12 de diciembre 2008 - 00:00

Eludió Cristina la foto con la más bella primera dama rusa

En Rusia, Cristina de Kirchner usó gorros estilo cosaco y otra vez escondió su mirada bajo grandes lentes oscuros.
En Rusia, Cristina de Kirchner usó gorros estilo cosaco y otra vez escondió su mirada bajo grandes lentes oscuros.
Era, sin duda, una oportunidad porque allí había competencia, ineludible para cualquier mujer, y esas frías tierras, además, le permitían abrigos que aquí no puede usar. Y así Cristina de Kirchner dio otra vez la nota en su último viaje a Rusia, vistiendo pieles en exceso y brillos inadecuados, pero es que allí capta todos los fla-shes Svetlana Medvedeva, la primera dama rusa, una rubia elegante, de poco más de cuarenta, que lidera las listas de «los mejores vestidos». Medvedeva suele aparecer retratada en las revistas de celebridades rusas Hello y OK, alabando el arte autóctono junto a famosos.
Igual que Cristina de Kirchner, la rusa es una fashion victim, que apoya a los jóvenes diseñadores de su país. Jamás se pierde una edición de uno de los eventos más importantes del fashion mundial, la Semana de la Moda de Moscú.
Pero a diferencia de Cristina de Kirchner, que en cada viaje compra carteras y prendas de las casas más caras europeas, la Svetlana fomenta el uso de diseños locales vistiendo sólo indumentaria fabricada en su país, y aunque sus modistos de cabecera son Valentin Yudashkin e Igor Chapurin, no tiene como la Presidente un diseñador exclusivo para ella.
Habrá querido tal vez la Presidente vestirse «a la rusa» para demostrar que los atributos de la primera dama de ese país, a quien la prensa nombró «la más bella de las esposas del Kremlin» y que cuenta con una agraciada figura exuberante, no alcanzan para opacar su imagen. Como sea, resultó llamativo que durante visita por Rusia jamás se cruzó con Svetlana Medvedeva.
Intentó brillar en aquel país donde las damas del poder son consideradas casi celebrities, que aparecen cual divas de alfombra roja en cuanto acto público se realice. Pero otra vez con la ambición de alcanzar el glamour, Cristina de Kirchner nuevamente sumó desaciertos.
En sus últimos viajes ya demostró todo lo versátil que puede parecer su imagen incorporando algún detalle típico del folclore de las tierras que visita, casi al contrario de lo que se espera. La primera vez fue en Francia, durante la marcha a favor de la liberación de la entonces rehén de las FARC Ingrid Betancourt. En aquella oportunidad, se «lookeó» con una boina y un tapado negro, recreando un estilo típicamente parisino.
Como si esto fuera poco, en su reciente visita a El Cairo, la dama no tuvo mejor idea que visitar el famoso museo donde reposan los restos de Tutankamón con un trench tornasolado y los ojos más oscuros que nunca, con un fuerte delineado negro que la asemejaban a las históricas momias de oro del lugar.
Esta semana, Cristina de Kirchner volvió a sorprender en su visita a Moscú, con «look cosaco». No sólo aprovechó para envolverse en abrigos y estolas de piel, sino que además para rematar el outfit tuvo la curiosa ocurrencia de usar grandes gorros de piel o chap-ka, al mejor estilo soviético, lo que para algunos pudo haberla dejado al borde de la incorrección; y para otros, más que una cortesía con los anfitriones, podría en algún caso ofenderlos el vestirse igual que ellos.
Además, sin importarle a Cristina de Kirchner las críticas de las organizaciones del tipo de Greenpeace que militan contra la matanza de animales, el miércoles por la mañana (en el homenaje a un soldado ruso sobre la muralla del Kremlin), la Presidente abusó de las pieles para vestir un sombrero de chinchilla color caramelo que combinó con una estola y un abrigo de cuero petróleo con puños de piel. El exceso de pieles pareciera haber sido la manera que encontró de mantener su estilo ostentoso, ante la imposibilidad de lucir joyas, tapadas por la gran cantidad de ropa que obligan a usar las bajas temperaturas de aquel país.
Más tarde, un auténtico chapka de zorro gris, regalo del presidente Dmitri Medvedev, que en nada combinaba con su tailleur labrado en tono champán.
Pese a que no usó tonos shocking, la dama argentina se las arregló para llamar la atención con sus grandes bolsos Louis Vuitton, para arribar a Rusia. Ese día ocultó su mirada bajo lentes de sol (aunque el cielo estaba nublado), casi con gesto pueril por lucir las caras gafas como hacen las divas de Hollywood. Pero, en realidad, la Presidente intentaba ocultar un problema que tiene en la piel, que se conoce como rosácea de la que sufre desde joven. Esta vez, le jugó una mala pasada al punto que la irritación hizo que debiera privarse de todo maquillaje y sólo se pusiera alguna crema cicatrizante en las zonas más afectadas.
Igualmente, con los accesorios, intentó Cristina de Kirchner acaparar todas las miradas, y con faldas por encima de la rodilla y con las telas brillosas de día y noche.

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