7 de febrero 2012 - 00:24

Empresarios, preocupados ante un Moyano opositor

• Privados consideran que las divisiones entre sindicatos sólo generan competencia por más aumentos

Hugo Moyano
Hugo Moyano
La pelea cada vez más abierta entre el Gobierno y el sector del sindicalismo que encabeza Hugo Moyano tiene más que preocupados a los empresarios: hoy en las principales firmas del país hay dudas sobre quién comandará el barco gremial en los próximos meses, pero también respecto de qué pasará con los reclamos salariales en función de la división en ese campo.

En diálogos reservados (nadie parece querer «sacar la cabeza» por estos días, por temor a las represalias oficiales) muchos empresarios recuerdan que cuando se divide el sindicalismo, lo que suele suceder es que cada sector trata de demostrarles a sus afiliados directos o indirectos quién tiene más fuerza para conseguir mejoras, aumentos, etc. Esto, en un año que se anuncia más que complicado, preocupa a los empresarios.

A semanas de que comience la negociación paritaria, los empresarios preferirían tener despejado el horizonte en lo que hace a la conducción de la CGT, pero saben a esta altura que a la conflictividad «per se» que conlleva cualquier paritaria se le sumará la pelea gremial por conducir la central obrera, fogoneada además desde el Gobierno.

«Apriete»

Sin embargo, la complicación que avizoran en el horizonte cercano es la posibilidad de que los camioneros que capitanea Moyano a través de su hijo Pablo pisen el acelerador en su metodología preferida para protestar y «apretar»: los cortes y bloqueos frente a las plantas fabriles.

Es un secreto a voces que el Gobierno quiere al camionero fuera de la CGT, y que éste se muestra dispuesto a resistir. ¿Qué harán los empresarios ante este escenario? José Ignacio de Mendiguren, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) tuvo en los últimos meses dos posturas que a priori suenan antitéticas: primero dijo que para esta etapa del país preferiría un sindicalista de un gremio industrial al frente de la CGT. Dado que esa declaración provocó la ira de Moyano, y pese a que algunos de sus pares en la conducción de la UIA dijeron que se preparaban para sentarse con la conducción de la central obrera que reemplazaría al camionero, se desdijo en parte: afirmó que la UIA iba a sentarse a conversar «con quien designe el movimiento obrero».

Lo cierto es que en sectores como la alimentación, el transporte y las automotrices hay gran preocupación por el creciente perfil de conflictividad que vienen exhibiendo los delegados de planta. En voz baja esos empresarios revelan que hay paros casi a diario por nimiedades; una importante automotriz vio interrumpida su producción en septiembre porque no funcionaba uno de los equipos de calefacción que los mismos delegados habían logrado que instalara la empresa meses antes, tras décadas de que se trabajara sin ese elemento de confort en esa planta. En una metalúrgica hubo un paro porque la ropa de trabajo no satisfacía el nivel de calidad exigido por los delegados. Los empresarios se cuentan entre sí centenares de anécdotas de este tipo, y no se ríen, justamente.

Quienes no tienen ninguna duda respecto del futuro de Moyano son las empresas que más lo sufrieron cuando -para robarle fichas de afiliación a Empleados de Comercio y a Alimentación- cortó la entrada y la salida a fábricas, a centros de distribución de cadenas de supermercados y a hasta bocas de venta de grandes superficies comerciales.

«Nuestra visión es quizá sesgada, pero para nosotros sería una bendición que Moyano perdiera influencia en el movimiento sindical. A nosotros nos volvió locos, y no era por reivindicaciones que podrían haberse negociado: la guerra era contra otros gremios y el campo de batalla eran nuestras empresas», le dijo a este diario un encumbrado dirigente del sector alimentario.

Cabe recordar que empresas como Quilmes, Carrefour, Cencosud, Coto, Supermercados Mayoristas Vital y muchas otras padecieron los bloqueos de sus instalaciones sólo porque Camioneros reclamaba que todos los trabajadores que se desempeñaban en el área de logística pasaran a ser afiliados de su gremio. Gracias a la pasividad -y hasta la complicidad- del Ministerio de Trabajo, mucho más «amigo» por entonces de Moyano que del líder mercantil Armando Cavalieri. Todos esos bloqueos resultaron en una transferencia de las fichas de afiliación pretendidas por Camioneros.

Sin posibilidad

La herida continúa abierta entre los empresarios de ese sector, que no olvidan los aprietes de los «militantes», las gomas quemadas y los camiones cruzados frente a sus portones. «Hoy no existe ninguna posibilidad de que Moyano repita esa estrategia», agrega el empresario. Si el camionero, acorralado por la doble ofensiva de sus enemigos internos en el gremialismo y el propio Gobierno, decide dar batalla, ya no será por tener más afiliados, sino por su propia supervivencia. Para ese combate se preparan (como pueden) los empresarios, conscientes de que a lo sumo serán «casualties of war», pero nunca protagonistas.

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