23 de abril 2013 - 00:00

En soledad, De Vido cuestionó el 18A ante un silencio K general

Lo tenía masticado y lo soltó. Casi fuera de contexto, Julio De Vido se convirtió ayer en el primer ministro -en rigor, el primer dirigente K con entidad- en hablar del 18A y lo hizo, según la traducción de la Casa Rosada, "a lo Néstor".

"Los trabajadores, los jubilados y los pensionados gastan en la economía local, no vienen a tocar la cacerola acá para ir a Miami" dijo el ministro de Planificación durante un acto junto al gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, y un grupo de intendentes de esa provincia.

Usó una tarima que él mismo construyó: el año pasado, luego de una avanzada que le quitó Transporte -que fue a parar a manos de Florencio Randazzo- y una ristra de áreas que durante años estuvieron bajo su órbita y fueron copadas por La Cámpora, De Vido le planteó a Cristina de Kirchner un plan de "obras de infraestructura" primarias orientada directamente a los municipios.

Como parte de ese proceso, De Vido reveló un perfil inédito: se convirtió en el vocero furibundo para cuestionar a Mauricio Macri o a Daniel Scioli o, como ayer, hablar sobre cuestiones que como método, la Casa Rosada no quiere mencionar.

Pero ese comportamiento no tiene un único destinatario: cerca de De Vido suelen cuestionar, como ocurre en otros sectores del kirchnerismo, que el despliegue protagónico de La Cámpora, vía Axel Kicillof o por la expansión de Eduardo "Wado" De Pedro, no tiene una contraparte de exposición pública.

El reproche es más sistémico porque refiere a que el kirchnerismo se quedó sin voceros que espadeen contra la multiplicidad de voces opositoras. "Julio ya no se calla nada. Dice lo que piensa", contó un colaborador del ministro.

Exponente de la vieja guardia K, De Vido encarna a un sector amplio del kirchnerismo que quedó sometido a una doble identidad: los funcionarios que tienen como segundos a dirigentes de La Cámpora, deben responder por las iniciativas de estos y también pagar por sus errores.

Julio Alak, por caso, tuvo que defender el proyecto de Reforma Judicial cuya redacción última estuvo a cargo de Julián Alvarez. La apertura de ese debate solo fue posible por la influencia del CELS dentro del Gobierno lo que, a su vez, generó un malestar lateral: diputados y senadores con objeciones respecto de los proyectos que no pudieron, siquiera, plantear sus disidencias vieron como, aunque haya sido sin cambios sustanciales, el paquete se abrió tras la queja del CELS.

Aun golpeado, De Vido aparece como la voz de esas voces ausentes.

Desde ese lugar, por caso, se convirtió en el soporte interno de Pablo Bruera, el intendente de La Plata, ametrallado por su desempeño durante la tragedia que dejó más de 50 muertos. Fue el primero en tender una maya de contención en torno del alcalde que, recién después, consolidaron Juan Manuel Abal Medina y Florencio Randazzo cuando lo recibieron la semana pasada, en Casa Rosada, durante un encuentro del que también participó Daniel Scioli.

Tuvo, claro, un componente de autodefensa: la crítica sobre la falta de obras podría, llegado el caso, alcanzarlo con algo más que un coletazo.

Dejá tu comentario