El rally no afloja, le vaya bien o mal a Trump

Edición Impresa

Igual los mercados necesitarán, tarde o temprano, que el presidente cumpla con la baja de impuestos y la desregulación que prometió en campaña.

Los mercados quieren creer, y ya se sabe, la fe es poderosa y mueve montañas. El presidente Trump fracasó en su intento de impulsar la reforma sanitaria, y recibió a cambio una lección valiosa: los inquilinos del Congreso son más taimados que los de Queen's, y no están sujetos a orden de desalojo (no funciona con ellos el truco del ultimátum). La Bolsa sufrió el cimbronazo esa semana, y se recuperó en la siguiente. El Obamacare, por lo visto, no le arruina la salud. Con un Trump exitoso o sin él, Wall Street mantiene la apuesta alcista. Aunque lo necesita, tarde o temprano, para que baje los impuestos y desregule, y así los precios que tanto estiró cierren sin forzar el uso abusivo de ningún credo.

El 2017 redondeó un primer trimestre excelente. Para el S&P500 y el Dow Jones Industrial hilvana una racha de seis consecutivos en ascenso. Sin embargo, el final de boca no es el mejor. ¿Tiene resto la trepada? Los signos de fatiga son evidentes. ¿Y cómo desentenderse de la suerte de Trump cuando se llegó a estas alturas a cuenta de sus promesas? A no engañarse tampoco, el S&P500 escaló el 5,5% en el trimestre, pero la diferencia (y un poco más) se embolsó íntegra en febrero. Tenían razón los que alertaron por los idus de marzo, hubo que devolver utilidades y se vivió a salto de mata. ¿Qué nos deparará abril si se llega con el caballo cansado después de semejante galope? Un momento, marzo lastimó a algunos, pero revivió a otros. El Russell 2000 -la canasta de pequeñas compañías, un emblema del rally en sus inicios porque ellas son los presuntos mayores beneficiarios del trumpismo- se desmoronó en la primera parte del mes para resucitar con sorprendente pujanza esta última semana, como quien cambió de aire y ahora tiene pulmones para correr de nuevo. El Nasdaq 100 -un índice donde prevalecen las firmas tecnológicas, que ponen barbas en remojo cuando Trump revolea sus ideas migratorias, y que por ello fue el último mohicano en montarse al rally- se desplegó como una fuerza arrolladora, y sostenida, durante todo el trimestre. Y, para que no queden dudas, cerró marzo clavando un máximo flamante. Basta mirar los papeles de Apple, Netflix, Facebook o Amazon para palpar sus bríos. El Trump rally nació con el suceso del republicano en las elecciones, pero hace rato que tomó distancia de los éxitos de Trump, y no pide permiso para desviarse de su agenda cuando lo considera apropiado. La prueba está en que Wall Street cambia de frente y sigue empujando mientras la gestión del presidente se atascó en un pozo (su aprobación neta se hunde, en el día 69 de su mandato, como nunca lo hizo la de ningún antecesor en sus 200 días iniciales). EE.UU. primero, reza el mantra oficial. Pero ya no es así. Primero, las acciones de los mercados emergentes y después el EuroStoxx 500, las de la eurozona. Tampoco hay un superdólar en acción (como en noviembre). Todas las monedas le ganaron al dólar en el primer trimestre, salvo la lira turca. Ninguna le sacó más ventaja que el peso mexicano. Y, a decir verdad, nunca el peso mexicano, desde 1980, había tenido un trimestre con mayores ganancias. ¿Es esto compatible con el manual del trumpismo? ¿Quién puede saberlo si hasta el momento el Gobierno no define su política al respecto? Va de contramano con la prédica de construir muros, imponer aranceles, ajustes impositivos de frontera, o trabas al comercio. Contrario sensu, estaría en línea con el celo por penalizar la manipulación de las monedas. Pero, como sea, la gran rotación en curso, la aparición de nuevos sectores que pican en punta mientras otros cambian de oxígeno, es señal de fe y persistencia y no de rendición.

As en la manga

¿Habrá que quitarle el nombre al Trump rally para describirlo mejor? Todavía el presidente tiene la carta ganadora bajo la manga. El trípode de baja de impuestos, desregulación y mejoras de infraestructura es difícil de batir. Y de su voluntad depende comenzar o no una guerra comercial como la de los años 30. Si Trump ejecuta esa agenda básica (si no se queda corto, pero si tampoco se excede), el rally tendrá bien ganado su apellido.

Dejá tu comentario