13 de marzo 2015 - 00:00

Empleo: datos oficiales, cada vez más borrosos

Empleo: datos oficiales, cada vez más borrosos
Desde hace ya un tiempo los datos de empleo y desempleo que publica el INDEC dejaron de ser fáciles de interpretar. Primero se ajustó hacia arriba la población, dado que en vista de los datos del último censo se detectó que ésta había sido subestimada. El ajuste se hizo en el primer trimestre del año pasado y juntamente con la población crecieron la tasa de actividad y el empleo en similar proporción, lo que complicó las comparaciones con los períodos anteriores, ya que la corrección fue a través de un salto trimestral de la serie.

Un trimestre más tarde, el INDEC, nuevamente en vista de los datos del censo, que mostró una población más joven que la utilizada para las estimaciones, ajustó las tasas de actividad y de empleo. Pero otra vez el cambio se realizó en ese trimestre sin corregir los datos hacia atrás, con lo cual la comparación entre las nuevas tasas publicadas y las de años anteriores ya no es posible sin realizar ajustes.

Más recientemente, los resultados de la encuesta de hogares del cuarto trimestre de 2014 muestran un resultado que no deja de llamar la atención. En la región del Gran Buenos Aires, tras cinco trimestres de caída del empleo a una tasa anual del 2% el último trimestre muestra un aumento del 0,4%. En términos trimestrales, ello implica un salto del 3,3% del empleo respecto del tercer trimestre.

Sorprende la magnitud del salto por varias razones. En primer lugar, el cuarto trimestre de cada año muestra desde 2010 una caída del empleo respecto del trimestre anterior: -0,2% en 2010, -1% en 2011, -0,5% en 2012, -0,1% en 2013. La diferencia del cuarto trimestre de 2014 no sólo es cualitativa (de signo) sino cuantitativa, pues frente a una caída promedio del -0,5% en los 4 años previos ahora se tiene un aumento del 3,3%.

En segundo lugar, el aumento de empleo no es habitual cuando la economía se cae a una tasa superior al 2% anual en los últimos 3 trimestres (o poco menos si se anualizan las variaciones de la serie desestacionalizada). Es cierto que una caída de salarios reales puede favorecer una recuperación de empleo, pero si bien los salarios cayeron en 2014, los costos laborales medidos en dólares o pesos (mayoristas) constantes subieron respecto de su nivel un año atrás. Por lo tanto tendríamos el curioso fenómeno de un salto del empleo en un contexto de recesión y aumento de costos laborales.

No sólo se observa una ruptura respecto del comportamiento habitual de la serie, inconsistente con los datos de actividad y costos laborales, sino que los datos de la EPH presentan divergencias cualitativas y cuantitativas con otras series oficiales. Más allá de las diferencias de metodología y/o cobertura, para la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) el empleo en el Gran Buenos Aires mantenía en el cuarto trimestre del año el mismo nivel que el trimestre anterior e inclusive que el año anterior. La serie no abarca al total del empleo en el área sino sólo el empleo privado formal. Por lo tanto, el aumento del empleo en GBA que informa la EPH podría estar explicado por un aumento de carácter extraordinario del empleo informal o del empleo público. Si el aumento fuera básicamente de empleo público, tendríamos un incremento de tal magnitud que resultaría superior al total de la ocupación en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires o un tercio del empleo total del Gobierno nacional. A menos que estemos frente a una explosión de empleo público, las cifras no cuadran.

La evolución del empleo para el interior del país de la EPH tampoco está en línea con los datos de la EIL. Para los aglomerados relevados, la EIL registra desde 2013 una tendencia levemente descendente, mientras que la EPH muestra un aumento del 6%.

Otras cosas por demás llamativas incluyen la muy estrecha relación que empieza a aparecer entre la tasa de actividad y la tasa de empleo. En una serie larga la relación entre ambas tasas se aproxima más a un espejo (una cae y la otra aumenta), aunque estadísticamente la relación no es uniforme. Sin embargo, desde 2011 cada vez que cae la tasa de empleo también cae la tasa de actividad, y recíprocamente. En otros términos, hay una estrecha relación entre ambas tasas que implica que la tasa de desempleo permanece casi constante.

El caso extremo es el "colorido" fenómeno del Chaco, provincia que informa desde mediados de 2013 que la oferta de trabajo es prácticamente igual a la demanda. Como cada vez que la oferta sube el empleo sube y viceversa, la provincia mantiene una tasa de desempleo igual a cero. Lo curioso del caso es que el desempleo se mantiene en cero con caídas del empleo. Resulta llamativo que quien pierda un empleo no quiera buscar uno nuevo y se retire de la fuerza de trabajo (a menos que reciba otros ingresos). Con este comportamiento la oferta de trabajo es cada vez menor -porque el empleo es menor-. Hoy sólo el 29% de la población está en el mercado laboral, mucho menos que en el resto del país.

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