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Empresarios en alerta por mayor injerencia del Estado
Jorge Brito, titular de ADEBA.
Se acordó realizar reuniones periódicas (¿semanales?) oara tratar una agenda concreta: «la recuperación de los principios rectores como la república, el federalismo (o sea el reparto equitativo de la coparticipación) y la división de poderes».
De la reunión salió el compromiso de presentar un frente común ante las acechanzas de la hora, y de lanzar propuestas que apunten a consolidar el sistema institucional y a hacer crecer la producción.
El convite tuvo como pretexto el habitual homenaje que le hace el G-7 a los presidentes elegidos en cada una de esas entidades; en este caso el homenajeado fue Héctor Méndez, que la semana pasada asumió como titular de la Unión Industrial Argentina (UIA). El anfitrión fue Jorge Brito, su par en ADEBA.
Compartieron la mesa Hugo Biolcati (presidente de la Sociedad Rural Argentina), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio porteña), Néstor Roulet (vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas), Eduardo Eurnekian (vice de la Cámara Argentina de Comercio) y Carlos Enrique Wagner (titular de la Cámara Argentina de la Construcción). La ausencia de Carlos de la Vega se explicó en el hecho de que por esas horas se celebraba la asamblea en la que fue reelecto presidente de la Cámara Argentina de Comercio; la de Mario Llambías (titular de la CRA) en que tenía otras ocupaciones.
Si bien los siete presentes poco menos que se juramentaron mantener en reserva lo tratado en el almuerzo -un frugal menú de ñoquis souflée, ternera rostí y frutos rojos con crema- este diario pudo reconstruir lo más sustancial de la charla de los dirigentes empresarios.
En general el clima de la reunión fue de gran preocupación lindera con el temor, y no sólo por el clima de inseguridad que se vive en el país (no pudieron evitar el relato de anécdotas personales o de gente vinculada con ellos, víctimas de hechos delictivos) sino por la peligrosa conjunción de crisis económica internacional, clima preelectoral e inseguridad sobre la propiedad privada. Los comentarios sobre la noticia publicada ayer por este diario, según la cual el ministro Julio De Vido planteaba la posibilidad de reestatizar Siderar contribuyeron a acentuar el ambiente de temor.
Primero habló Brito quien, en su condición de dueño de casa, le dio la bienvenida a Méndez; el dirigente plástico, cabe recordarlo, participó en 2003 de la fundación del G-7, en su anterior presidencia de la UIA. Méndez agradeció y se congratuló por la presencia de Roulet y de Biolcati: es que el Grupo había quedado a todos los efectos fracturado e inactivo durante los pasados 12 meses por imperio de las posiciones que sostuvieron las entidades respecto del conflicto del agro con el Gobierno, no siempre favorables al campo.
El industrial recordó, sin embargo, que la UIA había emitido un comunicado (tras reunirse con la presidente Cristina de Kirchner) en el que decía que ningún sector productivo podía quedar excluido de la mesa del diálogo.
Otros dirigentes se sumaron al clamor, y hubo un reconocimiento casi unánime a la lucha del campo. Los dos dirigentes agropecuarios presentes pidieron entonces olvidar esas diferencias y hacer «borrón y cuenta nueva» en la relación entre entidades empresariales.
Después, cada uno de los dirigentes pasó revista a la situación de su sector; ni siquiera Wagner, un empresario de conocidos vínculos con el Gobierno de los Kirchner, pudo disimular la caída en la actividad. La falta de avances en las muchas veces anunciadas obras públicas no contribuye, precisamente, a morigerar el efecto de la crisis sobre la construcción.
Por su parte Biolcati y Roulet expresaron la preocupación sobre la inestabilidad de las garantías constitucionales, tales como la propiedad privada y la libertad de comercio. Uno de esos dirigentes dijo que «cualquiera debería poder vender sus productos cuando quiera, y no estar a merced de que Guillermo Moreno lo deje. A nosotros nos pasa en el comercio de granos, de carnes, etc., pero también a muchos otros sectores». Recordaron también que este año se exportarán u$s 7.000 millones menos por la caída en la producción de granos, lo que se traducirá en menos ingresos fiscales, pero también en una baja del consumo.
Después se tocó por encima el tema de la Mesa de la Concertación; Roulet recordó que la CRA planteaba muchas objeciones a su integración: «Tiene que salir por ley, hay que discutir cómo será el equilibrio de fuerzas en su seno, debemos estar todos... Pero sobre todo saber cuáles son los objetivos».
A los postres hubo especulaciones sobre qué puede pasar en el Congreso tras las próximas elecciones legislativas, del rol de la Policía en el combate contra el crimen y la falta de inversiones tanto por la crisis como por el mal clima de negocios que se vive hoy en el país. Y hasta hubo promesas de que el próximo encuentro del G-7 se regará con vinos de la Bodega del Fin del Mundo, de la que Eurnekian compró el 50%.


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