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El PP de Rajoy empuja al débil Zapatero a anticipar elecciones
Mariano Rajoy deja hablar a otros y elige, por ahora, no ir a fondo con el reclamo del anticipo electoral. Pero ayer mortificó a Zapatero al remarcar que el gobernante «no puede disipar» la zozobra europea y española, y se declaró listo para asumir.
En una intervención ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP para evaluar los resultados electorales del domingo, Rajoy dijo que su formación «está en condiciones de afrontar» las elecciones para elegir Gobierno nacional. «Hay dudas e incertidumbre en Europa y en España» que Zapatero «no puede disipar», aguijoneó el candidato. El líder conservador fue menos explícito que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien, del ala más de derecha del PP, es rival interna del candidato.
A su vez, la secretaria general del PP y ganadora en las elecciones en la tradicionalmente socialista Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, evitó un pedido directo, aunque dijo: «Yo creo que España no puede aguantar diez meses más en esta situación. Es responsabilidad de todo el PSOE, que debe reflexionar».
Sin embargo, Zapatero adelantó, tras reconocer la derrota socialista, que no está en sus planes adelantar los comicios y que se propone agotar su período para concluir reformas que, según entiende, están dirigidas a intentar recuperar la economía, estancada por la crisis y con casi cinco millones de desempleados.
Tras el duro castigo recibido en las urnas, que el Gobierno vinculó a los efectos negativos de la crisis, la dirección del PSOE se reunió ayer para evaluar los pasos a dar de cara a las elecciones generales.
Zapatero anunció el pasado 2 de abril que no se presentará a un tercer mandato, lo que obliga a los socialistas a buscar un sustituto mediante elecciones primarias, confirmó ayer su número dos, José Blanco. Los nombres que suenan son el del vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el de la ministra de Defensa, Carme Chacón, aunque ninguno de los dos confirmó que vayan a presentar su candidatura.
Los socialistas obtuvieron menos de un 28% de votos, el peor resultado en elecciones municipales de su historia, lo que se traduce en la pérdida de poder en las grandes áreas metropolitanas, las capitales de provincias y municipios de más de 50.000 habitantes.
Alto precio
El PSOE pagó alto el precio de la crisis económica y las reformas tardías. Ese giro a la derecha de Zapatero lo alejó de buena parte del electorado de izquierda, y esa distancia se hizo mucho más evidente cuando los ciudadanos indignados del Movimiento 15-M irrumpieron en la campaña.
Por el contrario, el PP consiguió un triunfo arrollador que sitúa a su partido como el hegemónico a nivel territorial, algo nunca visto desde que los socialistas pintaron de rojo el mapa electoral en 1982. Los conservadores vencieron en 11 de las 13 comunidades autónomas en las que se celebraron elecciones.
Arrebataron a los socialistas Castilla-La Mancha, uno de sus bastiones históricos, y consiguieron mayoría de votos en Extremadura, aunque finalmente el PSOE podría conservar esta comunidad si logra un pacto con Izquierda Unida.
En el sur, el PP consiguió Sevilla, la puerta de entrada a Andalucía -que no celebró elecciones, al igual que Galicia, País Vasco y Cataluña-, que es uno de los grandes graneros de votos socialistas. Allí conquistó las alcaldías de todas las capitales de provincia.
Los socialistas también perdieron la emblemática ciudad de Barcelona, a manos de los nacionalistas de Convergencia i Unió (CiU), quienes gobiernan a nivel regional. La hegemonía conservadora se completa con Baleares y la Comunidad Valencia.
El PP mantuvo Castilla y León, La Rioja, y conquistó Cantabria, y en Galicia obtuvo mayoría absoluta en ciudades como la Coruña y Santiago, desde 1979 liderada por socialistas. Sólo perdieron en Asturias, donde ganó el exministro del PP y disidente, Francisco Álvarez Cascos, a quien deberán darle apoyo para gobernar. En Navarra se impuso UPN (Unión del Pueblo Navarro), una formación igualmente conservadora.
La excepción fue el País Vasco, donde la coalición de izquierda y soberanista Bildu obtuvo unos resultados sorprendentes y se situó como segunda fuerza política detrás del PNV (Partido Nacionalista Vasco), lo que abre un nuevo panorama que pone el fin de ETA ante un nuevo horizonte. La alcaldía de Córdoba también quedó en manos del PP.
Agencias EFE, AFP y ANSA, y Ámbito Financiero


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