27 de abril 2012 - 00:00

Elección del presidente del Banco Mundial; importa quién gane (y cómo es elegido)

Carola Pessino
Carola Pessino
Se presentaron tres candidatos para la presidencia del Banco Mundial. Robert Zoellick, su actual presidente, deja el puesto en junio de este año. El Center for Global Development (Centro para el Desarrollo Global), presidido por una de las expertas más importantes en desarrollo económico, Nancy Birdsall, y el Washington Post, entrevistaron a los candidatos con preguntas de la audiencia presente y virtual (a través de e mail y Twitter). De los tres candidatos, sólo dos contestaron y aceptaron la invitación para discutir sus propuestas: la ministra de Economía de Nigeria Ngozi Okonjo-Iweala (nominada por un grupo de países representado por Sudáfrica) y el exministro de Economía colombiano José Antonio Ocampo (nominado por la República Dominicana). El médico surcoreano, nacionalizado estadounidense Jim Yong Kim, nominado por Obama en Estados Unidos, no aceptó la invitación. Los tres candidatos fueron entrevistados, en forma exhaustiva, entre el 9 y el 11 pasados por los 25 directores ejecutivos del Banco Mundial que representan a los 187 países miembro. Los tres candidatos tuvieron en la comunidad internacional y los medios, sus defensores y detractores, pero más allá de ello, ésta fue la primera vez desde la creación del Banco Mundial en 1944 que hubo tres personas nominadas para el cargo, aunque la mayoría de los expertos coincide en que seguirá imponiéndose el candidato presentado por Estados Unidos, independientemente de quién sea el que tiene mayor mérito para serlo.

Muchos podrían argumentar que no importa quién maneje este organismo multilateral, ya que después de tantos años y con su considerable tamaño, es probable que tenga inercia propia, pero como expresara Nancy Birdsall, al abrir las sesiones organizadas por el Centro de Desarrollo Global: «Primero, sí importa quién preside el Banco Mundial; segundo, además importa cómo es elegido su presidente; y Tercero, esta competencia entre candidatos no tiene precedentes, ya que hasta ahora el Consejo de Directores sólo votaba por sí o por no al candidato elegido por EE.UU.». Según Birdsall, importa quién preside el Banco Mundial, ya que tiene un inmenso poder, con más de 10.000 empleados y un presupuesto administrativo de más de 2.000 millones de dólares, con recursos técnicos y financieros inigualables, prestando en un solo año 20 mil millones de dólares y desembolsando durante la crisis de 2009 alrededor de 45 mil millones en respuesta al pedido del G-20 de aumentar la liquidez mundial. Además, importa quién dirige el Banco Mundial porque el mundo tiene grandes problemas que el banco puede ayudar a resolver. Entre estos problemas, se encuentran el de los bienes públicos globales, como el cambio climático, riesgos de contagios de pandemias, escasez de recursos naturales donde el banco podría tomar acciones si el nuevo presidente le asigna más claramente este rol. Otro problema son los altos costos administrativos para prestar a países de ingresos medios. El banco usualmente gasta muchas misiones y meses, a veces años en pasar de un pedido de crédito a un desembolso, supervisando todos los insumos del proyecto más que los resultados del mismo. Sin un claro liderazgo de un presidente competente, sería muy difícil llevar a cabo estos cambios y más aún si no cuenta con la legitimidad necesaria de haber sido elegido con un proceso competitivo.

Estados Unidos es el mayor aportante del Banco Mundial y además, dado el tamaño de su economía, es el mayor accionista, con aproximadamente un 16% de los votos, asegurando hasta ahora el aporte de fondos necesarios para el funcionamiento de la entidad. Si bien el 16% de los votos no garantiza que EE.UU. pueda «colocar» con seguridad a su candidato, la regla «no escrita» es que la presidencia del Fondo Monetario es para un europeo y la del Banco Mundial para un estadounidense, lo cual hace que se apoyen mutuamente cuando es necesario. Sumando los votos de Alemania, el Reino Unido, Francia y Japón, que cuentan con un director cada uno a los de EE.UU. se llega al 38% de los votos del directorio del BM. Con el cambio poscrisis del poder político y económico, y la capacidad relativa de países como Brasil, Rusia, India y China (que hoy cuentan con sólo aproximadamente el 11% de los votos) de aportar más fondos y obtener mayor poder en el BM, se ha empezado a plantear la necesidad de elegir el nuevo presidente basado en meritocracia; conocimientos y liderazgo más que en ciudadanía; además se comienza a requerir que posea una propuesta concreta para, al menos, los temas fundamentales de los cambios que necesita experimentar el Banco Mundial en las próximas décadas.

