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El reto será mantener en paz la coalición
Una secuela de incidencias cambiantes, dignas de una novela policial, mantuvieron en vilo durante cinco días a los británicos, hasta el precipitado final de ayer. Hay cambio de gobierno y Cameron será el nuevo primer ministro. Los conservadores retornan al poder después de trece años, el «nuevo laborismo» llegó a su fin.
Y por primera vez en 70 años se forma una coalición, con los liberal demócratas como socios menores, en su estreno como partido de gobierno.
Las caóticas negociaciones para formar la alianza reflejan la falta de práctica de los políticos británicos en esas lides. Los liberaldemócratas comenzaron conversando con los conservadores, por haber emergido éstos de las elecciones como el partido más fuerte. Pero luego se dirigieron efímeramente a los laboristas, después de que Brown anunciara el lunes que se retiraba como líder de su partido para no entorpecer una eventual coalición «lib-lab».
«Amé mi trabajo», dijo Brown al anunciar ayer su renuncia frente a la residencia de Downing Street 10. Fueron sólo tres años al frente del gobierno, después de esperar durante una década como secretario del Tesoro de Tony Blair que llegara su momento en la historia. Le tocó dirigir al Reino Unido en una de sus peores crisis económicas, pero nunca logró convertirse en un líder popular.
Brown ya estaba preparando su renuncia cuando los tories aún negociaban febrilmente con los liberales para llegar a un acuerdo. El recambio se produjo sin embargo con prolijidad y puntualidad británicas.
El primer ministro saliente salió al frente de la sede de gobierno junto a su esposa, pronunció un breve discurso, en un tono llamativamente emotivo para su estilo usualmente parco, presentó a sus hijos a las cámaras fotográficas, también algo inédito, y partió al Palacio de Buckingham a presentar formalmente su dimisión a la Reina.
A los pocos minutos abandonó en automóvil el Palacio e ingresó Cameron, quien a su vez se presentó poco después ante Downing Street 10, junto a su esposa, para anunciar que formaba gobierno con los liberaldemócratas. Los helicópteros con las cámaras de la prensa captaban la coreografía de limusinas como si formaran parte de un ritual.
Todas las miradas están puestas ahora en las duras decisiones políticas a que se enfrenta el nuevo gobierno. «Le deseo lo mejor al nuevo primer ministro», dijo Brown. Y la va a necesitar. Porque Cameron, que prometió a los británicos liderar un cambio, lo va a tener difícil.
En política europea seguirá siendo un capítulo de alguna rispidez. El Reino Unido no aceptó el euro, no pertenece al acuerdo de Schengen de libre tránsito y los conservadores ya no integran la bancada del Partido Popular Europeo en el Parlamento comunitario. La actitud recelosa de Londres con respecto a Bruselas difícilmente cambiará.
Pero queda por verse hasta qué punto podrán ejercer influencia los liberaldemócratas, que están en este aspecto en la vereda opuesta de los conservadores. Sobre todo su líder, el ex eurodiputado Nick Clegg, tiene una postura sumamente amistosa hacia la Unión Europea.
También en la política de defensa pueden registrarse diferencias entre los socios de coalición. Los liberales se habían pronunciado contra la guerra de Irak y ven la presencia de tropas británicas en Afganistán con mayor escepticismo que los conservadores.
En cuestiones económicas prima, en tanto, una generalizada coincidencia entre ambos partidos: la prioridad es achicar el déficit fiscal y el endeudamiento. El déficit del presupuesto asciende a cerca del 12% del PBI, cuatro veces el tope permitido por la UE.
Los laboristas inician en tanto la disputa interna por la sucesión de Brown. También aquí se anuncia una puja plena de emoción: podría producirse una lucha fratricida entre el ministro de Relaciones Exteriores saliente, David Miliband, y su hermano Fred, último titular de Medio Ambiente.
Agencia DPA


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