“El viaje fantástico más importante es a nuestro interior”

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 Un mundo en guerra, en un planeta poblado de psicópatas con aventuras imperiales a la conquista de ricos yacimientos mineros, y grupos resistentes que buscan la independencia de la zona.

Un mundo ocupado por un corrupto sistema en el que poder, religión y comercio son una misma cosa, donde las drogas que ofecen visiones psicotrópicas y trascendencia, que ayudan a borrar la memoria y a soportar el caos en que se vive.

Allí está el capitán Reynolds que, cansado de las victorias de los irisinos liderados por el insurgente Orlewen, decide emprender su guerra particular.

Eso es parte de lo que ofrece "Iris" la nueva novela de Edmundo Paz Soldán, una extraordinaria distopía (palabra que a partir de John Stuart Mill es el antónimo de utopía, y designa una sociedad donde las tendencias sociales han llegado a extremos apocalípticos).

Desde hace más de veinte años el prolífico y reiteradamente galardonado escritor boliviano Paz Soldán vive en Estados Unidos, donde es profesor de Letras en la Universidad de Cornell.

En su breve visita a Buenos Aires dialogamos sobre su más reciente novela.

Periodista: ¿El impulso de partida para su novela "Iris" fue querer sentirse un dios y crear un planeta con su gente, un mundo tenebroso donde hay una guerra?

Edmundo Paz Soldán: Algo así como el sueño del pibe. Pero no, eso no fue intencional en principio. No era el plan. Cuando leí un reportaje en la revista Rolling Stone sobre los soldados psicópatas estadounidenses en Afganistán, muchachos de entre 18 y 21 años, que se pusieron a matar civiles por su cuenta, y que terminaron ante una corte marcial, pensé que era una buena idea para una novela. Me servía para que fuera el cierre de una trilogía de novelas sobre la violencia en los Estados Unidos, de las que llevaba escritas "Los vivos y los muertos" y "Norte". Comencé a investigar, a leer libros de crónicas ambientadas en Afganistán, y me di cuenta de que la cosa no iba por ahí. Mis últimas novelas estaban basadas en hecho reales documentados, y estaba un poco saturado. Pensé: ¿cómo hago para salir de eso, si lo que me interesa es la historia? Un amigo, que sabía de mis gustos de adolescente, me dijo: ¿por qué no la ambientas en Marte? Me pareció un disparate. Marte ya es de Bradbury, de Philip K. Dick, de grandes de la ciencia ficción. Pero sí voy a hacer una cosa más fantástica, menos realista, y ahí se me ocurrió un planeta con un territorio llamado Iris. Y me puse a pensar en su lenguaje, su religión, sus costumbres. Luego me puse a desarrollar la historia, al tipo de gente que vivía allí, cómo se relacionaban entre ellos, que comían, como era la flora y la fauna. Por escapar del problema de la documentación me había metido en un problema más serio, que era tratar de crear un mundo coherente.

P.: ¿Buscó construir una utopía que se relaciona con los cambios de la realidad mundial?

E.P.S.: A mí no me interesa el registro más literario de la ciencia ficción, la especulación de lo que puede ocurrir dentro de 50 años, porque la tecnología en dos años deja obsoleto lo que se imaginó. Tampoco me interesa la ciencia ficción de naves espaciales y viajes a planetas lejanos. Ballard decía que el viaje más importante de la ciencia ficción es al interior del ser humano. Concretamente, me interesa la ciencia ficción de contenido político que trabaja con las ansiedades del presente. Es lo que han logrado George Orwell o Aldous Huxley con obras sobre el totalitarismo, o Philip K. Dick cuando registra la paranoia de la Guerra Fría. Me interesa ver lo que está pasando hoy, y la ciencia ficción es una forma desplazada de hablar de los miedos, ansiedades y pesadillas del presente. Como vivo hace 20 años en Estados Unidos sufrí el impacto de lo ocurrió y de algún modo para mí "Iris" comenzó como una novela pos 11 de septiembre. Me interesaba trabajar en una serie de interrogantes. ¿Cuáles son las nuevas aventuras imperiales en el siglo XXI? ¿Cuál es el nuevo desorden global? El avance de la globalización ha provocado el resurgir de tribalismos, nacionalismos, fundamentalismos. Quería contar de pasaje caótico, desordenado, con cambios que no llevan a un avance continuo sino que hace resurgir atavismos que se habían dejado atrás. Surgió un territorio donde coexiste el progreso con lo primitivo.

P.: ¿Así diseñó el territorio de Iris?

