18 de febrero 2010 - 00:00

El que gobierna, en el limbo; su rival, errante

Madrid - En los últimos dos años se han celebrado en el Congreso doce debates sobre la crisis económica. Y en casi todos ha pasado «lo de siempre». Zapatero optimista y Rajoy pesimista.

Zapatero llegaba muerto y salía resucitado con una botella de oxígeno. Rajoy se examinaba y no llegaba al aprobado.


Los socialistas aliviados y los populares preocupados. Ha vuelto a pasar este Miércoles de Cenizas, primer día de la Cuaresma 2010. El aspirante a ocupar el Gobierno iba bien en la primera parte del examen, sólido y contundente, pero al final la pifió, dándole hecha la réplica a Zapatero. Vaya, vaya, todo el mundo pendiente de cuál es la alternativa que Rajoy ofrece a los españoles para salir de la crisis, y resulta que la alternativa es que el PSOE sustituya a Zapatero por otro presidente del Gobierno. Los estrategas del Partido Popular son unos linces.

Zapatero llegaba a este debate en la peor situación de su mandato, con la credibilidad bajo cero y con la desconfianza de los mercados internacionales. Su discurso, sin embargo, sigue siendo el mismo. Dentro de nada estaremos mejor, el crecimiento y el empleo se recuperarán, y el resto de Europa no está mucho mejor que nosotros.

Ni rastro de sacrificios, ni ajustes, ni apretarse el cinturón, ni concreciones sobre las reformas que el Gobierno asegura que va a llevar a cabo.

Todos los grupos parlamentarios, los organismos internacionales, los economistas más reputados y el sentido común consideran imprescindibles los sacrificios. Zapatero todavía no.

Giro


En las dos últimas semanas parecía que el presidente había dado un giro a su política económica. Falsa impresión. No ha habido, ni hay, ni habrá cambio, dijo. Todo estaba previsto en su pizarra desde el primer día de la crisis e incluso antes. No hay improvisación, sino ordenado cumplimiento de los planes previstos. Hay que ver lo que les cuesta a los políticos reconocer que no son infalibles.

El presidente anunció la creación de una comisión para negociar cuatro puntos que enunció de forma genérica. Las comisiones negociadoras tienen mala prensa. Cuando alguien quiere echar tierra sobre los problemas, lo que hace es crear una comisión. El mismo anuncio lo ha hecho muchas veces durante el último año y medio, como bien le recordó Rajoy.

Esta comisión de Zapatero, sin embargo, tiene fecha de caducidad y estará presi-dida por Elena Salgado (ministra de Economía). Quién sabe. Quizás que convenció a los del Financial Times -du-ros de roer- a lo mejor la vicepresidenta económica convence a Cristóbal Montoro (referente económico del PP), que no es tan duro como parece.

Propuestas

Seguimos sin saber, por otro lado, qué tipo de renuncias o privaciones propone el presidente del PP a los españoles para salir de la crisis, aparte de querer privar al PSOE de Zapatero, que ya es querer. La propuesta política con la que Rajoy cerró un discurso muy crítico es ciertamente insólita, aunque no se puede decir que sea original.

Ya lo hizo su antecesor en el PP, José María Aznar, en el debate del «Váyase, señor González» (año 94), cuando pidió a los socialistas que sutituyeran a Felipe González -cercado por los escándalos- por otro líder por «higiene» democrática. Sólo que aquello ha pasado a la historia política y lo de ayer no parece.

Es casi seguro que el PSOE ha salido aliviado de este debate, pero si los socialistas piensan que sus problemas se han acabado porque Zapatero sepa hablar en la tribuna de oradores del Congreso, están en un error. Los cuatro millones de desempleados siguen ahí. Les hace falta recuperar la confianza de la gente y para eso no basta con salir indemnes de los debates parlamentarios.

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