Las reformas micro, la desregulación y los costos de producir, aún cuando decían que el tipo de cambio era alto, tuvieron un efecto sobre la productividad muy grandes y permitieron que las empresas ganaran mercados. Además, las privatizaciones trajeron una gran cantidad de nuevas inversiones y flujos de capital. El déficit fiscal no era muy grande. En resumen, fue un tema de costo argentino y hoy este Gobierno empezó con una carga impositiva mucho mayor. Cuando uno tiene un tipo de cambio muy alto, sólo la gente va a invertir si hay un tipo de cambio muy depreciado para compensar los altos costos en dólares. Hoy tenemos costos en dólares altos y un tipo de cambio similar al uno a uno y los números no dan salvo que haya un subsidio o garantía. En las áreas que le interesan al país, como infraestructura, no es sencillo conseguir capitales, porque no ofrecen las mismas garantías que prestarle al Gobierno o a una empresas en particular porque hay que depender de peajes y cosas que están muy politizadas. Habrá que esperar que los números de productividad y de rentabilidad den y eso dependerá del trabajo del Gobierno sobre la micro y la carga impositiva. Son esfuerzos a partir de una situación complicada. Creo que un tipo de cambio más competitivo ayudaría.

P.: ¿Qué le preocupa más, el tamaño o la velocidad con que se alcanzó este déficit de cuenta corriente?

J.C.: Al fin y al cabo es una expresión del déficit fiscal y de las entradas de capital, y eso se puede revertir fácilmente en la medida en que haya reducción del déficit fiscal y/o menor capacidad de financiamiento. El tema que las exportaciones estén tan estancadas puede tener que ver con la retención de inventarios del agro que se puede corregir a pesar de la sequía. Aunque no preocupa tanto que aumentaron las importaciones porque creció el nivel de actividad pero sí el estancamiento de las exportaciones. Pero Argentina ya tuvo exportaciones por u$s85.000 millones así que pueden volver a verse estos números. Además Brasil parece que jugará a favor.

P.: ¿Qué espera de Brasil?

J.C.: Brasil tiene una recuperación, pero no contundente, no creo que vayan a crecer 5% pero sí cerca de 3%. Somos más moderados en las expectativas de crecimiento de Brasil, pero mejorará y arrastrará a Argentina. Es una buena noticia, al igual que EE.UU. también crezca.

P.: ¿Ya pasó el temor al aumento de la tasa de la Fed?

J.C.: Si por alguna razón la tasa a 10 años en EE.UU. se va a 4% o 5%, esto puede frenar la entrada de capitales. Pero si se da lo esperado, o sea, tres o cuatro aumentos de la tasa de la Fed, no se va a generar una reversión de los flujos. Curiosamente hasta ahora la tasa de largo no aumentó, sino que se acercó la tasa de corto (menor a dos años). Pero si por alguna razón se empina la curva y se llegara a una tasa más alta, ahí sí sería una sorpresa sobre las expectativas y algunos podrían considerar que es posible que con el mayor déficit fiscal de EE.UU., con la reforma fiscal de Trump y el mayor gasto militar como en la era Reagan, se complique el panorama. Por otro lado, el dólar sigue siendo la moneda mundial y hay una escasez de activos seguros. En realidad, los países en desarrollo invirtieron en reservas desde la crisis asiática y esa gran demanda de papeles Triple A es lo que hizo que hoy escaseen para los bancos centrales y eso explica por qué las tasas estructuralmente son bajas. Si cambia, Argentina sufriría porque no tenemos mercado de capitales en moneda local desarrollado como Colombia, México o Brasil.

P.: ¿Qué lectura hace de la guerra comercial que lanzó Trump?

J.C.: La nueva administración quiere reemplazar el multilateralismo por el bilateralismo. Ponen restricciones y después los países tienen que negociar exenciones y ahí el Gobierno EE.UU. mira caso por caso. Entonces el problema no era el que dijo Trump que se afectaba la industria del acero y el aluminio, sino que hacen estas cosas para que cada uno venga a negociar. Es el enfoque Trump, que no le gustan los tratados que no sabe de dónde vienen y tener que negociar con tantos a la vez. Quiere que todo sea bilateral porque EE.UU. tiene los aranceles más bajos del mundo desde la Segunda Guerra Mundial y la OMC no se los deja subir.

Entrevista de Jorge G. Herrera

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