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El presidente de EE.UU. logró vuelco en opinión pública
Barack Obama sonríe junto a Hillary Clinton el miércoles por la noche, cuando el demócrata recurrió a su habilidad retórica para convencer a los estadounidenses, criticando a los republicanos.
Un sondeo realizado por la cadena norteamericana de noticias CNN reveló que luego de la alocución del miércoles del mandatario, el apoyo ciudadano a los planes de Obama trepó hasta el 70%, muy por encima del 52% previo.
El discurso presidencial buscó superar un creciente escepticismo sobre el plan de reforma del sistema de salud, cuyo tratamiento se estancó en las vacaciones de agosto, en medio de duras críticas de los opositores. En una situación en la que la desinformación sobre el proyecto reinaba en las calles, se podían ver manifestantes con carteles que comparaban a Obama con Hitler, e incluso la ex candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin, aprovechó el bullicio para filtrar el rumor de que la reforma encubría la aprobación de la eutanasia.
Si bien Obama fue tajante al sostener que «el tiempo de hablar se acaba» y llegó «el momento de aprobar la reforma», el debate al interior de las Cámaras será encarnizado.
Como un anticipo de lo que vendrá, el diputado republicano Joe Wilson, de Carolina del Sur, desacreditó el miércoles a viva voz a Obama, mientras el presidente aseguraba -en su discurso- que su proyecto no prevé extender la cobertura a los inmigrantes indocumentados (13 millones de personas).
La prensa prestó ayer gran atención al exabrupto de Wilson y las cadenas de TV repitieron varias veces el «clip» del diputado gritando «!You lie!» («usted miente») al presidente. Ante esto, el mandatario aconsejó ayer a la prensa de su país «no prestar atención al que habla más alto o al más chillón» y, en cambio, «mantener el foco en los asuntos» que interesan al país.
Preocupación
A su vez, el senador republicano John McCain, rival de Obama en las elecciones presidenciales, dijo ayer que coincide en la necesidad de una reforma, pero se mostró preocupado por los costos de la iniciativa oficial, de u$s 900.000 millones en diez años. «Necesitamos una reforma, pero tiene que ser bipartidista. No podemos sumar otro billón de dólares de déficit a la próxima generación. Es un robo generacional», dijo.
Otro punto que acalorará el debate es que el presidente volvió a defender una de sus propuestas más polémicas, la creación de una opción pública que compita con los seguros privados, si bien sugirió una posible negociación al matizar que se trata de «un medio para llegar a un fin», la cobertura al mayor número posible de gente. Este ítem, que molesta sobremanera al sector republicano, podría ser también un tema sensible para los demócratas. Obama planteó en su discurso que esa opción funcionaría en los estados donde hay pocas prestadoras del servicio de salud, citando el caso de Alabama, donde el 90% de la gente está bajo la misma empresa aseguradora. Los sectores más liberales del Partido Demócrata planteaban, en principio, que esta opción pública debería llegar a todo el país. Pese a esto, según indicó Obama, la política alcanzaría a 35 de los 50 estados, que según el mandatario tienen pocas opciones de atención médica privada.
La reforma sanitaria alcanzará a los más de 46 millones de personas que hoy carecen de seguro médico.
Agencias ANSA, Reuters, EFE, DPA y AFP


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