- ámbito
- Edición Impresa
Empresarios anoche con Macri, pero que no se note
Rostros de la cena de anoche en La Rural, en la que se recaudaron fondos con aportes de empresarios: Hernán Lombardi, Horacio Rodríguez Larreta, Gabriela Michetti, Cristian Ritondo y Rogelio Frigerio. En cada mesa había una lata con semillas de acacia con la leyenda “El cambio crece acá” y tenía las instrucciones para la huerta privada de los invitados. Una fineza macrista.
Como antes se los señaló por ser aplaudidores, ahora pidieron discreción, una minucia fácil de conceder porque tampoco le convenía al PRO que el oficialismo se hiciera un plato exhibiendo nombres y fotos de asistentes a la cena de anoche. No costaba mucho si se considera la rentabilidad de la ocasión. Si es cierto que se vendieron 230 mesas a $ 500 mil cada una, la recaudación bruta puede haber llegado a los $ 115 millones, un récord para campañas acá y en cualquier lado.
En los salones ampliados de La Rural convivieron anoche ministros como Horacio Rodríguez Larreta -no lejos de su contradictora por la sucesión porteña Gabriela Michetti-; Hernán Lombardi, Esteban Bullrich, Guillermo Montenegro, Guillermo Dietrich, Fulvio Pompeo, los consiglieri Nicolás Caputo, Antonio Ubaldo Rattin y Fabián Rodríguez Simón. Legisladores como Federico Pinedo, Cristian Ritondo, Diego Santilli, Jorge Triaca, Miguel del Sel, Sergio Bergman convivieron con funcionarios y con empresarios sin temor a la exposición. Circulaban María Eugenia Vidal, Luis Bameule, Tato Lanusse, Pablo Walter, Diego Fernández, Ricardo Marra, Ramiro Costa, Daniel Felici, Martín Cabrales, Carlos de Narváez, Guillermo Stanley, Enrique Duhau, Jorge Neuss, Adelmo Gabbi, Marcos Bulgheroni, Javier Raciatti, Alejandro Gravier, Gian Franco Macri, Jorge Pablo Brito, Pablo Querol, Daniel Landoni, Jorge Sánchez Córdova, Matías Gainza, Ricardo y Jorge Fiorito, Alberto Álvarez Saavedra, Federico Álvarez Castillo, Diego Guelar, Ignacio Irrirzun, Fernando Niembro, entre otros. También Roberto Strarke, el escritor Jorge Asís, los abogados José Martínez de Hoz (h) y Jorge Pérez Alati. También los economistas Carlos Merconian, Federico Seeber, Rodolfo Santángelo, Luis Secco, Antonio Lanusse, Pablo Querol, Juan Brouchou y Federico Agardy. Antes de que comenzaran los discursos que abrió el presidente del PRO nacional Humberto Schiavoni y cerró Macri (sorprendió con venda en la mano derecha), separados por un par de videos alusivos, hubo sorpresas, como las cinco mesas que se le atribuyeron el empresario chino Francisco Yang, que es candidato en el 13° puesto en las elecciones a legisladores y que, observaron algunos, debe perfeccionar su castellano, que habla con dificultad. Las tres mesas estaban ocupadas con chinos, una prueba de que el macrismo conserva la conexión con, diríamos, el gigante asiático.
Los funcionarios y dirigentes macristas cumplieron el dress code impuesto por Macri: traje oscuro, camisa blanca, nada de corbatas. Festejaron que más allá del ausentismo de algunos, estaban representadas todas las ramas del mundo de los negocios.
El riesgo de no invitar a los periodistas es incumplir el dictamen de los campañólogos que dice que el primer paso de un candidato es ganar a primaria de la prensa. Un resbalón para una fuerza que afirma ser defensora de la libertad de expresión. Quienes pidieron discreción decían anoche que aportar a una campaña es un acto privado, pero todo gesto político es un acto público.
Para prevenirse de deslices, muchos empresarios compraron mesas en nombre de cámaras, otros consignaron el aporte a través de sociedades controladas, pero no conocidas. Otros pagaron las mesas, pero retiraron a directivos de la primera línea y las cubrieron con empleados que aceptaron una noche cerca de Macri. O de sus funcionarios, porque antes de comenzar el condumio el PRO convocó a más de 200 funcionarios y dirigentes y los repartió en las mesas para que actuasen como "manzaneros" de la cena y los asistentes tuvieran la oportunidad de hablar con los políticos y no entre sí. La contradicción de anoche es casi para una parábola: pudo ser una fiesta abierta y pública, una celebración de la militancia, pero los protagonistas prefirieron la clandestinidad. Un síntoma además de que hay temores que van más allá de astucia del dinero para protegerse y huir de sus enemigos.



Dejá tu comentario