27 de noviembre 2015 - 00:42

El peronismo se mueve al ritmo de guiños y contactos con Macri

• EL PRESIDENTE ELECTO JUEGA PARA FRACTURAR AL PJ Y ALIMENTA SOSPECHAS Y TENSIONES ENTRE LOS DISTINTOS SECTORES

Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa
Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa
 - ¿Pero Macri entregaría esa caja?

- No: una cosa es el ministerio, otra la caja.

Florencio Randazzo fue tentado para ser ministro de Infraestructura de Mauricio Macri. El funcionario K dijo, rápido, que no pero según el diálogo que se invoca no pudo evitar preguntar, intrigado, si el PRO estaba dispuesto a dejar un área sensible y potente como el de las obras públicas en manos de un ajeno que, además, es peronista.

El sondeo a Randazzo no fue, dicen en el PRO, consentido por Macri pero puede leerse como la primera intromisión del presidente electo en una interna ajena, la del PJ, de la que depende en buena medida la gobernabilidad inminente.

En simultáneo, se testeó a José Manuel De la Sota como canciller, opción que ante el rechazo del "Gallego" evolucionó a otra instancia: poner a Jorge Lawson, un consultor de empresas cordobés, como ministro de Trabajo, designación que abortó a los gritos Hugo Moyano.

El camionero se considera, con razón, hacedor del triunfo de Macri porque empezó, antes que la mayoría, a despegar de Cristina -en diciembre de 2011-, luego de Sergio Massa y finalmente de Daniel Scioli para apostar todo a Macri. Ajeno al dilema peronismo-antiperonismo, en la mesa familiar "cargó a Facundo Moyano por haber expresado, en el balotaje, una preferencia crítica por Scioli.

La charla con Juan Schiaretti y un encuentro, que se voceó como casual, con el riojano Sergio Casas operan en la misma sintonía. El cordobés luce más macrista que Macri desde que en su provincia, el porteño juntó el 72% de los votos. Casas, heredero de Luis Beder Herrera, arrastra una urgencia similar: en julio fue electo gobernador con el 52% pero el 22-N, Macri ganó en La Rioja con casi 57 puntos. Los tres diputados del PJ riojano, como un reflejo condicionado, ayer no aportaron al esforzado quórum del FpV (ver página 11).

La rebelión de Diputados, motivada por el malestar de los legisladores que por un pacto entre los caciques del PJ clásico, empezó el miércoles con los faltazos a Olivos donde Cristina avisó que no piensa pelear, para sí, la jefatura del PJ. Era, esa, la moneda de oro que blandía el neocamporismo para tratar de alinear a los rebeldes y, a la vez, aprovechar la inercia de los últimos días de poder para incidir sobre nombramientos y cargos legislativos.

Pero la foto de este noviembre es un corte sesgado que observa a Cristina desde la centralidad que tuvo en estos años y que empezará a perder el 11 de diciembre. Gobernadores, ministros -como Randazzo- y diputados, como Carlos Kunkel, le desobedecen aunque la presidente podrá jactarse, si sirve de algo, que retuvo el control hasta 15 días antes de dejar Olivos.

La tensión entre los ultra K, que hablan de organizar la resistencia a Macri, y el PJ territorial se sintetiza en un concepto que se le escuchó a Jorge Taiana: es "resistencia" cuando hay un gobierno sin legitimidad, que no es el caso de Macri, por lo que el PJ debe construir oposición.

En el juego de los antagonismos, el peronismo depende de los movimientos de Macri. En Gobierno dicen que el presidente electo pactó con Sergio Massa una gobernabilidad que juzgan "muy cara". En otros campamentos, los del massismo y el PJ institucional arriesgan que Macri prefiere a Cristina como duelista porque es la táctica perfecta para impedir que todo el peronismo vuelta a juntarse.

La tesis de la mesa colegiada que circula el neocamporismo supone dos novedades de escasa verosimilitud: que Cristina acepte conducir a todo el peronismo y compartir esa porción de poder, implica imaginarla haciendo lo que se negó a hacer durante, al menos, los últimos 5 años. Juan Manuel Urtubey y José Luis Gioja coincidieron en la idea de convocar a una elección, con voto directo de los afiliados, para elegir al nuevo presidente del PJ. La tesis es que, de ese modo, surgirá una figura peronista con legitimidad para ser el interlocutor con el macrismo.

Cristina de Kirchner jugó antes. Todavía no había perdido Scioli y empezó a diseñar su despedida y, en esa hoja de ruta, los movimientos para imponerse como quien garantizar gobernabilidad. En el PJ hablan del "modelo porteño" donde el FpV, manejado por La Cámpora, enfrentó a Macri en términos políticos y discursivos pero estableció pactos legislativos para acompañar casi todos los proyectos del PRO.

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