E.P.S.: William Gibson escribió "el futuro ya ha llegado, sólo que no está distribuido de forma pareja". Cuando ambientaba "Iris" pensaba que iba a haber partes tecnológicas que llevaran al futuro y estuvieran mezcladas con elementos tribales, arcaicos, con fundamentalismos que imponían la religión en la vida cotidiana. Cuando escribí "El delirio de Turing", una novela de 2003 sobre el mundo de la criptografía y los hackers, pensé que sería una novela de ciencia ficción, pero la realidad con los casos de Julian Assange y Edward Snowden la volvió realista. Con "Iris" no va a pasar lo mismo.

P.: ¿Ser latino en Estados Unidos le dio permiso de escribir ciencia ficción?

E.P.S.: Hay un renacer de la ciencia ficción, y todo parece indicar que va a ser tan popular como la novela negra. Lo que tiene de bueno la literatura latinoamericana es que no está tan atada al género. Borges cruza la ciencia ficción con lo fantástico. Si los latinoamericanos no hemos hecho ciencia ficción, salvo en unos pocos casos, es porque tenemos una relación ambigua con la ciencia. El continente no ha sido gran creador de nuevas tecnologías y de teorías científicas, es más un receptor. Pero no somos receptores pasivos de esas nuevas tecnologías, y tenemos que de algún modo procesarlas culturalmente. Y la ciencia ficción es un gran procesador de ese tipo de impactos culturales. El hecho que no se inventen entre nosotros no quiere decir que no se nos metan en la cabeza, que no cambien nuestra identidad, nuestra subjetividad. Contamos con "La invención de Morel" de Bioy Casares, que es uno de los clásicos de mi canon personal de la ciencia ficción, uno de mis libros fetiche que más enseño en la universidad. Otro libro de la literatura argentina que me encanta es "Plop" de Rafael Pinedo, es más pos apocalíptico, qué pasa cuando se acaba la sociedad y se tiene que empezar de nuevo y reinventar el mundo desde el lenguaje, crear nuevos mitos. Ese libro me ayudó muchísimo. Yo quería tener una genealogía de escritores latinoamericanos que tratan la ciencia ficción y lo fantástico, y obviamente la tradición argentina es la más fuerte en el continente.

P.: Contar de una guerra, de un mundo tenebroso, es hasta parte del oficio de un narrador profesional, pero, ¿cómo hizo para inventar una religión y un lenguaje?

E.P.S.: "Iris" es una novela para mí muy boliviana. No es que quisiera escribir una novela boliviana, pero sí dialogar con cosas del imaginario cultural boliviano. Una cosa que me fascino desde niños es que en las minas de Bolivia existe la tradición de El Tío, que es la deidad de las profundidades, un demonio, un macho cabrío, con un falo muy grande y cuernos, al que hay que darle ofrendas antes de entrar a la mina. Y allí se realiza el baile es la diablada, que va del socavón a la catedral. Pensé que el dios en Iris no tenía que ser un dios benévolo, sino con algo demoníaco. Y ahí empecé a investigar y ligar a El Tío con otras tradiciones que estuvieran conectadas. Bruce Chatwin en "The Songlines" habla de los aborígenes australianos que piensan que su dios los invade con una canción que los lleva a desplazarse por el territorio. Se entregan a un dios que les da un camino que los lleva a la vida o a la muerte. Fui haciendo de datos antropológicos, religiosos, culturales para armar una cosmovisión coherente. A la vez, novelas como "La Guerra del Fin del Mundo", de Vargas Llosa, me han ayudado muchísimo para crear el escenario de "Iris". Yo quería que el lector desde la primera página se sintiera en un mundo otro, un mundo hostil, y que a la vez hubiera algo que lo llevara a seguir allí y a no dejar de avanzar.

P.: ¿Qué fue de McOndo, aquella generación literaria continental. de los años '90, de la que usted fue uno de los miembros destacados, que sostuvo que el realismo mágico ya no tenía nada tenía que ver con América Latina?

E.P.S.: Ahí estamos, cada uno en proyectos muy diferentes. Yo tengo diálogo con algunos como Rodrigo Fresán o Albero Fuguet, son mis amistades que más han perdurado. Lo interesante de aquella antología polémica de 17 autores, que decía basta a ese realismo mágico que no nos representa, es que de ello, hay por lo menos 8 que siguen publicando, que son conocidos.

P.: ¿Crear un mundo no lo comprometió a tener que seguir en él?

E.P.S.: Después de concluir la novela, me puse a escribir un libro de cuentos ambientado en Iris, que se va a llamar "Las visiones". Y sobre el líder de los soldados psicópatas, el capitán Reynolds, me interesó cuál fue su educación sentimental, su infancia, su adolescencia, y más que una secuela estoy escribiendo una precuela. Genera una especie de obligación tener un mundo. Surgen ideas. Me doy cuenta que es un mundo mucho más grande de lo que en principio pensaba, donde por el momento estoy atrapado.



Entrevista de Máximo Soto

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