En un escenario incierto, se activan los arrendamientos

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Con un atraso de 2-3 meses, y un recorte en los valores que oscila, promedio, entre un 15% y un 30%, finalmente está arrancando el mercado de arrendamientos de campos para la campaña 09/10. Pero la baja en los precios y el poco entusiasmo no serán, probablemente, la única novedad, ya que las primeras señales sobre los nuevos negocios están indicando que los acuerdos serán «muy conversados», al punto, casi, de que cada campo va a ser un caso particular.

Entre los principales factores bajistas aparecen desde la falta de liquidez por los u$s 15.000/18.000 millones menos que se están recibiendo por la última cosecha (especialmente por el menor volumen recolectado), hasta la seca que no permite sembrar y se prolonga ya por más de 20 meses en buena parte del pleno corazón agrícola de la Pampa Húmeda, pasando por la falta de expectativas que predominó hasta ahora en la mayoría de las actividades y que, en el caso del trigo, arroja una intención de siembra entre las menores en más de 100 años, con 2,5/2,8 millones de hectáreas.

En todo caso, «seca sobre seca»: de plata y, hasta ahora, de lluvias.

Sin embargo, el hecho de que ya pasaran los comicios y, especialmente, los resultados obtenidos dieron pie a que, finalmente, el mercado saliera de la inmovilidad absoluta que traía, para «arrancar», aunque sea con las consultas. Por supuesto, ya no hay expectativas para que se revierta la nueva caída de área que se espera en el trigo.

«La gruesa»

La apuesta, ahora, se corre entonces hacia «la gruesa» y las especulaciones pasan por ver cual será, finalmente, el porcentaje de avance en la «sojización» ya que el girasol, y más especialmente el maíz, difícilmente puedan competir con los comparativamente bajos costos de implantación de la oleaginosa. La excepción, claro está, sería que el Gobierno adoptara inmediatas medidas de aliento o, al menos, de descompresión para esos cultivos o que se registrara algún tipo de avance en el Congreso en esa línea.

Pero hasta ver que tal cosa ocurra, el sector continuará girando básicamente alrededor del «yuyo» y, como los tiempos productivos de este cultivo son los que se extienden más, incluso hasta diciembre o enero, entonces se espera que también el mercado de arrendamientos se mueva con bastante lentitud, dada la holgura. Está claro, además, que sólo recién cuando llueva regularmente este mercado se va a transparentar, y dependerá de cuándo ocurra eso cuál va a ser la expectativa productiva de cada cultivo y, por ende, las posibilidades de arrendamiento de las distintas zonas.

Aun así, ya se perfilan algunas tendencias que, si no median cambios importantes, se van a ir consolidando:

  • Los valores son sensiblemente menores que el año pasado. «Entre un 15% y un 30% para los campos buenos y los regulares, respectivamente; con una media de 14-15 quintales de soja por hectárea. En las mejores zonas puede aparecer algún caso aislado de 18 quintales, y la mayor parte fluctúa entre 10 y 11 quintales cuando se sale del corazón sojero», reconoce Rolo Freers de Bresur. A su vez, para el analista Gustavo Oliverio la baja responde más a la falta de liquidez del sector que a los resultados económicos de la producción ya que, «el negocio no es malo. La ecuación económica es mejor que hace meses, pero ahora hay que sumar el riesgo crediticio y, finalmente, el negocio es para el que financia».

  • Los tomadores de campos quieren pagar parte a cosecha, lo que aparece más factible fuera de las zonas núcleo.

  • Crece, nuevamente, la modalidad «a porcentaje», pero no en las mejores zonas. En estos casos, también se habla de sistemas «mixtos», con una parte en efectivo y otra a porcentaje; o con un básico y un porcentaje por encima de determinados rendimientos.

  • Hay algunos grandes pools que se achican a partir de las fuertes pérdidas que registraron en la última campaña (algunos llegaron a pagar hasta u$s 400 por hectárea en zonas casi marginales para la agricultura como Las Flores). De éstos, alguno, incluso, está cambiando de zona a causa de las deudas pendientes.

  • Aunque otros pools medianos o chicos manifiestan cierta tendencia a crecer, igual se estima que el área total de siembra va a caer, a «no más de 28-29 millones de hectáreas», lo que implicaría un retroceso de 2-3 millones respecto de hace un par de años, según consignó Oliverio.

  • Por debajo de determinados valores (por ejemplo, 10 quintales en zonas no centrales), los dueños de los campos no están dispuestos a arrendar, y volverían a hacer su propia agricultura. Sin embargo, en más de un caso ya no cuentan con la infraestructura y, menos aún, con el capital para encararlo.

  • La falta de movimiento del sector está impulsando a algunos proveedores de insumos y a acopiadores a plantear distintas formas de acuerdo para poder mover, y asegurar, la mercadería. En estos casos, la negociación pasa por la tasa implícita de interés, que se está planteando en un 1,5%-2% mensual (en dólares). Otra forma es el canje por granos tomando el precio de hoy, por supuesto que calzándolo en el mercado de futuros.

  • Los arrendamientos de campos ganaderos casi no se mueven. Por un lado, por las bajas expectativas, y mucho menos renta, que presenta la actividad, básicamente la cría, a lo que se suma que casi no hay campos por la prolongada sequía en las principales zonas productoras (norte de Santa Fe, Corrientes, Chaco, etc.). A su vez, porque los campos de invernada ya se pasaron a agricultura y adoptaron el sistema de «encierro» para la hacienda. Las pocas operaciones de arriendo o pastaje que se conocen, se renegociaron a la baja en kilos de carne.


  • Hay bancos, básicamente privados, que tienen fondos para prestar para la actividad, pero también estaban a la espera, y monitoreando cómo se «armaba» el mercado.
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