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En otoño, paraíso inexplorado del esquí
Arranca en este estado del noreste de Estados Unidos una temporada clave. Empieza a sentirse el clima típico de estas latitudes con la llovizna fría golpeando la cara de los peatones y la nieve, que permite tener paseos tan característicos como las pistas de patinaje en medio de lugares inimaginables o los centros de esquí, que en noviembre abren sus pistas para esquiadores de todas partes del mundo.

Esta estación, de vegetación amarilla, anaranjada, y rojiza; de hojas secas esparcidas por doquier; de ardillas curiosas; de caminantes sin descanso, es tan típica en este área del continente como las playas de California o las palmeras de Miami Beach.
Nueva York en otoño podría bien ser el preludio de una temporada invernal siempre prometedora. Y noviembre es un mes clave. Quedan migajas de lo que fue Halloween con las vidrieras vestidas con calabazas y calaveras; ya hay atisbos de lo que va a ser el Día de Acción de Gracias; empieza a sentirse el clima típico de estas latitudes con la llovizna fría golpeando la cara de los peatones y la nieve, que permite tener paseos tan característicos como las pistas de patinaje en medio de lugares inimaginables; se percibe ya la proximidad de las fiestas de fin de año en las vidrieras y las casas cubiertas con los colores de la Navidad; y la gente que sale a comprar, eufórica. Y se podrían seguir enumerando eventos y celebraciones propios hasta llegar a febrero con el Día de San Valentín y la semana de la moda; o a marzo con la famosa corrida de las novias que pelean por un vestido «on sale» en «Filenes Basement».
Nueva York en otoño anticipa un viaje invernal que posiblemente pueda comenzar o terminar en la Gran Manzana, pero que es, sin embargo, mucho más que las luces de Broadway, el ruido de Times Square o la majestuosidad del Empire State.
Se vuelve casi imperativo mirar hacia el norte o el oeste de la isla hacia el continente, para vivir la experiencia de visitar el estado de Nueva York entero, escenario de lugares tan bellos como los ya conocidos: las Cataratas del Niágara, el Gran Cañón del Este («The Grand Canyon of the East»); los viñedos en los Lagos Finger; los ranchos del interior; pero también los grandes centros de esquí como Adirondacks, donde se encuentra el Lago Placid y donde se llevaron a cabo en dos ocasiones los Juegos Olímpicos de Invierno.
Inyección de adrenalina
El estado de Nueva York es sede de 47 centros de esquí aptos para todo público, desde novatos hasta esquiadores profesionales, y atrae a más de 4 millones de esquiadores por año.
Sin tener que alejarse mucho de la ciudad de los rascacielos, a poco más de una hora, es posible encontrar pistas como las de Whiteface Mountain, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de invierno en 1930 y 1980. Esta montaña está situada junto al lago Placid y es uno de los mayores picos de la región de las Adirondack Mountains.
Los amantes de las emociones fuertes encontrarán entre sus 85 pistas el mayor desnivel de la costa este estadounidense, de 1.045 metros. Toda una inyección de adrenalina acompañada del teleférico más rápido del mundo, que recorre prácticamente un kilómetro en menos de ocho minutos.
En Whiteface se encuentran picos como The Slides a donde suben los más atrevidos.
Lookout Mountain, en cambio, es una montaña destinada a los esquiadores menos osados que todavía no se atreven a The Slides, pero que aún así buscan experiencias límite en nieve virgen.
Para esos momentos libres después de descender a toda velocidad por una de las pistas, en Whiteface hay un museo que exhibe todo lo relacionado con los Juegos como antorchas, medallas, y demás objetos.
Para todas las edades
También en la región de las Adirondacks, más precisamente en Peaceful Valley Road, en North Creek, se encuentra Gore Mountain. Con 84 pistas y nueve medios de elevación ofrece esquí para todo público. Es ideal para quienes ya han plantado sus esquís en la nieve en alguna ocasión, pero todavía no disponen de la experiencia del esquiador avanzado. Por ello, cuenta inclusive con una escuela de esquí y snowboard, que tiene alrededor de 200 instructores.
Con motivo del 75 aniversario, esta estación de esquí sumó una nueva pista que se llama Burnt Ridge Mountain que ofrece un descenso que se encuentra entre los 10 primeros del país con un desnivel esquiable de 436 metros. Para quien quiera aprovecharla de antemano, ofrece actividades de otoño como el descenso en bicicleta que se realiza en Northwoods Gondola, desde 1.700 metros. Cuesta alrededor de 30 dólares el pase para todo el día y se pueden tomar clases por 59 dólares el 12 y 26 de setiembre.
A sólo dos horas de Manhattan, en la región de Catskill, se encuentra Hunter Mountain. Tiene 55 pistas, y además de esquí se puede practicar snowboard, patinar o deslizarse con trineos.
Allí Con más de 1.100 cañones de nieve artificial, es el centro más rápido del mundo en devolver la calidad necesaria a sus 55 pistas en días cálidos o de lluvias.
Después de pasar todo el día esquiando, qué mejor que una horas en su «Luxury Spa», o spa de lujo para rejuvenecer el espíritu. Los productos que se usan allí están elaborados a base de la flora de la zona. Los tratamientos incluyen masajes, faciales, corporales, manicura, pedicura, y tratamientos masculinos, entre otros.
Belleayre es otro de los parques de la región de Catskill.
Está ubicado en Highmount y abier-to todo el año. Ofrece 47 pistas de esquí y posibilidades para todas las edades. Cuenta con un lago para bañarse, pescar, navegar o simplemente disfrutar de las playas de arena blanca. También se puede practicar el senderismo en Catskill. Los fines de semana se pone en funcionamiento el teleférico para dejarse cautivar por los copiosos paisajes verdes.



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