En el fondo, como decimos muchas veces, nada nuevo. Por un lado, China redujo otra vez los requisitos de reservas para el sector financiero (la medida, que repite la de noviembre último, era esperada aunque tal vez no tan pronto, dado que la inflación minorista se empinó del 4,1% en diciembre al 4,5% en enero) apuntalando ligeramente al mercado accionario (trepa casi el 7,5% en lo que va del año, luego del 22% que perdió en 2011). Por otro, el Gobierno griego aprobó nuevos planes de austeridad -que nadie sabe si serán alguna vez llevados a la práctica- buscando que los ministros de finanzas del resto de la eurozona (los problemas entre el ministro de finanzas alemán y su premier son cada día más notorios) le den vía libre al segundo paquete de ayuda (al momento de escribir estas líneas aún no se había dado a conocer la resolución que debería ser aprobada el 1-2 de marzo cuando se reúnen los eurolíderes). Esto a su vez abriría el camino para canjear los bonos que detentan los inversores privados (la fecha tentativa es el 8-11 de marzo, poco antes de que el día 20 venzan bonos por 14.000 millones de euros y de las elecciones generales de abril), como una de las primeras medidas fuertes tendientes al saneamiento de las finanzas helénicas (a pesar de todas las dudas, idas y vueltas, desde el 10 de enero la Bolsa de Atenas, en especial las acciones bancarias, volo casi el 35%). Las tensiones entre Irán y los EE.UU./Israel continuaron apuntalando el precio del petróleo que en su versión Brent subió el 0,35% y en la WTI casi el 2% (la Comunidad Europea dio plazo a sus integrantes hasta el 1 de julio para que dejen de comprar crudo iraní, y mientras Francia e Inglaterra dicen que ya han dejado de hacerlo, el régimen de Teherán afirma que fue él quien les cerró la canilla) dejando a China e India como los dos grandes ganadores de la discordia (eventualmente sustituirían a Europa como compradores). Si bien el feriado en celebración del dia del presidente suspendió las operaciones en Wall Street, la cuarta suba consecutiva de las acciones europeas -al máximo de los últimos seis meses-, sugiere que podríamos haber tenido una sesión alcista en Nueva York. Conclusion: el mercado sigue sin querer oír hablar de los problemas.
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