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El Salvador: izquierda militariza la seguridad
El politólogo Fabián Calle, investigador del CARI y del Conicet, dijo a Ámbito Financiero que «esto es resultado del fenómeno de las maras, esas pandillas surgidas de la guerra civil, de los desplazados que en los años 80 llegaban a Estados Unidos y allí se organizaban al modo de las ya existentes bandas mexicanas». Hoy, «según el FBI, hay más de un millón y medio de mareros -mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, etcétera-, la mayor parte en EE.UU., donde los capturan y deportan; al regresar a sus países de origen ya tienen hecho un posgrado en maras», agrega Calle.
«Salvador es el epicentro de este fenómeno por la magnitud de la guerra civil que vivió. Allí las Fuerzas Armadas tienen hoy menos efectivos que unas maras cada vez más ligadas al narcotráfico y con mayor poder de fuego, mientras la Policía es débil, corrupta y deficiente; la correlación de fuerzas es tal que al Estado sólo le queda recurrir a las FF.AA.», concluye este especialista, a quien no sorprende que sea un presidente de izquierda el que lo haga.
«No es un problema ideológico: frente a una masa crítica amenazante, se puede ser de centro, de derecha o de izquierda, pero no idiota, porque éstas son redes delictivas, tropas de choque del narcotráfico, cuyo accionar condiciona a los gobiernos. No tienen ideología, pero sí agenda política, corrompen, asesinan». Funes es un ex periodista que llegó al poder con apoyo de Hugo Chávez, pero afirma que su referente es Lula da Silva.
Max Manwaring, coronel retirado y profesor de Estrategia Militar en la Escuela de Guerra del Ejército estadounidense, tiene la tesis de que las maras están mutando hacia formas de insurgencia urbana. «Estos nuevos actores no estatales -dice Manwaring- pueden adquirir poder político para garantizar su libertad de acción» y un entorno favorable a sus «negocios». En consecuencia, dice, habrá que tomar medidas efectivas para enfrentar la «naturaleza mitad criminal y mitad política de las pandillas» que «están reduciendo la capacidad de control civil y militar del territorio nacional».
Así parece haberlo entendido toda la sociedad salvadoreña, no sólo el Gobierno. La primera en pensar en el Ejército fue la Iglesia Católica. El rector de la Universidad Centroamericana, José María Tojeira, sacerdote jesuita, propuso integrar la mitad de las fuerzas militares, unos 5.000 efectivos, al cuerpo policial. Además, el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, explicitó su respaldo a la iniciativa del presidente Funes.
«La delincuencia ya es un problema de seguridad nacional», dijo el ministro de Defensa, general David Munguía, al anunciar que el Ejército tiene listos unos 6.500 efectivos para las operaciones que ordene el presidente, atendiendo «al clamor de la ciudadanía». Una encuesta del diario La Página revela que el 90% de los lectores está de acuerdo con que el Ejército patrulle las calles.


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