- ámbito
- Edición Impresa
Embajador escuchó amenaza de medidas sin aviso previo
• Bettini, a solas con canciller de Rajoy, el negociador blando
Carlos Bettini, embajador argentino en Madrid, al salir ayer de la reunión con el ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien le dijo que su país responderá a la expropiación de Repsol con medidas que no se avisarán.
El Gobierno cree que no es mucho lo que puede hacer España en represalia por la expropiación de las acciones de Repsol, por lo menos en el corto plazo, ya que cualquier contraataque que haga Madrid esperará el resultado del proyecto en el Congreso y el punto clave de esta crisis, que es el precio que les pondrá el Ejecutivo porteño a esos activos.
Los dos Gobiernos lacraron lo que charlaron ayer García Margallo y Bettini, quien fue citado para expresarle la queja española. Los dos funcionarios informaron a sus Ejecutivos de lo conversado y cuando se les preguntó sobre el contenido de la reunión se remitieron a declaraciones públicas. Del lado español las hubo y abundantes en boca del canciller en un seminario al que asistió después de la cita con Bettini en la sede del diario ABC (ver nota aparte). En la reunión no le dio ningún detalle de las medidas de represalia que, según el canciller de Mariano Rajoy, «no se anunciarán; directamente se actuará».
En la charla del palacio de Santa Cruz, además de la queja formal, se conversó sobre los puntos claves de la pelea: 1. Para la Argentina este negocio con Repsol no funcionaba. 2. Para España lo importante es el valor que pagará el Estado por las acciones que busca expropiar. Por la naturaleza de la reunión -una citación formal de queja, una rutina de la diplomacia en este tipo de controversias-, no hubo respuesta a los reproches cruzados por los funcionarios. Eso quedó en boca de García Margallo y de Mariano Rajoy en su conferencia en el Foro de México y, de lado argentino, en la de Julio De Vido, quien en el Senado dijo que se habían encontrado diferencias en los libros hallados en la empresa intervenida y que no se iba a pagar lo que Repsol pretende.
El tono de la reunión en la Cancillería española fue, pese a la bronca que la motivó, cordial. Un testigo de la charla la calificó de una «cordialidad exquisita». Al dejar el palacio de Santa Cruz, Bettini salió del paso calificándola de «muy buena». Obviamente que el contenido del informe que rindió a Buenos Aires, que envió directamente a Cristina de Kirchner, se reservó al secreto diplomático.
Que la reunión no rebasó lo formal lo indica que Bettini no haya sido llamado a informar a Buenos Aires; el único viaje que tiene previsto es a mediados de mayo para participar de un homenaje del Gobierno a la figura de su madre.
Tampoco fue posible conocer mucho en la Cancillería argentina porque el ministro del área, Héctor Timerman, viajó al mediodía de ayer rumbo a Roma, donde hoy expondrá el plan Malvinas ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de Italia, invitado por el presidente de ese cuerpo, Massino DAlema, lo más parecido a un frepasista que hay en la política de ese país (siempre fue un modelo admirado por Chacho Álvarez). Aunque Timerman tiene previsto regresar esta noche de Roma, se sabe que mantendrá otras reuniones con el Gobierno italiano hoy a la tarde en las que el tema Repsol no estará ausente.
En esa reunión que el testigo calificó de «muy respetuosa, aunque preocupada» de las dos partes, se terminó de conocer la estrategia de España en el corto plazo. Primero, presionar para que se habilite alguna mesa para que los dos países discutan esta diferencia. Hasta anoche no había ocurrido nada en este asunto, atento a la agresividad de las declaraciones de las dos partes. Segundo, mostrar dos frentes de negociación, uno duro y otro blando. García Margallo desempeñará el rol de la «cordialidad exquisita». Se quejó de la «ingratitud» argentina ante España por el préstamo de u$s 1.000 millones que le dio en la crisis del año 2001. Pero también sonríe cuando del lado argentino se le recuerda la relación carnal de los dos países. En la Argentina no hay hoy críticas a los españoles, pero sí las hay en España hacia lo que consideran una «argentinada». Sonríe otra vez Margallo cuando le dicen que el agua llegará al río cuando las hinchadas los chiflen a Gonzalo Higuaín o a Lionel Messi en las canchas de fútbol, algo que todavía no ha ocurrido.
Junto a este canciller al que la contraparte argentina le atribuye una «elegancia superior», el rol del negociador duro lo desempeña el ministro de Industria y Energía, José Manuel Soria (ausente ayer en la citación a Bettini), quien actúa en público y en privado con gesto adusto y «desagradable» según los interlocutores argentinos, quienes dicen que «habla con cara de malo». Soria es un canario al que lo ayuda en el rol que le toca la entonación con la que habla, muy cercana a la sequedad de los americanos y sin las florituras de sus compatriotas de la península. Le tocó viajar a Buenos Aires y escucharlos a De Vido y a Axel Kicillof cantarle las cuarenta y no se ha olvidado de ese trato.
En el Gobierno creen que esta línea dura se va a apaciguar porque las herramientas con que cuenta España para responder con agresividad no funcionarán en los días que vienen. Un freno a las exportaciones argentinas a España por este motivo habilitaría a la Argentina para hacer un reclamo ante la OMC que en el Gobierno creen que prosperaría porque Repsol es una empresa privada, no del Estado español. También creen en el Gobierno que las acciones que le quedan a Repsol no pueden ser objeto de cualquier trato por parte de los accionistas españoles porque tienen compromisos pendientes con fondos de inversiones de Estados Unidos y también con el grupo Eskenazy. «No las pueden rematar», se escuchó ayer en un despacho oficial en el cual se analizaron, por la vía de especulaciones, cuáles serán esas medidas que tomará España y sin avisar, como dijo ayer García Margallo.
De lado español existe además una inquietud que apareció en la charla del palacio de Santa Cruz: ¿hay más empresas españolas con intereses en la Argentina que están en observación? Es lo que temen las autoridades de ese país y que marcará la cautela de sus próximos pasos.

