El problema de la pirámide invertida

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Diariamente nos enfrentamos a las mismas preguntas. ¿Qué hago primero cubro el banco o llamo al cliente? ¿Atiendo al sindicato o al proveedor de materias primas? ¿Pago los sueldos o a los proveedores? Parecería que ésta es una constante de una empresa en problemas en donde el desafío es diario, las preguntas de qué hacer primero y qué hacer después están a la orden del día. Resolver problemas sin estructura, sin apoyo y sin gente es parte del vértigo habitual que tiene que atravesar una empresa pyme en este país.

Ahora, ¿qué pasa si a esto le sumamos otro ingrediente más complejo el cual muchos se encuentran imposibilitados de superar como la ausencia de «una estructura armada»?

Cuando existe esta estructura no importando el tamaño de la misma, el empresario esta liberado para hacer lo que mejor sabe, que es generalmente cerrar el negocio comercial, o administrar sus recursos de producción, o diseñar la próxima generación de productos. Recurre a la estructura para que ésta responda por él en cada uno de los aspectos para la cual la misma ha sido creada.

Respuesta

Si bien en la mayoría de los casos esta estructura no ha sido pensada porque fue creciendo y armándose en concordancia con la evolución de la compañía, la estructura responderá en algún lugar a las necesidades «teóricas» que el empresario vislumbra sobre su organización. Eso que generalmente se llama «pirámide organizacional» en donde la estructura abastece las necesidades de cada uno sus integrantes y de su organización para la interacción con el mundo de negocios para atender y sostener los desafíos cotidianos del vivir empresario.

Pero, ¿qué pasa si esta pirámide no funciona?

Cuando esto sucede, toda la estructura de una empresa está sostenida por su dueño. La pyme está inutilizada y no tiene sentido de funcionalidad alguna, queda paralizada a la espera de que su responsable resuelva todo hasta el más mínimo inconveniente porque la organización está piramizada sobre él. La organización delega al dueño porque no sabe resolver y no tiene capacidad de mirar un poco más allá de sus problemas cotidianos. Ésta es la trampa de la pirámide invertida, una empresa totalmente dependiente que no existe, con un dueño solitario que no encuentra salida ni escapatoria a la problemática de su empresa.

Entonces nos preguntamos: ¿Por qué paso esto? Tendríamos que mirar y analizar con precaución y detalle el porqué nos enfrentamos a este tema tan común. Pero como las causas pueden ser varias ¿cómo podemos desarmar esto?

Transformación

Primero que nada, la cultura de la empresa debe cambiar, transformarse, desmenuzarse, saber que no tiene un padre con bolsillo de payaso a quien puede recurrir como muchacho de familia pudiente.

Segundo, el dueño de la empresa tiene que cambiar «su mentalidad y saber delegar». Para que esto suceda tiene que brindar las herramientas y nutrir a la empresa de los recursos necesarios para que la organización tenga poder de resolución por sí misma.

Tercero, finalmente la organización tiene que vivir en su realidad, conociendo sus problemas íntimos e intrínsecos y no huir de los mismos soñando que es otra empresa y no está con la realidad que le toca enfrentar. Porque si no estaríamos frente a una irrealidad en donde se hace más difícil sostener la problemática cotidiana.

Para esto hay que convencerse de que el «es lo que hay» sirve sólo para aceptar la realidad, pero si no se transforma «lo que hay» por algo más fuerte y con coraje de empresa pyme, nos encontraremos pronto con una empresa no sólo invertida, sino desinvertida y convaleciente y de las que «no hay».

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