- ámbito
- Edición Impresa
El regreso de “Lucrezia Borgia”
El director Jorge Parodi tendrá a su cargo la concertación de las funciones de “Lucrezia Borgia”, de Donizetti, para Buenos Aires Lírica.
Periodista: ¿Cómo y cuándo se dio su mudanza a Nueva York?
Jorge Parodi: Yo estaba buscando la oportunidad de ir a estudiar afuera. Cuando fui a escuchar en 1995 un recital de Frederica von Stade, una de mis cantantes favoritas, en el Colón, me acerqué a hablar con Martin Katz, su pianista, y le pregunté si me daría una clase. Cuando me escuchó, me propuso ir a estudiar con él. En los Estados Unidos me enteré de quién era Martin Katz, del prestigio que tenía. Estudiar con él era una carta de recomendación enorme.
P.: ¿Le costó adaptarse?
J.P.: No, me adapté bien, sobre todo a Nueva York. La primera etapa fue en Michigan, un pueblo con una gran universidad. En Nueva York trabajé en Juilliard, luego dirigí una ópera en la Manhattan School of Music y enseguida me ofrecieron el cargo que tengo ahora, director de la ópera universitaria. Desde el año pasado soy además director artístico de Ópera Hispánica, una compañía con potencial en la que se hace repertorio inspirado en la cultura hispánica, de autores hispanos y con artistas mayormente hispanos.
P.: ¿De qué manera llega a esta producción?
J.P.: Hace dos años hice una masterclass en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón en la que hablaba específicamente de bel canto italiano, que es junto con la ópera barroca el estilo con el que más identificado me siento, y específicamente sobre Donizetti, que es de los tres mayores exponentes el que más me gusta. Tengo por él un gran respeto, creo que no está valorado en su justa medida. La relación entre texto y música en sus óperas es enorme, y eso a veces se olvida justamente porque tiene una facilidad dramática sin precedentes. Sus melodías son aparentemente muy simples pero están intrínsecamente ligadas a la acción dramática, y es tan directo y aparentemente obvio en sus líneas que no le presta atención o no se hace evidente. En esa clase estaba la gente de Buenos Aires Lírica, y como les gustó ese trabajo que hice me ofrecieron este título, que no es tan común en el repertorio pero pese a todo prestigioso. Es un título emblemático y enigmático.
P.: ¿Es posible pensar que la fecundidad creativa de Donizetti fue paradójicamente un motivo de desprestigio para él?
J.P.: Bellini era literalmente obsesivo y le costaba mucho componer. Tenía una atención enorme por el detalle pero con más dificultad que Donizetti. Es un poco la diferencia entre Schumann y Brahms: Schumann plasmaba las ideas tal como le venían, Brahms tenía esa obsesión alemana que lo llevaba a buscar una maduración. Para el trabajo con esta ópera estuve investigando una carta que Donizetti mandó a su sobrino a propósito de una reposición de "Lucrezia...", y en la que basamos nuestros cortes, y es una carta muy inconexa: incluso dentro de la misma frase cambia de tema, se notaba que su cabeza ya no organizaba las ideas, pero es interesante la compulsión creativa que se nota en ese texto. Además es muy informal respecto del tono epistolar que se usaba en esa época. Rossini tenía mucha fecundidad al principio; después, cuando se puso más complejo pareció tener más dudas y se detuvo en la composición operística.
P.: ¿Cómo está planteada la puesta?
J.P.: Está ambientada en las décadas de 1920 o 1930, trabajando la idea de las familias mafiosas. Hay algo interesante con "Lucrezia", un tema relativamente complicado cuando Donizetti escribe la ópera y antes de eso, cuando Victor Hugo escribe la obra de teatro, y es que aún había miembros de estas familias (por ejemplo los D'Este) que gobernaban, y por miedo a la censura un par de veces se la presentó con otros nombres, como "Rosaura di Granata". La ida de mantener la tensión dramática en la que los personajes están, independientemente del contexto histórico, es típica del repertorio italiano. En ese sentido esta producción trae a Lucrezia, que es el único personaje femenino, mostrando la opresión masculina sobre la mujer y de qué manera ella se defiende y establece su personalidad por cualquier medio.
P.: Volviendo a aquella experiencia en el Instituto del Colón, ¿qué advertió en el nivel de los alumnos?
J.P.: Era desparejo. Pasaba lo que suele pasar aquí: hay mucho talento vocal pero distintos niveles de preparación. Muchos descubren que tienen una voz y empiezan a cantar sin tener el bagaje de estilo, idiomas, etcétera. Al haber menos competencia que en Estados Unidos, por ejemplo, el talento tiene mucha cabida aunque no haya tanta técnica o preparación musical: allá hay que cumplir con más requisitos. Pero el trabajo con los profesionales de aquí es bárbaro, es muy distinto el nivel escolar y la decantación del que implica el trabajo profesional.
Entrevista de Margarita Pollini


Dejá tu comentario