El rally en las gateras

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¿Habrá rally de fin de año en las Bolsas? Contrario a lo que pudiera suponerse, las chances lucen intactas. Es verdad que el bis de la crisis europea es una zancadilla en mal momento, pero un tropiezo no es caída. Caída -y golpazo- , sin duda, es lo de Irlanda. Y Portugal ya se puso el casco (mientras España vigila de reojo que se lo ajuste correctamente). Sin embargo, en simultáneo con el incendio de media Europa, GM resurge cual ave Fénix. Se sabe que donde hubo fuego -como en Detroit-, cenizas quedan; lo que importa es que Wall Street escarbe y encuentre valor donde antes veía chatarra. No se habla de monedas: la oferta pública de acciones de GM reunió una base de 20 mil millones de dólares. Y el viernes, cuando los más exaltados ya pensaban cómo haría Francia para evitar el asedio de su deuda, los bancos colocadores de GM usaron la opción que les permite ampliar la operación. Así, mediante la sobreasignación de acciones (hasta el tope admitido) y la suscripción de una obligación junior de conversión obligatoria, GM captó 23,1 mil millones de dólares de los mismos mercados que les cierran las puertas de acceso a Irlanda y a Portugal en las narices.

¿Qué clase de crisis feroz es ésta, en la que media Europa se chamusca y, a la par, se venden las acciones de GM como pan caliente? Ocurre que el embate vertiginoso de las Bolsas de septiembre y octubre se tomó descanso, pero todavía no se canceló. Si se mide el último mes del Dow Jones, más allá de la grafía sinuosa de idas y vueltas, lo que se registra es un saldo plano. Tras un frenético avance del orden del 12%, el índice de los blue chips devolvió apenas el 2%. No obstante el aluvión de noticias adversas -un QE2 de menor cuantía que lo estimado, la guerra de divisas, las vicisitudes europeas, el ajuste de China y los misiles en los cielos de Corea-, el Dow, las últimas cuatro semanas, se retrajo sólo el 1%. Es un virtual empate. Con goleada a favor en el partido de ida, es lógico que se piense en volver a pelear por la punta.

Las subas del Dow Jones y del S&P 500 empalidecen con el liderazgo de otras canastas de acciones de mayor riesgo. El NASDAQ -un índice con fuerte sesgo tecnológico- trepó el 18% desde septiembre. Y apenas corrigió en el mes en curso (a pesar de las malas noticias de Cisco). La embestida se frenó, pero sigue en pie. El Russell 2000 (acciones de pequeñas empresas) mimetizó su trayectoria con la del NASDAQ. Y acumula un avance del 20%. O sea, el doble del Dow Jones. ¿Qué une al NASDAQ con el Russell 2000 (o con los índices de Mid Caps)? Todas son apuestas muy agresivas. Si las cosas van mal, sufrirán mucho más que el Dow. Que en la adversidad del momento los inversores no procuren refugio desnuda sus expectativas. Los mercados conservan la fe en el rally, confían en otro zarpazo. Teniendo en cuenta que Europa se cocina a fuego rápido y los muchos otros riesgos de mantener la exposición, esa confianza debe suponer, en proporciones difíciles de cuantificar, que la suba no será desdeñable y que se producirá en un horizonte cercano. Y, también, que Europa no se carbonizará. No, al menos, en esta ocasión.

¿De qué se nutre una fe capaz de desafiar tales peligros? ¿Es el hechizo de Bernanke, esa superchería monetaria que promete efectos reales? Nadie cree en brujas, pero que las hay, las hay. No importa la razón, lo concreto es que la economía de los EE.UU. recompuso su fisonomía. Día tras día, arrima mejor evidencia. Se revisó al alza el crecimiento del tercer trimestre (del 2% al 2,5%), con contribuciones favorables del consumo, la inversión fija, las exportaciones netas y el gasto del Gobierno. Los indicadores líderes, que tratan de auscultar el futuro inmediato y que supieron registrar un bache notable, volvieron a tonificarse. Un informe oscuro -como el Philly FED- que ganó protagonismo por arrojar lecturas negativas en agosto y septiembre, revirtió de signo de manera harto convincente. En octubre, el consumo personal trepó de nuevo. Y lo más saliente fue que ocurrió pari passu con un aumento de la tasa de ahorro de las familias (al 5,7%). Es decir, también crecieron los ingresos personales. Si se hurga en los datos, se observa una joyita: un fuerte salto de los ingresos genuinos -el renglón de sueldos y salarios- que no se vinculan a pagos de transferencia u otros conceptos ligados a planes de estímulo. Es el sendero ideal: las familias corrigen su exceso de endeudamiento sin dejar de sostener el consumo. Y en la esfera crítica del mercado laboral, los pedidos de subsidios de desempleo, siendo abultados, disminuyeron a su menor nivel desde julio de 2008. No todas son rosas, por supuesto. Nada más endeble que la salud del mercado inmobiliario (un muy buen motivo para ensayar el QE2). Pero, a diferencia de lo que se observaba tan sólo dos o tres meses atrás, la economía ya no amenaza con hundirse, sino con trotar más ágil.

Las ganancias de las compañías capearon la anemia del tercer trimestre sorprendentemente bien. Y deberían beneficiarse del repunte que se insinúa. Su pulso supera con creces el ritmo de avance del producto bruto nominal. La tajada que se llevan del ingreso nacional -tomando la medición de utilidades corporativas (después de impuestos) de las cuentas nacionales- excede de nuevo el 8% (apenas por debajo de los máximos históricos y muy por encima de los guarismos de la segunda mitad del siglo XX). Así, la valuación de la Bolsa no luce excesiva: el ratio precio/ganancias del S&P 500 se ubica en 14,2 versus un promedio de 16,7 en el último medio siglo. Si se incorpora la evidencia de una economía que repunta, los estimados para 2011 son accesibles y el ratio se desploma a 12. Visto de otra manera: la cotización actual de Bolsa es la misma que regía diez años atrás; las ganancias empresarias son más de dos veces mayores.

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