16 de julio 2014 - 00:00

El poder del amor

El poder del amor
 En los 90 y parte de los 2000 la fuente de dinero barato con la cual financiar posiciones especulativas ("carry trade") fue Japón. Durante algún tiempo, Suiza ocupó este sitial y, con la crisis, los EE.UU. Hoy la posta la tomó Europa, con su política de tasas negativas en términos reales. Esto explica los u$s 60.000 millones en eurobonos colocados en lo que va del año por las empresas de países emergentes (en todo 2013 se colocaron u$s 25.000 millones) o las primeras euro-emisiones soberanas de Brasil e Israel.

Con un mercado para los bonos corporativos, que es apenas un tercio del tamaño del yanqui, el del Viejo Continente está creciendo a la par que la política de estímulos norteamericana han entrado en el camino de la reducción. Si la teoría sirve de algo no nos sorprendamos de ver un fortalecimiento relativo del dólar frente al euro, a las euronaciones incrementando más y más su endeudamiento, una parte significativa del dinero barato del BCE "fugándose" al resto del globo, y que la política de estímulos europea siga los pasos de la norteamericana (inflando activos financieros, sin alimentar el bolsillo de los consumidores). Piénselo. El resumen de la rueda de ayer en Wall Street, casi lo podríamos sintetizar con la idea que los inversores temieron que la blonda más hermosa y rutilante del parnaso financiero, podría tener una manchita en su marmórea tez. No es que su voz desafinara, porque nuevamente Janet Yellen musitó todas las palabras políticamente correctas que el mercado quería escuchar: una cornucopia casi eterna de dinero barato. El problema es que el informe escrito que acompañó el maná que salía de su boca, deslizó que algunos sectores (media social, laboratorios y empresas pequeñas) podrían estar un "piquito" sobrevaluados.

No vamos a cuestionar la sabiduría de la pitonisa mayor, ni porque esos sectores sí y otros no, pero lo cierto es que una suba que no alcanzó a superar en lo mejor del día un 0,39 por ciento quedó acotada al 0,03%, cerrando el Dow en 17.060,68 puntos. El problema es que si bien la tasa casi no se movió, todo menos el Dow fue hacia atrás. ¿Y si A. Smithers tiene razón y estamos viviendo la tercera mayor burbuja bursátil de la historia?

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