29 de mayo 2014 - 00:00

El regreso del superministro y el doble temor de los ultra-K

Julio De Vido, Sergio Urribarri y Daniel Peralta
Julio De Vido, Sergio Urribarri y Daniel Peralta
Evitó intervenir en persona pero mandó, como delegado, a su mano derecha, José María Olazagasti. Julio De Vido volvió anteayer a intervenir, como en otros tiempos, en la negociación con uno de los gremios más poderosos del "Club del subsidio", la UTA de Roberto Fernández, que amagó con un paro de 24 horas en todas las líneas de colectivos.

El vínculo entre Florencio Randazzo, el ministro de Interior y Transporte, y los jerarcas sindicales es pésimo. En Gobierno contaron que el martes, Cristina de Kirchner pidió que De Vido dialogue con Fernández, a quien en Planificación llaman amigablemente "Roby", para evitar que los chispazos con Randazzo frustren un eventual acuerdo. De Vido, aplicado y verticalista, intervino, unos dicen que en persona, al menos telefónicamente; otros, que lo hizo a través de Olazagasti.

Para De Vido es una especie de reivindicación ante Randazzo, ministro del staff cristinista con quien peor se lleva porque, dicen en Planificación, "no entiende que cuando habla mal de lo hecho en el pasado, perjudica a Cristina más que a Julio". El ministro-candidato derivó la discusión financiera, por la triangulación entre salarios, aportes y subsidios, en Gerardo Otero, el exministro de Economía de Felipe Solá, a quien le cedió el manejo administrativo de su cartera.

Renacer

De Vido
espadea con Randazzo en otro ring: el político. El pingüino, un proto-K de la línea nestorista, es el principal soporte del gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri y sponsor de Los Oktubres, el grupo de alcaldes que fantasea con sembrar de gobernadores ultra-K varias provincias: Patricio Mussi en Buenos Aires, el actual vice Dalmacio Mera en Catamarca, y en Santa Fe Alejandro Ramos, secretario de Transporte que llegó al cargo tras la tragedia de Once, de la mano de De Vido.

En junio de 2012, la Presidente traspasó Transporte a Randazzo, y casi en paralelo La Cámpora empezó a perforar el búnker devidista, en particular YPF y el rubro energético.

El "renacer" de De Vido tuvo como postal su irrupción, invisible, en la negociación con la UTA, pero se ramificó a otros asuntos. Fue a quien la Presidente derivó el diálogo con el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta -un nexo sinuoso y sometido, sobre todo, a los ánimos de Máximo Kirchner-, y en quien delegó el acuerdo con caciques provinciales de diverso origen y pelaje de los pactos por tarifas de energía.

Urgencias

A Máximo, el vástago presidencial, se lo ubica enfocado en otras urgencias. La esencial es preservar a su madre de la lluvia ácida mediática. También haber transmitido, a modo de subas y bajas, a quién pueden "apoyar" los empresarios amigos del Gobierno en la tira de candidatos K. Daniel Scioli aparece vetado, pero se desliza que en una categoría similar aparece Randazzo, el K con mejores indicadores de opinión pública. Anteayer se pidió una encuesta exprés para medir cómo habían repercutido sus dichos de querer "matar" a los grafiteros que pintaron los vagones nuevos del Sarmiento y el resultado fue sorprendente: el 94% de los consultados avaló los dichos, y el tono, del ministro-candidato.

Urribarri, la contraoferta K, genera simpatía y calidez, sentimientos que se diluyen ante la política real. Hace 10 días, el entrerriano cenó con Jorge Ferraresi, alcalde de Avellaneda, uno de los caciques del conurbano ideológicamente más K. Ferraresi fue efímero candidato a presidir el PJ bonaerense de un sector ultracristinista -pero quedó en el camino porque ni siquiera cobró como consejero- y le prometió su apoyo a Urribarri para las PASO de 2015. No le dijo, gentil, lo que luego confesó a los suyos:

-Es muy bueno que haya un candidato nuestro, pero tiene que medir, si no Scioli pone a cualquiera de candidato de intendente y nos gana.

Boletas

Es uno de los temores ultra-K, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Se vincula con el sistema electoral de las PASO y el interrogante es si con varios candidatos presidenciales K, cada uno deberá tener su boleta local o un intendente, por caso Ferraresi, llevar las tiras de todos: la de Scioli, la de Urribarri y la de Randazzo, hipotéticamente.

Subyace el otro pánico que cruza a grupos y dirigentes K que temen un pacto macro entre Cristina de Kirchner y Scioli que contemple espacios ejecutivos y legislativos sólo para referentes de La Cámpora y deje a los demás sectores sueltos y a la deriva. El diálogo, fluido, de Eduardo "Wado" De Pedro y José Ottavis con Scioli y el sciolismo son el insumo de esas sospechas.

Trafica otra queja contra el neocamporismo que prometió sistematizar las cumbres luego del encuentro en el Mercado Central de La Matanza el 27 de abril pasado pero que no volvió a juntar a la tropa. Una película repetida e inconclusa como la promesa de apertura de Unidos y Organizados (UyO).

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