21 de mayo 2015 - 00:00

Escenas de la campaña K televisada

 Florencio Randazzo no dijo -no quiso decir-, aunque quizá lo traicionó su otro yo, el fantasma Scioli en torno de quien orbita en este tiempo, que el proyecto quedaba "manco" si ganaba Scioli. Eligió mal la metáfora ante un auditorio que, burdo al extremo, lo decodificó como chiste y rió con ganas. Randazzo, víctima de esa atmósfera ajena -hombre de acción, nestorista al fin, no se siente cómodo con esos clanes- terminó autofestejándose.

Si en la frase del "proyecto manco" no hubo malicia, sí la hubo en su stand up anti-Scioli sobre el diálogo y el consenso, que fue celebrado por los integrantes de Carta Abierta. Bien mirado, resultó tan pueril como la puerilidad que la tribu que ordenan Ricardo Forster y Eduardo Jozami -no estuvo Horacio González, enfermo- le imputa a Scioli.

A Randazzo, en busca del voto ultra-K, le bastaba el título de que fue a Carta Abierta, dimensión minúscula que otorga certificados (de validez relativa) de pureza K no peronista. Pero el video de su exposición, sus gaffes intencionales y casuales, resultaron perjudiciales. También para los carteros: Jozami dijo días después que no invitarían a Scioli a Carta Abierta, pero ayer Forster se vio obligado a decir que convocarán al gobernador a un "diálogo franco". Encima, en la campaña televisada K, que aún no tomó volumen ni velocidad, apareció Karina Rabolini, la principal vocera del candidato, y protagonizó una reacción de alta factura: lagrimeó y se mostró dolida, luego de sorprenderse por lo que le contó Alejandro Fantino. En el negocio de la sospecha, la acusaron de fingir, como si no tuviese, llegado el caso, derecho a sentirse ofendida.

Randazzo tuvo que salir a explicarse. Dijo que cuando habló del "proyecto manco" no se refirió a Scioli y se disculpó si alguien resultó herido. Pero adornó su perdón con el principal reproche al gobernador: la "impunidad mediática" con la que, afirma, se beneficia Scioli.

Hábil en el juego mediático, Scioli instauró hace años un sistema de contraofensiva: rara vez responde a las críticas, pero cuando lo hace, nunca es en primera persona sino que lo terceriza. ¿Quién mejor que Rabolini, su esposa, la que lo acompañó tras la amputación, para shockearse delante de las cámaras por la parrafada inconveniente de Randazzo, casi un inexperto en el rubro? Scioli, a su vez, perfeccionó fisic du rol de la víctima que puede, un día, campeonar.

Randazzo no puede más que confrontar para hacerse visible y mostrarse competitivo. Scioli, en general, crece cuando más lo castigan. El affaire Carta Abierta fue el segundo round de la interna K, pero faltan 30 días para el cierre de listas y 80 para la primaria de agosto, aunque Scioli ya dijo mucho y Randazzo casi no dijo nada.

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