Al ganar el candidato de Obama, Jim Kim, se garantiza de algún modo que EE.UU. siga siendo el mayor aportante al BM y además Obama «gana» poder con su candidato aprobado por el resto de los países, en un período preeleccionario con la crisis económica todavía tambaleando cerca. Ésta parece ser la situación que tenderá prevalecer. Kim (graduado de Harvard, médico y antropólogo especialista en salud pública, actualmente presidente del Darmouth College) ha obtenido a través de su trabajo en la Organización Mundial de la Salud (OMS) resultados positivos en la lucha contra el sida y la tuberculosis, entre otras enfermedades infecciosas. Esto que resalta Obama, que lo llama especialidad en desarrollo, aunque es en realidad especialista en salud, es lo que critican muchos, entre ellos The Economist, para los que el Banco Mundial requiere de alguien con conocimientos y actuación más amplios y además que el proceso de selección sea competitivo, transparente y basado en el mérito.

¿Qué ofrecían los dos candidatos que se prestaron al debate público organizado por el Center for Global Development y The Washington Post? Con el privilegio que tuve de estar presente en ambas reuniones, debo decir que ambos candidatos, más allá de la experiencia en los ministerios de Economía o Finanzas de sus países, y de su actuación en organismos internacionales en puestos de envergadura, mostraron un gran interés en liderar la institución hacia el cambio, priorizando su meta de reducción de la pobreza. Ambos destacaron debilidades del BM en cuanto a su ejecutividad y rapidez en otorgar préstamos y reclamaron que preste más atención a las propias propuestas de sus países miembro clientes, más que tratar de imponer sus propias políticas. Ambos destacaron la actuación del BM no sólo como financista sino en su rol de conocimiento y transmisión del mismo para la mejora en los procesos de desarrollo. Entonces, ¿cuáles fueron las mayores diferencias? La ministra nigeriana, educada en Harvard con un Ph.D del MIT, fue más detallista y pasional en cuanto a las políticas de desarrollo que el Banco debería enfatizar: creación de empleo como herramienta fundamental para disminuir dignamente la pobreza, sin descartar hacerlo a través de proyectos de infraestructura de envergadura; mejorar los sistemas de salud, incrementar el comercio Sur-Sur y no sólo el conocimiento Norte-Sur sino también del Sur al Norte; y mejoras en las bases de datos para identificar a los más pobres. Ocampo, con un Ph.D de la Universidad de Yale, y actualmente profesor de Política Pública en la Universidad de Columbia, con numerosas publicaciones en temas de desarrollo y macroeconomía aplicada, no fue al detalle en enunciar políticas sociales para el desarrollo y la disminución de la pobreza, aunque los considerara importantes, pero sí en enfatizar que el Banco Mundial debería pedir a sus accionistas (los países) un incremento en su capital, y que habría que cambiar la cultura en el banco, logrando que ocupe un rol coordinador o catalizador de otros organismos internacionales como las Naciones Unidas. Okonjo-Iweala cuenta con experiencia de más de 20 años en el Banco Mundial llegando a ser la mano derecha de Zoellick, y por ende con gran conocimiento «interno» para liderar el cambio. Es así que Ocampo, con experiencia pero en otros organismos considerados más burocráticos de la órbita de las Naciones Unidas, decidió el día 13 retirarse de la contienda y apoyar la candidatura de la nigeriana, argumentando la falta de apoyo político de su candidatura, comenzando por la del propio presidente de su país.

Actualidad

Estas discusiones sirvieron para ilustrarnos dos temas de actualidad: 1) que el liderazgo en el mundo está cambiando, que hay países que están ganando presencia y poder internacional y, 2) que el mundo requiere más transparencia y gobernancia en instituciones públicas, en este caso internacionales. Ello ha llevado a que varios organismos como think tanks, y medios, tanto de países en desarrollo como de EE.UU. y del resto del mundo desarrollado propongan cambiar el equilibrio de poder en estas instituciones comenzando por la selección del presidente. Sin embargo, es difícil cambiar el poder relativo de los países en estas instituciones rápidamente, y además queda la duda de cuántos países menos desarrollados puedan liderar una institución multilateral cuando muchas veces sus instituciones domésticas están sospechadas de corrupción, mal funcionamiento, y en general débil gobernancia, aunque los individuos propuestos para los puestos internacionales, como lo fueron en este caso, hayan sido capaces y honestos.

Una posible reforma en el sistema de selección del presidente que se ha propuesto y que contemplaría ambos problemas en llegar a una solución más extrema, es la de implementar un sistema de votación por doble mayoría que requiere alcanzar dos mayorías por separado: tanto la mayoría de votos ponderados (los votos de acuerdo con las cuotas ponderadas económicamente) como hasta ahora, y además necesita la mayoría de los países (sin ponderar) con el criterio «un país, un voto» para ser elegido presidente. De este modo se protegen los intereses de los mayores accionistas (EE.UU., Europa, etc.) y la decisión se hace más inclusiva de los países en desarrollo y emergentes.

Queda entonces la duda de si merecerán Brasil, Rusia, India y China y el resto de los países emergentes y en desarrollo tener mayores poderes en este organismo dado que su crecimiento reciente se debe en gran parte al aumento en el precio de sus commodities, más que en mejoras en su gobernancia y disminución de su corrupción interna, como bien leemos en los diarios día tras día.



(*) Visiting Fellow Center for Global Development e investigadora senior de UCEMA.

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