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Enfurece a Italia fallo que ordena quitar crucifijos de las escuelas
El aspecto de las aulas de las escuelas públicas italianas cambiará en tres meses si no es aceptada la apelación del Gobierno al fallo que condena la colocación de crucifijos. Ayer quedó en entredicho una costumbre impuesta por ley por el fascismo en los años 20.
Según el alto tribunal europeo, la colocación de crucifijos en las aulas de las escuelas italianas es contraria al derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones religiosas y al derecho de los niños a la libertad de religión.
Los jueces de la corte de Estrasburgo estimaron que la cruz puede ser interpretada fácilmente por los alumnos de cualquier edad como un símbolo religioso, lo que puede perturbar a los estudiantes de otras religiones o a los ateos.
La decisión, que tendrá que ser aplicada en tres meses en caso de que la apelación anticipada por Italia no sea aceptada, fue rechazada tajantemente por la jerarquía de la Iglesia.
El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, señaló que «la sentencia de la Corte Europea fue recibida en el Vaticano con estupor y pesar».
«Suscita amargura y no poca perplejidad», indicó, por su parte, en un comunicado la Conferencia Episcopal Italiana, que reprochó «la visión parcial e ideológica» de los magistrados y los acusó de ignorar el significado del crucifijo, «que es un símbolo no sólo religioso sino también cultural».
La Iglesia batalla desde hace varios años contra el laicismo que domina en Europa y en varias ocasiones el papa Benedicto XVI, así como su predecesor Juan Pablo II, han pedido a las autoridades nacionales y continentales que defiendan los valores cristianos del viejo continente.
Reclamo papal
El mismo Benedicto XVI reclamó en 2005 el mantenimiento de los crucifijos en los lugares públicos, mientras un verdadero escándalo se desató en Italia en 2003, cuando un padre convertido al islam, Abdel Smith, obtuvo por parte de un tribunal el derecho de retirar la cruz de la escuela de su hijo. La decisión fue luego revocada y no se aplicó.
En tanto, el Gobierno de Berlusconi atacó a la Corte por estar «impregnada de ideología», una secuela de sus habituales ataques a la Justicia italiana, a la que acusa de izquierdista.
«La presencia de crucifijos en las aulas no significa una adhesión al catolicismo, sino que representa nuestra tradición», afirmó la ministra de Educación, Mariastella Gelmini. «Nadie, aun menos una corte europea impregnada de ideología, logrará arrancarnos nuestra identidad. Nuestra Constitución reconoce justamente el valor de la religión católica para nuestra sociedad», agregó.
Otros miembros del Gobierno se refirieron al fallo con calificativos como «vergonzoso», «ofensivo», «absurdo», «inaceptable» y hasta «pagano».
Italia estableció por ley en la década de 1920, bajo el fascismo, que las escuelas debían tener crucifijo. La norma no se aplica de modo estricto desde 1984, cuando el catolicismo dejó de ser la religión oficial de Estado, pero el debate sigue abierto, sobre todo en momentos en que la derecha política denuncia una dilución de la identidad nacional a causa de la masiva inmigración musulmana.
Reacción
«La decisión de la Corte tiene como objeto anular nuestras raíces cristianas. Quieren crear una Europa sin identidad ni tradiciones», reaccionó, por su parte, Alessandra Mussolini, nieta del dictador y actual parlamentaria de derecha.
La condena a la decisión judicial no hizo distinciones partidarias. Paola Binetti, una católica del centroizquierdista Partido Democrático, el principal de la oposición y sucesor del que alguna vez fue el mayor Partido Comunista de Occidente, comentó: «En Italia, el crucifijo es una especie de signo de nuestra tradición».
No en vano el nuevo líder de la formación, Pier Luigi Bersani, eligió la prudencia y calificó la presencia del crucifijo en las aulas como «una tradición inofensiva». Dio así un claro indicio de que de ningún modo quiere enfrentarse por el momento con la Iglesia.
Los únicos que aprobaron la decisión de la corte europea fueron los dirigentes de los dos partidos comunistas, que aplaudieron una sentencia que confirma el laicismo del Estado y de la escuela.
El caso fue presentado por una ciudadana italiana, Soile Lautsi, que se quejó de que sus hijos tuvieron que asistir a una escuela pública en el norte de Italia que tenía crucifijos en todos sus salones.
Contra la posición oficial, la mujer, que además logró una indemnización de 5.000 euros, argumentó que los crucifijos iban en contra de su derecho a dar a sus hijos una educación secular, postura avalada por los jueces en Estrasburgo.
Agencias AFP, Reuters, EFE y ANSA


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