2 de febrero 2009 - 00:00

Enero: singular comienzo y cada cual mantuvo su juego

Con la asunción de Obama en Estados Unidos, el primer paso de 2009 contuvo tal hecho como el de mayor relevancia. Tanto por la esperanza acumulada, como por ver si las primeras medidas resultarían certeras y creíbles, por la gente y por los mercados en sí. Baste decir que en el propio día del juramento presidencial, el marco de los índices bursátiles lució como devastador y algo más: desagradable.
En el Merval, el día 20 quedó como la rueda de mayor pérdida con el 5,75%, y esto sólo, condenó a la tercera semana a un signo negativo del 2,86%. Lo peor radicó así en las dos etapas centrales, con segunda semana- cayendo casi un 7% el indicador líder local. Y en los dos extremos de enero, se condensó el signo a favor, con un buen 3,17% -alentador- en el arranque del año y un pálido final, de casi el 1% tan sólo. Más allá de un Merval que quedó casi neutro absoluto, con el 0,23% de rebaja sobre finales de 2008, lo más impactante llegó al momento de los cotejos habituales. Como si se hubiera corrido la voz de un: «¡sálvese quién pueda!», la trilogía del Dow Jones, con Bovespa y Merval resultó totalmente deshilvanada. El índice del NYSE tuvo un desplome a pique, que llegó al 8,6%, nada menos. El Merval, lo dicho, casi sin variar. Y el Bovespa dando el batacazo, sumando un 4,66% favorable. Y por aquí, lo que ya se viera, el culminar con negocios de apenas $ 18 millones de efectivo. Con promedio mensual en los $ 32 millones solamente.
En «1.044» y «1.214», los puntos extremos del índice mayor. Y un mes pasado en blanco, desoyendo la estadística de los «eneros buenos». Sabor a nada. La Bolsa, lavada.

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