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El señor de los anillos
Juan Antonio Samaranch, cuya gestión de 21 años como presidente del COI se vio marcada por un crecimiento exponencial de los Juegos y su más grave escándalo de corrupción, murió ayer en Barcelona.
Nació en 1920 en el seno de una rica familia de Barcelona y obtuvo un título universitario en comercio antes de volcarse a los deportes. Compitió en boxeo y en hockey sobre patines, deporte que promovió gracias a su fortuna y del que organizó un campeonato internacional en Barcelona en 1951.
Cuando fue elegido presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), en los Juegos Olímpicos de Moscú, en 1980, la institución se encontraba casi en bancarrota. Había poco dinero en las arcas y Estados Unidos encabezaba un boicot de 65 países a ese evento deportivo tras la invasión soviética a Afganistán, en 1979.
En los 21 años siguientes, Samaranch cambió el rumbo del comité al entablar acuerdos televisivos y de patrocinio, además de aumentar el número de países que participaban en la competencia. A pesar de que su gestión fue tan exitosa, dos fantasmas lo persiguieron en su carrera: las acusaciones de corrupción dentro del COI y sus vínculos con el Gobierno militar de Francisco Franco. Los Juegos Olímpicos de 1984 fueron el punto de inflexión al convertirse en los primeros en obtener beneficios económicos.
La vigésima quinta edición del evento en su ciudad natal, Barcelona, en 1992, recaudó más de u$s 1.500 millones, en medio de acusaciones de que los juegos habían pasado de ser un festival de amateurs a un espectáculo profesional de la industria del entretenimiento. Pero para muchos, la intensa competencia que se desataba para ser sede de las Olimpíadas, junto con el botín multimillonario que ello implicaba, puso de manifiesto la debilidad de la cúpula del comité y de sus mecanismos de control.
En 1998 se denunció que delegados de Salt Lake City, en Estados Unidos, habían ofrecido dinero a cambio de votos a su favor para organizar los Juegos Olímpicos de Invierno. Esto provocó una investigación en la que salió a la luz la cultura de la corrupción en todos los niveles del COI. A partir de ese momento, Samaranch tuvo que hacerse cargo de la tarea de limpiar la imagen del COI y volver más transparentes sus mecanismos financieros.
Aunque la aparición de millonarias estrellas de básquet de la NBA y jugadores ricos de tenis recibió muchas críticas, la política del barcelonés fue la de buscar el mayor nivel de excelencia posible en la máxima cita deportiva del mundo.
Sus últimos Juegos Olímpicos le resultaron una experiencia agridulce. Su esposa murió mientras él participaba en la ceremonia de apertura, en Sídney.
Su último acto como presidente del COI fue lograr que China fuera elegida sede de los Juegos de 2008, para escándalo de los grupos de derechos humanos. Incluso, en la parte final de su mandato en 2001, Samaranch se esforzó por hacer realidad tres objetivos como parte de su legado: conferir la sede de 2008 a Pekín, la elección de Rogge como nuevo presidente y el nombramiento de su hijo homónimo como miembro del COI.
Samaranch se despidió como el segundo presidente que más tiempo gobernó en los 107 años de historia del COI. Sólo Pierre de Coubertin, el barón francés que fundó las olimpíadas modernas, estuvo más tiempo en el cargo, al hacerlo durante 29 años (1896-1925). El estadounidense Avery Brundage lo hizo durante 20 (1952-72).



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