10 de enero 2018 - 00:00

Enojo de Moyano en acto propio frustró tregua con Gobierno

El camionero, que cumplía años, dedicó su discurso a minimizar la ausencia de Mauricio Macri y a responder al periodismo. Triaca lo escuchó y apenas retrucó las chicanas. Pacificación en suspenso.

Chicanero. Al inaugurar un sanatorio de su sindicato, Hugo Moyano aprovechó la presencia del ministro de Trabajo Jorge Triaca para enviar mensajes al Gobierno nacional tendientes a mostrar que la tregua no está sellada.
Chicanero. Al inaugurar un sanatorio de su sindicato, Hugo Moyano aprovechó la presencia del ministro de Trabajo Jorge Triaca para enviar mensajes al Gobierno nacional tendientes a mostrar que la tregua no está sellada.
El acto estaba programado para ser mojón de una tregua entre el Gobierno y el sindicalismo tradicional pero no conformó a nadie. La inauguración del sanatorio Antártida, del sindicato de los Camioneros, reunió en público a Hugo Moyano con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, pero no alcanzó para despejar la desconfianza mutua, expuesta en discursos con chicanas y pases de factura. Apenas llevó alivio por la ausencia planificada de Pablo Moyano, el hijo mayor y número dos de Hugo en el gremio, por tratarse de uno de los dirigentes considerados más hostiles por el Gobierno y poco confiables para acuerdos de largo plazo.

"Al Presidente (Mauricio Macri) no le sumaba nada estar acá, y a nosotros tampoco", fue la primera frase fuerte que lanzó Moyano para el discurso con el que dio por virtualmente inaugurado (en teoría debería abrir sus puertas en pocos días, tras más de una década de trabajos) el establecimiento sanitario de alta complejidad, y con más de 300 camas. El dirigente respondió a notas periodísticas que daban cuenta de un intento infructuoso por convocar al mandatario, que continúa de vacaciones en Mendoza: "me dijeron que tenía un montón de cosas para hacer y por eso no fue invitado", alegó.

Lo escuchaba Triaca, que acudió en representación del Gobierno nacional junto al superintendente de Salud, Sandro Taricco, en tanto que también participó el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli. La presencia del ministro nacional, que confirmó ayer este diario, había estado en duda hasta último momento: se trataba de una decisión estratégica para un Ejecutivo que, por un lado, había capitalizado la detención del sindicalista Marcelo Balcedo y la había situado como parte de su política de transparentar el sector, y por otro intentaba recomponer el vínculo con la dirigencia histórica en vista del inicio anticipado de una ronda de paritarias que se prevé conflictiva.

Moyano, que también festejaba su cumpleaños 74, pareció salir a la defensiva por las repercusiones del caso Balcedo. Habló de la "administración responsable" de los recursos de los afiliados a los gremios y añadió: "no somos todos malos. Hay malos, buenos y regulares. Lo que diga el periodismo no me daña. Me interesa lo que digan los afiliados".

Triaca, por su parte, se mostró más diplomático y eludió la confrontación que pareció proponerle el camionero. Sólo felicitó a Moyano y también a su esposa, Liliana Zulet (mencionada por su marido en el discurso, en lo que se interpretó como una suerte de desagravio frente a notas periodísticas lacerantes) pero instó a "seguir con esta conducta de llevar oportunidades a los argentinos".

Moyano tuvo un modesto respaldo de sus pares de la CGT. Participaron del acto sus leales y un puñado de dirigentes de peso como Carlos Acuña (triunviro de la central y representante de Luis Barrionuevo en la conducción), José Luis Lingeri (del sector de los "independientes" en general oficialistas), Omar Maturano (de los maquinistas de La Fraternidad) y Oscar Mangone, referente de las 62 Organizaciones y una suerte de canciller a cargo de la tarea de articular entre sectores enfrentados en la interna gremial.

También estuvieron Juan Miguel García (estacioneros del interior), Carlos Frigerio (cerveceros) y José Ibarra (conductores de taxis), entre otros.

Mariano Martín

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