El Vonnegut más irónico y demoledor

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Kurt Vonnegut, «Cuna de gato» (Bs.As., La Bestia Equilátera, 2012, 248 págs.)

Una novela demoledora de fantasías optimistas, de ilusiones religiosas, de utopías candorosas. Enfrenta los ideales familiares mostrándolos tortuosos, los espiritualismos absurdos y las políticas deleznables. Un relato desoladoramente amargo, ferozmente divertido, felizmente sardónico. Una sátira que se alimenta de humor negro para poner en ridículo el mundo a través de un apocalipsis científicamente programado y torpemente casual. Kurt Vonnegut (1922-2007) escribió este libro hace exactamente medio siglo, y sigue repartiendo asombros y amargas carcajadas.

Aparecía con «Cuna de gato» al mismo tiempo que John Kennedy Toole (escritor posteriormente de culto, como él), terminaba «La conjura de los necios» (otro libro que usa la risa para señalar una sociedad lamentable). «Cuna de gato» ha sido condenado a ser catalogado como novela de fantasía científica, cuando en realidad se lo podía colocar como un pulcro, ordenado y estricto carnaval, un juguete rabelesiano como diría acaso Mijail Bajtín.

El narrador de «Cuna de gato» explica de partida: «Cuando yo era más joven, hace dos esposas, hace doscientos cincuenta mil cigarrillos, hace tres mil litros de alcohol, empecé a compilar material para un libro que se llamaría «El día que terminó el mundo». El libro narraría una historia verídica. Narraría lo que habían hecho importantes personajes de los Estados Unidos el día que se arrojó la primera atómica en Hiroshima, Japón. Sería un libro cristiano. Entonces yo era cristiano. Ahora soy bokonomista». Un punto de partida donde está todo lo que se va a desarrollar. La búsqueda de Felix Honikker, uno de los «padres de la bomba». Un científico que no se ha quedado contento con su colaboración destructiva y se ha dedicado a inventar, a pedido de un alto jefe militar de la Marina, un producto que endurezca el lodo, y él crea el «hielo nueve», ese «Ice-9», «ice nine», que suena en inglés a «asinine»: necio, y de la necedad se trata todo lo que ocurre. Ice-9 congela los líquidos y una gota puede provocar una reacción en cadena que puede destruir toda forma de vida en el planeta.

En su búsqueda de información el narrador, al saber que el científico ha muerto, va tras sus herederos. Uno de ellos ha quedado marcado por un hecho trivial. El día que la bomba atómica cae en Hiroshima, uno de sus creadores, Hoenikker, se dedica con uno de sus hijos a un «juego con hilos». Es un juego tradicional que busca armar formas con un hilo anudado y con ayuda de los dedos. Un juego que en inglés se llama Cats Craddle, la «Cuna del Gato», titulo de esta novela. El objetivo es pasar la «cuna del gato» a los dedos de otra persona, cambiando la forma, armando otro dibujo con los hilos, pero recuperando siempre la forma de «x». Las líneas de los hilos cruzados son el esqueleto de una trama que se pasa de mano en mano manteniendo la incógnita, la gran incógnita del futuro posible.

El «juego de los hilos» estaba siendo estudiados por los antropólogos, y con «Cuna de Gato», Vonnegut fue laureado ad honorem en la Universidad de Chicago, y recibió el Premio Hugo, el más importante en ciencia ficción. La trama de los hilos del relato llevan al lector, finalmente, a un isla del Caribe, la desopilante República (bananera) de San Lorenzo, con su obvio dictador, los hijos del científico herederos de porciones del letal «hielo nueve», y Bokonon, creador de la religión bokonista que sostiene que «hay que vivir de acuerdo con las falsedades inofensivas que te hacen valiente, amable, saludable y feliz». Por su novelas «Matadero cinco», «Desayuno de campeones» y «Cuna de gato», Kurt Vonnegut es considerado uno de los más grandes escritores estadounidenses del siglo XX.

M.S.

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