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En Luis Pereyra se funden el arquitecto y el artista
El medio de expresión habitual del Luis Pereyra artista (también celebrado arquitecto) es el dibujo, que realiza con distintas técnicas de lápiz, tinta, crayones de color, entre otras.
A fines de aquella década, inició su conocida serie de Rompecabezas, que presentó en la quinta estación, porque pese a la democracia la vida se presentaba como un rompecabezas. «Las cabezas se vuelven dibujos en sí mismos, en algo casi abstracto. Busco con el dibujo hasta dónde la cabeza podía resistir una reconstrucción. La persona y la identidad se transforman en un gesto, en casi nada», dijo Pereyra. En la sexta estación, ya no parecen retratos porque trabaja con restos de los rompecabezas. En la séptima, que abarca los años 1990-2000, intenta recomponer el universo fragmentado en algunas escenas oníricas o metafísicas. Luego, entre 2000 y 2007, años más intimistas, Pereyra se propone reunir sus trabajos en un «libro de artista».
La función poética de sus dibujos se despliega en el simple hecho de presentarse con su multiplicidad de posibilidades y su total ausencia de limitaciones. Posteriormente, aparecen la energía de la línea y el estallido del color, que según el artista, revelan el mandato vital, las instrucciones que recibimos al nacer y que creíamos desaparecidas. Por ello, Pereyra escribió en el prólogo «¿No será que todos nacemos con un ovillo de líneas bajo el brazo? ¿Y no será que tirando de la líneas vamos desarmando el ovillo y jugando juegos a los que llamamos dibujar?. Y así, enrollando y desenrollando, figurando y transfigurando, se va tejiendo con el mismo ovillo la urdimbre de la vida».
El ovillo crea laberintos, uno de los temas centrales en la obra de Borges, que abordó con gran imaginación en el relato La Biblioteca de Babel», El jardín de los senderos que se bifurcan. En ese relato el espacio arquitectónico define al laberinto, descrito a lo largo de un texto que también se vuelve laberíntico, añadiendo al anterior un espacio literario.
Un laberinto es, para decirlo como Borges, simplemente un libro infinito, una biblioteca con innumerables corredores de libros, de calles intrincadas, lineales o sinuosas, como el ovillo de Pereyra. Es, a la vez, un tiempo circular que abraza el pasado y el futuro: la trama de tiempos que se cortan, se encuentran o se ignoran.
En los últimos años ha realizado varios libros de artista, entre ellos: «10 indiecitos», «Argentina Aleatoria», «El secreto del éxito», «Twins», «Los sueños del joven Antonio»; y el guión e ilustración de la obra de teatro «La transmutación» cuyos personajes son el artista Joseph Beuys y un conocido jugador de fútbol argentino. El año pasado expuso en el Kentler International Drawing Space en Brooklyn; y en el Consulado Argentino en Nueva York presentó su serie «Right or left», incluida en la exhibición colectiva «Reencuentro en New York», junto a otros cuatro argentinos también nacidos en la década del cincuenta, Carlos Bissolino, Rafael Bueno, Raúl Rodríguez y Eduardo Stupía, con quienes había participado en una primera muestra grupal a mediados de los setenta.
«El color llega a mi obra en la serie 'Right or left', que juega con los hemisferios cerebrales, tomando lo racional-irracional. Allí hay líneas de energía, de fuera, ríos de colores que se abren, que circulan, son dibujos inesperados: una vuelta al principio.»

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