Entusiasmó a Berlín el film de un argentino

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Berlín-La Berlinale recibió ayer con mucho entusiasmo la coproducción uruguayo-argentina «Gigante», de Adrián Biniez, un cineasta argentino que vive en Montevideo.
Fue uno de los pocos momentos de verdadera emoción que tuvo hasta el momento esta 59a. edicion del festival, que funciona como un reloj, ilustrando el estereotipo germano del orden y la eficiencia.
Al Berlinale Palast llegan las estrellas, no siempre del mayor voltaje. Han venido Ralph Fiennes y Kate Winslet, para presentar «The Reader», sobre el impacto de la maldad nazi, la culpa y la vergüenza históricas; Clive Donner y Naomi Watts, protagonistas del thriller político paranoico que abrió la muestra: «The International», sobre banqueros corrompidos; y Gael García Bernal, personaje central del decepcionante film sueco «Mamut», quien se expresó elocuentemente en inglés sobre las conexiones entre su personaje y la realidad de ser padre. Dirigido por Lukas Moodysson, además de Gael García Bernal, actúa la estadounidense Michelle Williams.
El programa de la competencia es ecléctico, y ya se han visto películas de méritos considerables, aunque la crítica se divida mas de una vez según ideologías y gustos generacionales. La mezcla inesperada de realismo obrero y fantasía ofrecida por el francés Francois Ozon en «Ricky», sobre un bebé al que le crecen alas, recibió comentarios encontrados. Lo mismo ocurrió con «In the Electric Mist», donde Bertrand Tavernier dirige un thriller sobrenatural con Tommy Lee Jones, un detective de Louisiana post-Katrina que conversa con un fantasma de la guerra civil para solucionar crímenes y encontrarle sentido a la vida. El amor del realizador frances por la cultura popular norteamericana transforma los clichés del género en un verdadero «noir» existencial.
Como ya adelantó este diario, la presencia argentina no es contundente- salvo en el mercado paralelo al festival, donde el INCAA despliega su artillería promocional.
En competencia está «Gigante», una producción uruguaya en cooproducción con Argentina, más capitales holandeses y alemanes, escrita y dirigida por Adrián Biniez, y terminada «con la lengua afuera» para llegar al festival, según contó su productor Fernando Epstein (de la productoro uruguaya Control Z Films). En tono de comedia, describe con humor y humanidad la creciente obsesión de un guarda de supermercado por una empleada, a la que sólo conoce a través de las cámaras de seguridad. Enraizada en la cotidianidad de Montevideo, la película observa con agudeza un personaje y su entorno, un manso rockero «heavy metal» que termina por explotar cuando despiden a la muchacha de sus sueños. La escena final en la playa es de una gran finura visual y sonora.
«El niño pez», segundo largometraje de Lucia Puenzo después de la premiada «XXY», abrió la sección Panorama. Esta coproducción argentino-francesa afianza en el circuito internacional de festivales la figura de esta realizadora treintañera. A diferencia de Lucrecia Martel y Albertina Carri, también figuras reconocidas en el ambiente del cine de autor, Puenzo muestra decididas ambiciones de llegar al gran público, y no sin talento ilustra cinematográficamente una novela que escribió a los 23 años. De ahí posiblemente las limitaciones de este melodrama homoerótico, con la historia lésbica de una joven mucama paraguaya y la hija de sus patrones de San Isidro se reduce a imágenes de cuerpos núbiles o a secuencias de realismo mágico alternadas con miserabilismo social. La denuncia política se declama sin explorar, y la social queda eliminada al plantear el parricidio y el incesto sin consecuencias dramáticas o morales. Puenzo sabe manejar la cámara y el montaje, pero le falta garra y madurez narrativa a su historia.
El nutrido programa de esta Berlinale se completa este año con una muestra dedicada a recordar los veinte años de la caída del Muro de Berlín, que comentaremos en próxima nota..

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