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El tercer distrito del país, ahora dividido en tres
Ese combo, que tuvo hasta ayer en vilo a los socialistas, abrió las puertas a un segundo intento del PRO por acceder a la gobernación, tras el ensayo del 2011 en el que Miguel del Sel perdió las generales por apenas tres puntos.
Ayer, los santafesinos votaron a un hombre de la provincia, que la recorrió con afecto, y que de alguna manera permitió que los electores no sólo le pusieran cierto límite al Frente Progresista, sino también que le mostraran sus falencias.
El peronismo, en tanto, reavivó con esta elección su deseo de recuperar el poder que ostentó hasta 2007 con el último Gobierno de Jorge Obeid (fallecido en enero de 2014), tras lo cual se abrió un escenario de fragmentación letal para la fuerza que terminó de desgastarse con la declinación a la candidatura de María Eugenia Bielsa y el pase definitivo de Carlos Reutemann a las filas del PRO, sello con el que peleará por la renovación de su banca en el Senado nacional en octubre.
"Había que remontarla desde lo provincial, y no podíamos cometer el mismo error que (Agustín) Rossi, que se propuso más como un delegado del proyecto nacional y terminó recibiendo un cruel castigo", referenció un hombre del entorno de Omar Perotti.
En los últimos días, los tres candidatos con más chances hicieron esfuerzos denodados por marcar diferencias entre sí, pero centraron su afán programático en el tema de la seguridad, sin abordar públicamente otros ejes, como obra pública, empleo, deuda social o política tributaria, otra gran crítica ciudadana a la actual gestión del Frente Progresista que encarna Antonio Bonfatti.
La grave crisis en la que se vio sumida la provincia en los últimos años producto del avance de la delincuencia y el narcotráfico, el crecimiento de las villas miseria (especialmente en el Gran Rosario) y el farragoso funcionamiento de la Policía, decretaron la necesidad de un cambio drástico en la gestión, animando de ese modo la esperanza de la oposición que exhibió esas debilidades como tesis de campaña.
"Haber perdido las PASO contra Del Sel por 3.000 votos de diferencia nos hace pensar que algo estamos haciendo mal, y haber estado ayer casi sin aliento por la extrema paridad es un verdadero cimbronazo", se sinceró un dirigente del socialismo.
Pero el retorno a la provincia de la Gendarmería y la Prefectura en el último tramo de la campaña (gracias, en gran medida, a que Perotti intercedió ante el secretario Sergio Berni) y el arresto del líder de "los monos" trajeron cierto alivio a los habitantes del distrito, especialmente en la populosa Rosario y en Santa Fe, la ciudad capital.
Así las cosas, y con todas las cartas ya echadas, Miguel Lifschitz, exintendente de Rosario y actual senador provincial, decidió polarizar presentando logros de la gestión y programas a futuro, y asimilando a la oposición a los 90.
Del Sel, en cambio, apeló a vínculos personales, emotivos, presentando casos puntuales para cada una de sus propuestas y recurrió de manera incesante a la necesidad de superar una etapa política.
Perotti -tres veces intendente de Rafaela- ancló su discurso a su experiencia, a la transparencia y a la necesidad de volver a posicionar a Santa Fe como centro de desarrollo productivo. Mientras que Crivaro y Martínez desviaron discusiones, el primero en total y abierta oposición declaró ser la voz de los no escuchados, el segundo apuntó todas sus críticas al Gobierno nacional.
Toda elección termina siendo una lección. Habrá que ver cuál de todos los protagonistas aprueba el examen.

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