22 de octubre 2010 - 00:00

Elecciones complican esfuerzos por detener apreciación del real

La candidata oficialista a la presidencia, Dilma Rousseff, no asumirá el costo político de realizar recortes si Luiz Inácio Lula da Silva continúa ligado al Gobierno.
La candidata oficialista a la presidencia, Dilma Rousseff, no asumirá el costo político de realizar recortes si Luiz Inácio Lula da Silva continúa ligado al Gobierno.
San Pablo - Brasil fue el primer país en declarar que existe una «guerra cambiaria internacional», pero los funcionarios que tratan de contener la apreciación del real también enfrentan un enemigo interno: la candidata presidencial de su partido. El reñido balotaje del 31 de octubre presionó fuertemente a la autoridad monetaria para que mantenga creciendo la economía de Brasil a toda marcha para favorecer a la candidata oficialista y favorita para los comicios, Dilma Rousseff.

Eso les hizo imposible anunciar el tipo de recortes presupuestarios que es la única herramienta disponible para enfriar la demanda de los inversores por el real brasileño, que Goldman Sachs llamó recientemente la moneda más sobrevaluada del mundo. En vez de eso, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, y sus colegas probablemente tendrán que seguir recurriendo a medidas ineficientes, como el impuesto sobre las compras de bonos locales por parte de extranjeros, que fue nuevamente elevado el último lunes, para detener la valorización del real y proteger a los exportadores.

Autoridades de Brasil dieron pistas respecto de que podrían estar preparándose pequeños recortes presupuestarios para después de las elecciones, pero eso ofendería a la base de funcionarios públicos del partido oficialista, y los detalles no serían anunciados hasta enero o después si Rousseff gana los comicios, como espera la mayoría de los analistas. «El frente fiscal es la única solución buena, pero sería suicida para ellos anunciar algo hasta que las elecciones hayan terminado», dijo David Rees, economista de mercados emergentes de Capital Economics, en Londres.

Mantega, el primero en hablar sobre la llamada «guerra cambiaria» y que instó a países que enfrentan problemas similares a tomar una acción coordinada en el encuentro del G-20 de esta semana en Corea del Sur, también anunció el lunes un incremento del impuesto sobre derivados para desalentar especulaciones a corto plazo con el real.

Apreciación

Brasil no puede hacer mucho sobre el problema fundamental, un torrente de dinero que llega desde países desarrollados estancados a mercados emergentes que ofrecen economías dinámicas con altos retornos. La tasa de interés referencial de Brasil, Selic, es de un irresistible 10,75% anual, una de las más altas del mundo. El real está cotizando cerca de sus máximos niveles frente al dólar en dos años, a 1,65-1,70 unidad por divisa estadounidense. La moneda se apreció un 6% desde fines de junio y más de un 100% desde que llegó al poder el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en 2003.

Mantega y funcionarios del Banco Central negaron que las consideraciones políticas jueguen un rol en la conducta fiscal o monetaria, pero recientes medidas -y conversaciones sobre medidas futuras- siguieron de cerca el calendario electoral de Brasil.

El gran déficit de cuenta corriente de Brasil, que en 12 meses hasta agosto alcanzó un 2,32% del PBI, significa que el país no puede seguir elevando el impuesto sobre compras de bonos locales por parte de extranjeros o dar otros pasos para ahogar el capital externo, ya que la tasa de ahorro interna es muy baja. Eso deja a la política fiscal como la herramienta principal disponible para rebajar la tasa de interés y así hacer que los rendimientos sean menos atractivos para extranjeros.

Sin embargo, ése es un camino políticamente sensible, especialmente para el oficialista Partido de los Trabajadores (PT), que cuenta con funcionarios públicos y sindicatos para que le den la victoria a Rousseff en una reñida disputa contra el opositor José Serra.

Funcionarios del PT dijeron que Lula planea tener un rol activo en el período de transición si Rousseff gana los comicios, lo que abre la posibilidad de que el popular líder, con índices de aprobación de un 75%, pueda absorber el costo político de impulsar medidas de austeridad limitadas. «La política efectiva (para lidiar con el real) sería un serio ajuste fiscal», dijo Flavia Cattan-Naslausky, estratega de RBS Securities. «En medio de una elección, es (difícil) hacer lo correcto», agregó.

Agencia Reuters