"En Medio Oriente hay un choque de civilizaciones"

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• DIÁLOGO CON EL VICECANCILLER ISRAELÍ DANIEL AYALON, MIEMBRO DEL ALA DURA

Jerusalén - El retorno al poder de Benjamín Netan-yahu, en 2009, y el consiguiente armado de una coalición entre partidos de las derechas conservadora, religiosa y nacionalista suscitaron en el mundo preguntas sobre cuál sería en el futuro previsible el destino del proceso de paz. Mientras el paso del tiempo va dando sus respuestas, resultó suficientemente expresivo que dejara entonces nada menos que la Cancillería en manos del partido Israel Beitenu (Israel Nuestra Casa), poniendo a su cabeza al ascendente exinmigrante moldavo Avigdor Lieberman, un duro entre los duros del nacionalismo maximalista.
El rol de «traductor» de sus lineamientos a un accionar diplomático tolerable correspondió a un profesional de carrera, que llegó a la embajada más codiciada entre los calientes años de 2002 y 2006, la de Estados Unidos. Se trató de Daniel (Danny) Ayalon, afiliado un año antes a Israel Beitenu, quien sabe conjugar aquel fondo de dureza con un estilo más amable y propio de los salones de la diplomacia.
Ayalon, hoy la verdadera voz de la diplomacia hebrea como vicecanciller, recibió el lunes a Ámbito Financiero y a periodistas de otros medios latinoamericanos en el contexto de una invitación del Centro de Cooperación Internacional de la propia Cancillería. Sus definiciones resultan claras sobre el estilo y las políticas del Gobierno.
Si la noción de «choque de civilizaciones» de Samuel Huntington, publicada como artículo en 1993 y como libro en 1996, gozó de fuerte popularidad tras el impacto del 11-S, cuando quedó claro que «el fin de la historia» vaticinado por Francis Fukushama no había sido sino una ilusión, hoy, tras los estragos a los que llevó su aplicación en casos como Afganistán y sobre todo Irak, son pocos los políticos y, mucho más, los diplomáticos que lo citarían expresamente. ¿Cómo hacerlo cuando sugiere la existencia de un conflicto consustancial, idiosincrático e histórico, difícil de zanjar, en el que el islam, por un lado, y el mundo occidental conforman uno de los clivajes fundamentales? Ayalon es, pese a todo, uno de los fieles convencidos de esa teoría.
«Aunque no sea políticamente correcto, hay que hablar en Medio Oriente de un choque de civilizaciones al estilo de Huntington», dice sin que se le pregunte al respecto. «Lo vemos aquí, en Medio Oriente, entre judíos y musulmanes, pero también lo vimos en los Balcanes entre cristianos y musulmanes, en Cachemira entre hinduistas y musulmanes, etcétera. El común denominador en todos los casos es el islam extremista».
«Ya vemos minorías perseguidas, como los (cristianos) coptos en Egipto, los maronitas en el Líbano, o los cristianos en Judea y Samaria (Cisjordania, donde rige la Autoridad Palestina). No estamos ante un problema territorial, esto es más profundo, es ideológico y tiene que ver con la falta total de respeto al otro, al distinto, en la cultura árabe musulmana», continúa. «Uno de los ejemplos más violentos de esto lo da el terrorismo internacional», concluyó.
Ayalon puso la responsabilidad de la parálisis total del proceso de paz en el lado palestino y no, como se alega del otro lado, en la porfía de su Gobierno en mantener y ampliar la colonización de territorio árabe.
«La prensa internacional no expresa esto de manera correcta», recitó un rap conocido y escuchado aquí no sólo al hablar con funcionarios sino con gente común. «Habla de los asentamientos en Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania) como si fueran un problema. No lo es, ésa es solamente una excusa. Antes no existían, hasta 1967 esos territorios estaban en manos de Jordania y tampoco había paz. Evacuamos todos los asentamientos de Gaza y algunos de Judea y Samaria, pero los palestinos no se acercan a la paz. Les dijimos que pondríamos todos los temas sobre la mesa, que vinieran a discutir. Los asentamientos son sólo un punto. Las fronteras, la seguridad, Jerusalén, los refugiados -que no son sólo árabes, porque también los hay judíos-, el reconocimiento a nuestro Estado, el dejar de incitar a la violencia a los niños y a los jóvenes en las escuelas. Esas también son cuestiones, no sólo los asentamientos».
«Hubo un acuerdo en las Naciones Unidas en 1947 y el tema es sencillo: se decidió que hubiera un Estado judío y un Estado árabe. Nosotros aceptamos, ellos atacaron y el resto es historia», se desahogó.
Irán y su amenaza nuclear constituyeron, desde luego, un apartado especial de la charla con Ayalon. «Es el centro del chiismo extremista, y lleva el terrorismo al mundo. Nosotros lo hemos sufrido en Israel y también ustedes en América Latina», señaló, poniendo como ejemplos los atentados contra la embajada israelí en Buenos Aires de 1992 y contra la AMIA en 1994.
El vínculo con la región fue descripto como cercano. Según él, «Israel fue recreado en 1948 en su tierra histórica, algo que no podría haberse legitimado internacionalmente sin el reconocimiento de los países latinoamericanos. Por eso tenemos una relación especial con ellos».

Enviado Especial

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