Emergencia: Scioli desguaza ley y sondea la voluntad de los K

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Hubo vetos en primera negociación.Teme fallo de la Corte. Cálculos de «almacenero»

La «unidad nacional» que Cristina de Kirchner convidó ayer desde Tucumán, en medio de la disputa peronista más cruda del último lustro, enfrentará la prueba del ácido cuando el universo K se zambulla a debatir el impacto de la crisis bonaerense.

La alerta de Hugo Moyano sobre un «golpe de estado encubierto» a Scioli y la revelación de Carlos Kunkel de que el torniquete económico fue un castigo por la prematura confesión del gobernador sobre su fantasía 2015 son cráteres en la geografía épica presidencial.

Dos bombas sucias en la convivencia del oficialismo bonaerense: el temor a un «putch» que día a día suma más adeptos y el anticipo kunkeliano de que el bloqueo financiero continuará. Aunque dichas por dos antagonistas, parecen piezas de un mismo rompecabezas dramático.

Scioli debe, en esa turbulencia, encarrilar un trámite legislativo.

Tras dos cumbres frustradas jueves y viernes, hoy el sciolismo volverá a sondear el clima del Parlamento para tratar (y aprobar) la ley de emergencia económica que, además de un escudo legal, lo autorice a desdoblar remuneraciones, emitir bonos para proveedores y reducir estructura.

A fin de la semana pasada, Gabriel Mariotto llenó de tachones rojos el borrador que redactó Luciano Di Grescia, secretario general de la gobernación. A las horas, un texto depurado, volvió a manos del vice y fue revisado por la oposición legislativa. Otro out.

El veto forzará a Scioli a desguazar el proyecto: por un lado enviará una ley para ratificar el decreto que autoriza el pago desdoblado del aguinaldo, objetado por la Justicia contenciosa y sobre el que hay jurisprudencia negativa por parte de la Corte Suprema.

El fantasma de un fallo de inconstitucionalidad del máximo tribunal contra el aguinaldo desdoblado es un factor adicional de pánico para el gobernador. Al final ese capítulo irá en carpeta separada de la ley de emergencia por el riesgo de que ésta se trabe.

Opción

Los primeros ecos fueron negativos. Por eso, Alberto Pérez, Silvina Batakis y Alejandro Arlía testearán en estas horas la voluntad de opositores pero, en particular, de los legisladores del FpV que reportan a la Casa Rosada, a través de distintos interlocutores.

Una opción es que se demore el envío de la emergencia a la espera de certezas en el frente interno. Es difícil, de hecho, que junte dos tercios (necesita de la oposición) para tratarlo sobre tablas, pero la duda primordial es si el FpV respaldará la iniciativa.

Pérez visitó a Mariotto y al presidente y vice de Diputados, Horacio González y José Ottavis. Le anticiparon que desmenuzarán el proyecto: «Apoyo sí, pero eso no implica que votemos cualquier cosa», le anticipó el vice al jefe de Gabinete sciolista.

No aceptarán, adelantaron, «reducción de la estructura» ni venta de bienes, en particular tierras. En el Senado alertaron sobre una propuesta para rematar tierras en el Delta. Es sólo un ejemplo. La discusión técnica puede repotenciar la crisis política.

Pesimismo

La ley de emergencia sciolista puede convertirse en el indicador perfecto de lo vendrá en la relación Cristina-Scioli. Todas las voces, en estas horas, son pesimistas. El proyecto, licuado, puede convertirse sólo en un recurso para evitar juicios en caso de ruptura de contratos.

El kirchnerismo, a través de Mariotto, avisó que no avalará ningún «ajuste». Eso anula otro capítulo del borrador original: un plan para jubilaciones anticipadas, que en la letra dice «optativas», pero que podría en extremo volverse compulsiva.

Hay, por caso, 5.000 docentes de más de 70 años y en actividad que desarrollan tareas pasivas. Es una variante que evalúa el Gobierno pero que, llegado el caso, podría ser trabado por los legisladores que siguen los mandos de Balcarce 50.

Ante eso, el gobernador empezó a diseñar un esquema administrativo extremo: hace cálculos y estima que deberá sobrevivir con los $ 2.200 millones de coparticipación nacional automática más los 3.400 de recaudación propia, rubro que ya registra tendencia a la baja.

A esos ingresos los podría adornar, con suerte, con bonos para mantener en funcionamiento el circuito de proveedores para que no se deterioren los servicios básicos en las políticas de salud y de asistencia social.

Esa «libreta de almacenero» no prevé envíos adicionales del Gobierno nacional y supone restringir al máximo la erogaciones de la provincia. La paralización de la obra pública fue apenas el primer reflejo.

Es un escenario crítico pero hay augurios peores: un sector del sciolismo teme que la sequía financiera sea el anticipo del aislamiento político, que activó Julio De Vido con la «seducción» de intendente y el prólogo de una embestida descarnada contra el gobernador.

La postura de Moyano sobre un «golpe de estado encubierto» tiene adherentes en la tropa sciolista. Son los que prenuncian que antes de fin de año, la Casa Rosada quiere a Scioli fuera de la gobernación. Lo creen a pesar de haber escuchado de boca de su jefe, que Cristina negó cada palabra de las que le atribuyó Darío Días Pérez.

El kirchnerismo hace la lectura inversa: sostiene que el gobernador se deja arrastrar de las narices por los halcones de su staff que lo invitan a romper y pararse enfrente de la Presidente.

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