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El sexto grande
El abrazo interminable de los chicos de Huracán, en el festejo del gol de Facundo Quiroga. Le ganaron 3 a 0 a su clásico rival, con mayoría de juveniles.
Miguel Brindisi confió en los chicos de las divisiones inferiores y armó un equipo que no tuvo demasiado juego, pero que no dio nunca una pelota por perdida.
En cambio, San Lorenzo pareció que sobraba el partido. Empezó dominando y queriéndolo definir de entrada, pero ante el gol de Carlos Quintana (buena media vuelta en el área, definiendo como delantero) no tuvo reacción y terminó perdiendo la pelota.
Su única arma fue Leandro Romagnoli, quien hizo un buen trabajo, pero nunca encontró destapados a los delanteros, que se entregaron mansamente a sus marcas.
Huracán golpeó en los momentos justos, ya que el segundo gol fue a los 6 minutos del segundo tiempo, cuando San Lorenzo se quería reacomodar después de la arenga de Ramón en el vestuario, y lo hizo el otro zaguero, Facundo Quiroga, quien recogió un rebote y definió de volea a un ángulo.
San Lorenzo fue a buscar el descuento con mucho desorden y en un contraataque llegó el penal y el gol de Diego Rodríguez, que lo tuvo que ejecutar dos veces, porque en la primera Migliore se adelantó un paso, por lo que su atajada no sirvió.
Con el partido definido, San Lorenzo buscó con amor propio, y los chicos de Huracán pelearon cada pelota como si fuera la última de sus vidas.
Esa fue la verdadera diferencia, entre el amateurismo todo corazón de Huracán y el profesionalismo apático de un San Lorenzo que subestimó a su clásico rival y fue fatal.


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